24 de julio de 2026

Variaciones alrededor de un mismo tema

10 de noviembre de 2025
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
10 de noviembre de 2025
Los cubrimientos de los medios de comunicación de nuestro país, que durante una semana o tal vez más, se dedicaron a desenmarañar los acontecimientos acaecidos hace cuarenta años en su capital y que en conjunto los han denominado como el holocausto del Palacio de Justicia, dan  la posibilidad de que cada quien  llegue a sus propias conclusiones. Una de las mías se refiere, puntualmente, a la actitud asumida por Belisario Betancur como Presidente y Jefe de las Fuerzas Armadas de Colombia, controvertida, controversial, analizada en procesos judiciales y políticos y en investigaciones  de varias Comisiones de la Verdad, sin que se le hubiera  deducido ninguna clase de responsabilidad ni por consiguiente sanción en su contra.
 Las que se conocen, son contra los militares que dirigieron las operaciones bélicas y algunas unidades de las tropas. Las responsabilidades de la dirigencia del M19 por los delitos cometidos- asesinatos, terrorismo, etc.- fueron extinguidas, como si nunca hubieran existido, merced a amnistías posteriores. Y las penas , si se hubieran decretado, individualizadas, fueron de igual manera extinguidas, mediante la aplicación de la figura del indulto. No hubo fallo que exigiera verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Las víctimas del M19 quedaron desprotegidas. El Estado, sí fue condenado por casos individuales de desapariciones y torturas. Las disposiciones de los legisladores y de los jueces, se pueden discutir y contradecir, pero hay que acatarlas. Yo así lo manifiesto de manera expresa.
Me impele a abordar el tema, la reproducción que hizo Eje 21 en su edición del 7 de noviembre, de un escrito de mi autoría, en relación con el fallecimiento de Belisario Betancur, el 7 de diciembre d 2018, en el cual reiteré mi militancia en el belisarismo electoral y mi profunda admiración por su vida y su obra. Pero sin alusión específica a su participación en los hechos del 6 y 7 de noviembre de 1985, que agobiaron su espíritu de demócrata, de convivente y de propulsor del entendimiento y el respeto entre sus compatriotas. Hoy, abordo mis recuerdos de esos aciagos días y cómo los viví paso a paso y ratifico mi concepción del «sentimiento trágico «de la existencia del personaje y de su capacidad moral para resistir a los ataques severos a su comportamiento como gobernante, de que fue objeto hasta los momentos finales de su existencia.
Durante las 28 horas que duró el asalto y la recuperación del edificio mayor de la justicia colombiana, estuve en vilo, pendiente de la radio y la televisión. Y a medida que se daban noticias y comunicados, crecía  la estupefacción por lo que sucedía. Cuando hacia la una de la tarde del día 6 se comenzó a conocer el motivo del M19 para adelantar el proceso de la toma y los fines que se buscaban, el asombro se tornó en indignación y en bizarro rechazo a la acción sediciosa. Que me invaden cada vez que el relato se expone. Como por éstos días.
Es que no es para menos. En el lenguaje melifluo y repetitivo que utilizan los guerrilleros de antes y de ahora, de confite envenado en papel de celofán, con alusiones a la patria, a Bolívar, a la justicia social, a la paz, pero la de ellos, le  comunicaron a los colombianos que su finalidad justiciera y popular era exigir la presencia física del Presidente de la República, Belisario Betancur, para adelantarle ante los Magistrados de la Corte de Justicia un proceso revolucionario en el cual sería acusado de incumplimiento de  compromisos pactado en conversaciones de paz y del cese al fuego violado en algunas regiones del país. Que atravesara el Parque de Bolívar, inerme, y se pusiera a disposición para enfrentar el juicio, ante unos Magistrados, despavoridos, que ya tenían los fusiles y las ametralladoras sobre sus pechos.
¡Qué desfachatez y que «genialidad» satánica la de Luis Otero y de los otros cuarenta y cuatro miembros de la cuadrilla del M19 que integraron el Comando Iván Marino Ospina, encargados de llevar a efecto la operación Antonio Nariño por los Derechos Humanos…!
