24 de julio de 2026

Primero, lo primero

3 de diciembre de 2025
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
3 de diciembre de 2025
La delincuencia se tomó  el campo, las ciudades y los pueblos de Colombia. No es que los medios de comunicación sean amarillistas y que los noticieros sean sangrientos. No. Es que el paisaje del país de la belleza es teñido de rojo y de negro, qué son los colores de la violencia: la sangre y el luto. Colores de la bandera bolivariana de «patria o muerte», enarbolada por Bolívar en 1813 y que hoy se ve por ahí traída a ésta época de paz total, en un evidente anacronismo confrontativo.
La guerra es la causa de la muerte y del luto. El panorama de ahora, es tétrico, por decir lo menos. La violencia subversiva  mutó en bandidaje. No hay banderas subversivas ni revolucionarias. Los acuerdos para terminar el conflicto armado que se esgrimía para refundar el Estado o para reemplazar sus instituciones por un nuevo ordenamiento económico y social, dieron fin a la lucha ideológica. La desmovilización de ejércitos paramilitares, 35.000 alzados en armas y encausados bajo la ley de justicia y paz, con extradición de reconocidos cabecillas, y la salida de catorce mil combatientes y armas del inveterado enfrentamiento con las Farc y el juzgamiento de sus cabecillas  por la jurisdicción especial para la paz, fruto de los acuerdos de La Habana,  convirtieron a los combatientes de ahora, en cuadrillas de terroristas y narcotraficantes. Que hoy en día azotan  regiones del país, como dueños y señores territoriales.
 Con éstas organizaciones, se han querido adelantar conversaciones que permitan su entrega y sometimiento a la justicia. El ensayo, aparece fallido. No es oposición gratuita ni mucho menos apetitos golpistas contra la autoridad establecida, reconocer esta verdad golpeante y comprobable. El retrato de Luis Felipe Henao en su columna de El Tiempo de Bogotá, fechada el 1 de diciembre, no se me hace exagerado. Han configurado su poder, bajo la propuesta del gobierno de Gustavo Petro de la Paz Total y el control del llamado Estado Mayor Central, Catatumbo, Cauca, Nariño, Arauca, Chocó, el  sur del Valle, Caquetá, Putumayo y Guainía. Y del dominio del Clan del Golfo, Córdoba, Sucre, el norte de Antioquia y el Urabá.
 Pero faltan sombríos personajes en la foto. Henao Cardona los agrega: «Los colombianos del suroccidente viven bajo un régimen de facto. En las carreteras hacia el Cauca, Jamundí- Buenos Aires, Corinto-Miranda, Toribío-Caloto y la Panamericana, -a la altura de Mondomo- aparecen retenes de las disidencias que piden cédulas y celular, intimidan y disparan a quien no se detenga. Esto ya no sucede en montañas remotas: ocurre a menos de un hora de Cali.»
La existencia de estas bandas delincuenciales, es el mayor flagelo que nos agobia. Cuyas consecuencia es la inseguridad invasora. Los colombianos somos atrevidos. Desafiamos el peligro.  Los trancones en las carretera, durante la temporada de navidad y año nuevo, van a ser ostensibles. Parecería que estuviéramos curados de espantos y vacunados contra  predicciones catastrofistas.
 Se me ocurre, que mientras disfrutamos  de montañas y mesetas, ríos y cascadas, flora y fauna deslumbrantes y playas y manglares, meditemos sobre el inmediato futuro, y con brújula, tratemos de acertar en la escogencia de nuestros futuros legisladores y gobernantes, que prioricen la recuperación territorial  y la presencia del Estado. Sin que, desde luego, dejemos de exigir,  con toda vehemencia al gobierno actual, a sus Fuerzas Armadas, que nos garanticen  la expresión democrática electoral en todo el país, sin zonas vedadas y sin que el fusil en la sien, sea el que decida nuestro futuro como nación.