Torpeza y escándalo
¿Heidi Vivian Polanía es transgresora de las normas que reivindica derechos para que la judicatura transite a la modernidad, o persona que con su comportamiento afecta la dignidad de la Justicia?
Polania es juez penal con función de control de garantías con jurisdicción en zonas de alta criminalidad, en el Catatumbo. No hay tacha a su desempeño intelectual cuando decide sobre la libertad de las personas. Genera sí polémica por desempeñarse como influenciador de un estilo de vida atlética, a través de su estética imagen, tatuada con 36 figuras, con hasta ciento cincuenta mil seguidores.
Su visibilidad la expuso a la veloz y amplia circulación en las redes sociales de un breve video, fragmento de una audiencia virtual y pública que ella preside, en donde aparece semi desnuda, en una cama, fumando, … en condiciones indignas a su investidura. ..… con notoria dificultad en la articulación de las palabras, según reza la providencia que la suspende del cargo.
Ya el proceso disciplinario hará juicios de ilícitud más estrictos sobre esta última actuación. Por lo pronto la acusación puede desvanecerse, reparando en detalle lo que se vió en el video. El desnudismo, la nota escandalosa, es la de una exposición no querida, fruto de la torpeza al encender la cámara inadvertidamente. Un hecho bochornoso sí, como lo sería la de una juez que con su toga bien puesta, en la sala de audiencias, se le enreda y deja al descubierto que no lleva ropa debajo.
En la providencia referida la semi desnudez que se le reclama, aparentemente, no es la que poco que se ve cuando está en la cama, que no es sitio para estar vestido, sino a evocación de la que ella difunde en la redes, y que defiende como expresión de su manera de ser, y la que nadie le va a quitar, advierte.
Lo reprochable de la actuación de la juez, no es lo que escasamente se ve de ella, sino no haber visto su rostro en la audiencia.
Se ha afirmado que el país dio recién, un paso enorme en sus procesos judiciales, al imponer la presencialidad virtual sobre la física. Cierto, un anuncio sin preparación. Los jueces fueron allí aventados. No hay norma que literalmente disponga que en audiencia se deba encender la cámara para que sea visible el rostro del juez, más si una que dispone que en ella debe llevar toga. Lo cual resulta inane si se opta por no encender la cámara.
A la juez se le acusa faltar al respeto a las partes que intervinieron por la audiencia por los instantes del equivocando encendido, cuando lo que realmente debería ser analizado como irrespetuoso es el acto, este sí deliberado, de ocultarse para decir el derecho, para impedir que las partes la vean a sus ojos, durante toda la audiencia.
Controversia de fondo que suscita la juez es sobre el alcance de la reglas de decoro que debe observar en su vida social. El juez no es solo un cargo que se desempeña dentro del despacho y en horas judiciales. El juez cumple, según expresión de la ley, una elevada misión, la de resolver disputas entre los ciudadanos y para estar en condiciones de hacerlo, ha de estar por encima de ellas, no porque así los disponga un nombramiento, sino por su ejemplaridad. Sería un caos de que a la legitimidad de las razones de una decisión, se le sumara las dudas sobre el que que las toma. Por ello es que es usual en las diversas legislaciones cargar de deberes a los jueces, que atañen tanto a sus funciones como a las reglas sociales de comportamiento.
Desde la perspectiva social es que debe analizarse es si influenciadores de un estilo de vida como Vivian faltan al decoro exigido, si esta actividad extra oficio del juez afecta la credibilidad de la justicia.
Naturalmente se pisa terreno minado, de tensiones entre quienes quieren mantener símbolos y códigos, y los que los quieren cambiar obrando disruptivamente al alero del derecho a la autodeterminación y a la libertad de expresión. Hay sensibilidades de ambos lados que se resienten auténticamente cuando los unos y otros se desconocen pretendiendo prevalecer.
Es la lucha permanente por el reconocimiento de quienes se sienten estigmatizados por las innovaciones en sus preferencias, estilos en el vestir, en las maneras de lucir.
El reto de quienes deban juzgar el decoro y el respeto a la dignidad de la justicia es la de comprender la sensibilidad social desde la perspectiva evolutiva, sobreponiéndose a los prejuicios que arrastra considerar lo establecido como definitivo. Quienes se embellecen con tatuajes deben vencer la resistencia de quienes ven en ello una cultura carcelaria. La mujer ha ganados espacios para decidir sobre sobre su cuerpo. Han impuesto sus preferencias por la minimalización de prendas para mejor modelar su figura, de vestidos de baño enterizos a uno de dos piezas, del hilo dental a la desprovisión total, en sesiones de fotografía artística.
Y el reto para quien reivindica sus derechos a la autodeterminación es entender que el <yo> que quiere construirse ha de contar con el otro, y si ese otro es la judicatura, tiene que respetar su ámbitos y sus códigos.
La juez de garantías no se puede desprender a voluntad de su condición de juez en actividades privadas que publicita. Las reacciones en las redes a sus poses de actriz van del me gusta para la gimnasta, y de repugnancia para la juez que es.
Vivian tiene la libertad de escoger su plan de vida, pero si opta por ser juez no puede no querer sujerse a la prohibición de actividades que afecten la confianza en la justicia. Y un influenciador arriesga severamente la imagen del juez modelo, de uno ajeno a las partes, del que se espera sinderesis e imparcialidad, si este es persona que se inclina a promocionarse, que vive de halagos, práctica un activismo para una causa, la de su figura, que se desvive por sumar seguidores.