10 de agosto de 2022
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¿Solos en el universo?

15 de julio de 2022
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
15 de julio de 2022

Una de las recompensas ocasionales de ascender por el sendero de la quebrada La Vieja a  la cima del cerro de la Virgen, desde donde se domina una parte extensa de Bogotá,  es maravillarse de como a  la naturaleza, una mañana, se le olvidó levantar  el infaltable velo nuboso, y en lugar de este, una  oscura y fina línea horizontal, un estrato de  gotas de agua condensada con partículas contaminantes que ensombrecía debajo suyo el occidente de la ciudad, y sobre ella, en contraste,  el cielo abierto e iluminado, que trás una atmósfera transparente, dejaba al descubierto el perfil nítido de la cordillera central, resplandeciendo sobre ella los nevados del Ruiz, Santa Isabel y el Paramillo del Quindío.

La revelación de un mundo cotidianamente escondido, amplísimo, que podía ser cubierto en un golpe de vista, es asombrosa para quien ha tenido la experiencia de padecer la  extensión en exigentes excusiones por la soledad fría de la Laguna del Otún, o la distancia en agotadores viajes, desciendo al Magdalena y subiendo a Letras.

El telescopio Hubble ofrece una selección de sus fotografías en calendarios, todas deslumbrantes, supernovas, regiones turbulentas, estrellas azules.

Las fotografías del James Webb despliegan prodigiosamente ante nuestros ojos el universo profundo, sus formas y colores, e insinúan poderosas corrientes de energía en movimiento.

Capturan instantes aterradoramente asombrosos. No por la mera imagen, ininteligible como un cuadro de Pollock, sino por la indispensable interpretación del astrónomo. Claudia Ramírez, directora de un proyecto de investigación del Instituto de Max Plank, bien la ofrece, y nos contagia su emoción, la que le trasmiten las fotos publicadas, y las que  va a obtener por gracia del permiso ganado de usar el telescopio Webb para su investigación sobre el cómo se forman los sistemas solares.

El quieto retrato no nos habla se su profundidad; su encuadre recorta la infinitud del universo; los colores son artificiales, y si no, cómo resolver el interrogante sobre cuál es el color de lo que originalmente es invisible al ojo humano, la franja infrarroja que capta el telescopio. Necesitamos que el experto nos desentrañe la historia encerrada en la imagen. Ellos solo pueden leer en los destellos lumínicos galaxias o un agujero negro.

Lo fenomenal es que las fotografías son al tiempo cartografía e historia. Telescopio y reloj.  En ellas queda registrada la luz que viene de distancias incomprensibles, millones de años luz; nos trae información esclarecedora y enigmática, noticias de mundos que fueron, de cómo eran hace trece mil millones de años, poco después del big bang. La investigación de Claudia Ramírez es ver in situ las condiciones de formación de exo-planetas en esas condiciones extremas, para corroborar las que explican la formación de la Tierra.

Esto supone que se validaran o pondrán en duda las certezas de la singularidad de la raza humana en un planeta excepcional, así lo han creído astrónomos bajo el paradigma de que las posibilidades de vida en la tierra fueron fruto de un afortunado azar, de una conjugación insólita de condiciones ideales de tamaño, energía y masa de la tierra y del sol, de su distancia, de sus fuerzas gravitacionales, que hacen posible tener una agua liquida y una atmósfera que no se evapore.

La Webb ha registrado el nacimiento de estrellas en la Carina Nébula, los rastros gaseosos de la muerte  de una ellas en la nebulosa del Anillo del Sur, la lucha enconada entre las cinco galaxias en el cúmulo Stephan.  Y también, el planeta WASP-96b, uno sin atmósfera, pero con indicios de contener agua.

Estas fotografías retratan el cosmos y la ciencia. Causa estupefacción que a través de ellas se ve el momento en el que la metafísica es vencida por la física. Lo que del universo se podía decir hace cien años eran meras especulaciones alrededor de curiosidades matemáticas. Para los positivistas no podría haber ciencia mas allá de los confines de la Vía Láctea, el universo visible. Los cálculos de los físicos, a partir del huevo cósmico de Lemaître, que predecían un universo en expansión, no podía ser más que especulaciones metafísicas impugnadas por los empiristas, y rebatidas con filosofismos o con la fe teológica de quienes  propugnaban por un mundo estacionario. Estas y muchas elucubraciones teóricas tienen ya base en una ciencia que aduce las fotografías como prueba. La curvatura infinita del espacio-tiempo por una fuerza gravitacional extrema, hace cien años, era sospechosa hipótesis, y hoy es certeza por cuenta de los telescopios.

En solo treinta años la hazaña del Hubble, instalado en el espacio en los años noventa, es inmensamente superada por otra herramienta, la Webb, con la capacidad de recoger más fotones de luz gracias a su espejo mas grande, y procesar una fotografía, no en semanas como las que tomaba el Hubble sino en horas, y por gracia de su ubicación en el universo, en el Lehrange2, a millón y medio de kilómetros de la tierra,   en el que se da un equilibrio entre las fuerzas gravitacionales del Sol y la Tierra, que le permiten mantener su distancia constante con la tierra en su imparable rotación; y lo mas extraordinario, es que puede penetrar el polvo cósmico, acercarse al momento del Big Bang,  por gracia de sus ojos sensibles al infrarrojo. Es la emoción que sentirá Claudia Ramírez cuando se le la posibilidad a ella y a sus treinta investigadores a mirar un inverso que hasta ayer, estaba completamente velado.

Los telescopios especiales ofrecen ya certidumbre de que el universo es un infinito número de galaxias, miles de millones, con las que se puede hacer un aproximado mapa del cosmos,  en el que nuestra Vía Láctea es una esquina cualquiera, un rincón vulgar y común, y nuestro planeta una porción minúscula de uno de los cien billones de sistemas solares existentes en ella Y esa certeza destruye la megalomanía del sueño del hombre de habitar en el centro del cosmos, y ser el rey del universo, y ya es chiste pensar que reina solo.