La desobediencia civil
El pasado 30 de junio el candidato perdedor Iván Cepeda declaró, que acudirá a la desobediencia civil si el presidente electo no cumple con sus exigencias. Entre ellas están los cuestionamientos sobre su ciudadanía estadounidense, como también la persecución al presidente Petro y su intención de extraditarlo. “Si estas condiciones no se cumplen, como líder de la oposición no me prestaré a la violación de nuestra soberanía y llamaré a la desobediencia civil que implica no reconocer la autoridad de quien no responde a la defensa de la soberanía nacional”. ¿Quién es Cepeda para condicionar el reconocimiento del presidente electo? Si bien Cepeda como candidato perdedor adquiere por ese solo hecho una curul por los cuatro años siguientes como Senador de la República, en manera alguna es investido de la facultad constitucional de veto, para reconocer o no a quien lo derrotó. Si lo hace, es simplemente una acción a título personal que en nada modifica la elección de quien la autoridad electoral declaró como presidente electo. ¿Qué significa entonces la desobediencia civil invocada por Cepeda? Eufemísticamente es un atentado antidemocrático, consistente en desconocer los resultados de las urnas como pretexto, para trasladar la confrontación a las calles y promover bloqueos y terrorismo urbano, accionado por las primeras líneas que no son más que desadaptados patrocinados y protegidos por Petro en el estallido social del 2021, a la par con los milicianos de las disidencias de la “paz total”. El mensaje del presidente electo en campaña y reiterado a la saciedad con su credencial de nuevo mandatario, es el que aplicará con rigor la Constitución y las Leyes de la República ante hechos de alteración del orden público. El Gobierno corrupto y criminal que pactó con la delincuencia, ordenándole a las Fuerzas Armadas no proceder contra los violentos, termina el 7 de agosto, una vez se juramente el presidente elegido, no por una diferencia de 250 mil votos, sino por unas mayorías cercanas a los 5 o 6 millones de votos, de no haber mediado la compra descomunal utilizando el presupuesto nacional, dispuesto para ese criminal fin, a más del voto fusil, cuyos cañones apuntaron sobre la indefensa población de la periferia colombiana, la que Petro le entregó al Clan del Golfo, al ELN, disidencias de las FARC, y demás grupos armados del país. Lo que viviremos a partir de este histórico 7 de agosto, no será otra cosa que el enderezamiento y reacomodo de un país violentado y llevado a una criminal desinstitucionalización, siguiendo las directrices del Foro de Säo Paulo, conferencia regional de partidos de izquierda, centro izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe, convocada por Luiz Inácio Lula da Silva y Fidel Castro en esa población brasileña en 1990. Gracias a la sensatez y a la cordura de un pueblo como el nuestro, respetuoso de la institucionalidad y amante de regímenes democráticos, nos aprestamos, alegres y confiados, a escribir con grandeza una nueva página en la historia, a partir del 7 de agosto. Sin duda alguna, es el mayor homenaje que podemos tributarle a una de las más grandes conquistas jurídicas como es la Constitución de 1991, en sus 35 años de existencia. Como reza el dicho popular: “No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”.
FIRMES POR LA PATRIA.