Del abrazo al madrazo
Hace muchos años, en el grado de Capitán, estuve destacado en la policía de Barranquilla, por lo que, recién llegado a la ciudad, en cumplimiento de mis deberes oficiales de vigilancia, asistí a un partido de fútbol entre Millonarios y Junior en el antiguo estadio Romelio Martínez de esa ciudad. En algún momento del partido, escuché muy cerca de mí a un hincha del equipo local gritando a todo pulmón “¡Maten a ese cachaco hijueputa..!”, refiriéndose a alguna acción que involucraba a uno de los jugadores del conjunto bogotano visitante.
En el colmo de mi ingenuidad, me dirigí al sujeto y le increpé por su expresión soez y presunta grosería: “Señor, si no modera usted su lenguaje, tendré que expulsarlo del estadio…” Recuerdo su cara de asombro e incredulidad ante mi reclamo. Cuando continué con mi recorrido, descubrí la candidez de mi gesto, cuando escuché, prácticamente a todos los ocupantes del estadio, gritar consignas del mismo tono y de similar calibre. Finalmente logré entender que en algunos lugares de la costa el lenguaje es bastante explícito y permisivo y la connotación de su inventario de palabras gruesas no alcanzan la misma gravedad ni tienen igual significación que en otras regiones del país.
Ello explica, por ejemplo, el alcance de las palabras del maestro Rafael Escalona cuando en el sentido paseo vallenato “Jaime Molina”, recuerda a su amigo del alma, el pintor patillalero Jaime Molina Maestre, en la bella canción dedicada a su querido camarada fallecido.
“Cuando estaba bebiendo siempre me insultaba,
Con frases de cariño que él sabía decir…”
Algo muy distinto por cierto a la intención y sentido de los madrazos que muy generosamente repartió a discreción entre los policías presentes en un retén policial el “ilustre” concejal huilense Carlos Posada donde fue sorprendido conduciendo su vehículo en avanzado estado de embriaguez, en calzoncillos, en medias pero sin zapatos y con aliento aguardentoso, capaz de marchitar a su paso las plantas de los jardines de los alrededores, penoso incidente mencionado en la nota “El síndrome Zabaleta”, publicada en EJE21 el 01 de julio de 2018.
Y cómo pasar por alto el inolvidable espectáculo protagonizado el 2 de septiembre del año anterior por el Honorable Senador Alex Flórez en la entrada del hotel Caribe de Cartagena, cuando tambaleándose y sostenido por algún acompañante, en voz alta trató de cabrones, atracadores, violadores de derechos humanos y asesinos a los policías que acudieron a controlar sus excesos y mal comportamiento cuando en horas de la madrugada, los empleados del hotel impidieron el ingreso irregular al establecimiento de la damisela que lo acompañaba ocasionalmente en el remate de su jornada nocturna por la ciudad amurallada.
Pero como bien sabemos, la ocurrencia de este tipo de incidentes parece no dar tregua, ya que la última hazaña de esta naturaleza acaba de ser reeditada por un candidato aspirante a la alcaldía de Barranquilla, identificado como Hassan Fares Hachem del Partido Ecologista Colombiano, quien protagonizó su propio show preelectoral cuando su identificación personal fue requerida por los agentes de policía encargados de un rutinario retén policial de control de tránsito. Y como hoy, nada hay oculto en este mundo a los ojos del Señor ni de las cámaras de video hasta de los teléfonos celulares tipo “flecha” de especificaciones más “perratas”, todo el testimonio de su puesta en escena quedó para la posteridad y las redes sociales cuando a voz en cuello y visiblemente alterado, reclama la razón por la cual ha sido parado en tres ocasiones y sitios diferentes en el mismo día, tratándose, como en su caso, de una persona muy reconocida y apreciada por toda la policía de esa ciudad, institución con la cual ha sostenido desde hace muchos años cálidas y afectuosas relaciones, según testimonio dado en la mañana del 24 de septiembre a periodistas de una cadena nacional de radio que lo entrevistaron y cuestionaron su comportamiento en el penoso incidente.
Luego de insistir sin éxito en que se llamara de inmediato al General a cargo de la Policía Metropolitana de Barranquilla a su presencia y la insistencia del representante de la autoridad en que se identificara formalmente con los documentos legales solicitados, el candidato las emprende sin asco alguno contra los policías tratándolos de “malparidos” e “hijueputas”. Por un comportamiento tan indigno y canallesco de quien aspira a ser elegido como futuro “Jefe de Policía” de esa hermosa y acogedora ciudad, en cualquier otro país del mundo, este indigno candidato hubiera ido de cabeza a parar a un calabozo por su imperdonable ordinariez, irrespeto a la autoridad y mala crianza.
Veremos cuántos votos ganará o cuántos perderá el maleducado aspirante por el comportamiento esperado de un truhan, dueño de procacidades más propicias para altercados en cantinas de mala muerte y albañales que para el digno despacho de la primera autoridad de una ciudad tan destacada y digna como nuestra “Puerta de Oro de Colombia”. Y eso que el malhadado aspirante, aparentemente al menos, estaba en su sano juicio. ¿Se imaginan al mismo individuo, como alcalde elegido, en situación similar y con unos copetines encima? Barranquilla se merece una mejor opción.