¿Cuál derrota?
Transcribo dos trinos muy elocuentes desprendidos del nombramiento del nuevo presidente del Senado. Uno: “PRIMERA DERROTA DE DE LA EXPRIELLA”, así, con mayúsculas sostenidas, en la cuenta X de Iván Cepeda. Dos: “La intensidad de llamadas del ministro @Rodrigo_Lara a los congresistas, a quienes llegará, ¿a los nunca o a los de siempre?”, en la cuenta oficial del Centro Democrático. ¿Cuál es la diferencia entre ellos? ¡Ninguna! Ambos son mezquinos, oportunistas, bajos, insultantes, exultantes y soberbios. Ambos son proferidos por mentes llenas de odio, venganza, resquemor y envidia. Y ambos son contentivos de la intención de enrostrar una derrota, construida entre supuestos enemigos y con absoluta falta de vergüenza.
Pero, ¿derrota para quién? El escenario que Abelardo destapó al negarse a transigir y negociar, es uno donde el chantaje, el cohecho y el manejo oscuro de intereses son la constante, y el pueblo solo lo tenía de referencia sin evidencia alguna. Hoy, después de ese espectáculo deplorable, público y descarado quedó la constancia y, así los partidos mayoritarios traten de negarlo, ya están expuestos a la sanción social. Sanción que se expresará en las urnas el próximo año y que terminará afectando directamente a quienes hoy ostentan las mayorías: al Centro democrático, porque su discurso de pulcritud quedó derrumbado, ante los abrazos de júbilo con los mayores enemigos de Colombia. Y al Pacto Histórico, porque a pesar de que la decencia no es su característica, la ausencia de un presidente que acolite la corrupción y el narcotráfico acabará con sus electores. ¡Pobres!
Abelardo, sin posesionarse aún, le mostró al país cómo es realmente el funcionamiento del Congreso. Develó que esos seres que se muestran enemigos ante el pueblo y que engendran odios, rencores y enemistades entre sus huestes, carecen por completo de escrúpulos y están dispuestos a cohabitar promiscuamente, con tal de no perder su poder. Dejó al descubierto las facetas más deplorables de algunos congresistas, como son la falsedad, la traición y la felonía, predominantes a la hora de defender sus intereses personales. Les quitó las máscaras y mostró ante el país los verdaderos rostros de quienes posaban de impolutos y defensores de la Patria, pero terminaron alimentándose de la misma carroña que sus supuestos contradictores. Y, al mismo tiempo, mostró la cara de quienes decían tener 6402 razones para odiar a sus enemigos y resultaron alimentándolos con sus votos. Abelardo demostró que sus principios están por encima de la victoria pírrica del uribismo, construida de la mano del Pacto Histórico y sus focas gruñentes. Demostró que algunos políticos aparentemente antagónicos son, al final del día, de la misma ralea.
Entonces, ¿cuál fue la derrota, si lo importante no era la presidencia del Congreso, sino el mensaje que mandaran las dos fuerzas políticas mayoritarias, y el resultado fue el repudio absoluto del país?
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Me niego a creer que Álvaro Uribe esté aliado con los promotores del terrorismo en Colombia para evitar el nacimiento de Defensores de la Patria. Sería el peor colofón de su carrera política, ahora que empieza la Patria Milagro.