 Los asaltantes, ya habían producido varias muertes al ingresar por los garages a la Corte y al Consejo de Estado.
«Entraron directamente a asesinar gente. No iban a ningún juicio pacífico, ni a realizar una obra llamativa o teatral. Entraron por la puerta del parqueadero de la carrera octava, y asesinaron sin ninguna necesidad a dos vigilantes de una empresa privada. También asesinaron al administrador del edificio, que estaba desarmado, y se fueron directamente a las oficinas a las oficinas donde estaban los magistrados de las salas Constitucional y Penal de la Corte.» Nilson Pinilla, miembro de la Comisión de la Verdad sobre los hechos del Palacio de Justicia, con Jorge Aníbal Gómez  y José Roberto Herrera, Comisión investigadora designada por  la Corte Suprema de Justicia, a instancia de los Magistrados Eduardo López Villegas  y Edgardo Villamil Portilla. Año 2010. Reportaje de Pinilla en El País de España. Noviembre 4 de 2025.
El Presidente Betancur, cuando conoció las pretensiones de los ya criminales y alzados en armas dio la orden perentoria de rescatar la sede magisterial. Nilson Pinilla , en el reportaje mencionado, nos aporta su versión. «Que hacía el Presidente Betancur? Respuesta: Lo entrevistamos para el informe y nos repitió lo que ya había dicho. Di la orden de restablecer la democracia, recuperando el Palacio pero respetando la vida de los rehenes…y de los guerrilleros.» Esta respuesta la mantuvo durante sus largas deposiciones  ante las más diversas instancias. Alguna vez le escuché, que fueron unas ochenta horas que empleó en atender a todos los requerimientos durante el resto de su vida, después del trágico noviembre, en las que también asumió su propia responsabilidad  en la toma de decisiones y en el resultado final del ignominioso baldón que enlutó para siempre la institucionalidad colombiana.
 «Esa inmensa responsabilidad la asumió el presidente de la República que, para bien o para mal suyo, estuvo tomando personalmente decisiones, dando las órdenes respectivas, teniendo el control absoluto de la situación, de manera que lo que se hizo para encontrar una salida  fue por cuenta suya y no por obra de otros factores que él puede y debe controlar. » Alocución presidencial de Belisario Betancur. Bogotá, noviembre 7 de 1985. Primeras horas de la noche.
Mi propia versión, que coincide en términos generales con lo anterior,  la edifiqué sobre múltiples lecturas en relación con éstas circunstancias, que para algunos significaron vacío de poder e incluso un golpe de estado de carácter transitorio a cargo de los altos mandos militares. En algunas de las respuestas a los severos  investigadores, Belisario Betancur matizó, con honestidad meridiana, que su ignorancia en asuntos militares era supina y que no tenía fundamentos para discutir sobre logística o sobre estrategias, armas a utilizar, ni mucho menos para pensar en la farsa de uniformarse y ponerse al frente de los dispositivos bélicos como jefe supremo de las fuerzas armadas.
 Comentó que lo que había aprendido es que las decisiones de los generales son de obligatorio cumplimiento por las tropas, cuya deliberación ni se piensa, ni se les pasa por sus acaloradas mentes, y sus acciones son de tracto sucesivo, es decir, que cuando comienzan solo se mira en los resultados y no en los medios. No se paran los combates para deliberar. Militarmente, son los resultados los que se buscan. Y quienes aciertan o se equivocan son los ejecutores de las órdenes.
Para terminar, reitero que mis opiniones son las de un ciudadano periodista, que acepta que  no hay el más mínimo asomo en sostener que la suya propia  es la verdad revelada. Ésta ondea, resplandece, con pruebas contundentes, en las sentencias de los jueces. No en su ideologización ni en pretender utilizarla en beneficio de vitandos intereses políticos. Ratifico, eso sí, que Belisario Betancur saldrá airoso como figura cimera, en el severo juicio de la historia nacional, si sus nuevos revisionistas quieren enfrentarlo.