La operatividad se impone
Uno, veinticuatro, treinta y seis, no importa el número. La impotencia, cada vez que los boletines oficiales de las fuerzas armadas legítimas, dan parte de bajas en sus filas, me aturulla. Lo lógico, lo deseable, es que las noticias que provienen de los agentes del orden den parte de victoria sobre los malos, los asesinos, los terroristas, los pistoleros y los francotiradores, para que la sociedad mantenga su sensación de seguridad y de éxito contra los violentos. No repetidas expresiones de condolencia, decretos de honores, exaltaciones a los héroes, toques fúnebres de cornetas asordinadas. Ni condecoraciones póstumas.
Pero en Colombia, casi a diario, la muerte de un soldado, de un policía, amedrenta y duele. En los últimos meses, las fotografías de primera página en los diarios, si es que no las mandan a las páginas interiores, por allá a un rincón, para dar paso a futbolistas o vedetes, son de ataúdes o de urnas que conducen los restos mortales de los inmolados a los mausoleos y panteones, con crespones de luto y tricolores sobre ellos. Viudas y huérfanos, en primera fila. Y en veinticuatro horas, olvido, y a la rutina. Lugares comunes de condolencia y de nuevo la indiferencia. Que vamos a hacer. A diferencia de otros países, que cuando se asesina a un soldado, a un policía, con velas y flores los ciudadanos inundan parques y plazas, para nosotros, esos crímenes hacen parte del doloroso y estoico suceder de los días.
Sí, General Jorge Luis Vargas Valencia. Su angustioso y sentido llamado a los colombianos, para que muestren su solidaridad con los deudos y con la institución por el resultado perverso del plan pistola contra sus policías, por parte de la banda facinerosa del clan del golfo y del eln en especial, tiene que ser expresada. Permanente repudio es lo que se impone. Y gestos y más gestos. Y menos patrioterismo y frases de compromiso. Acciones punitivas y disuasivas, exitosas, se requieren. En medio de esta aridez y pesadumbre, no me nace agregar más palabras que no sean de dolor y rabia. Que a nada conducen. Más bien, hago eco de cierto pragmatismo, expresado por quienes pueden dar luces sobre qué es lo que hay que hacer al momento de ahora, para frenar la seguidilla de atentados contra la vida de los uniformados.
Camilo González Posso, presidente del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz pide reacción solidaria de la ciudadanía con la Fuerza Pública y rechazo vigoroso a esos actos de violencia. Se requiere que la inteligencia actúe para lanzar planes de contención en las zonas puntuales en la que hacen presencia esos grupos criminales.
El General, experto en temas de inteligencia, Juan Carlos Buitrago, dice que no solo hay que dirigir acciones contra los jefes de los bandidos, sino que deben tender a la recuperación de territorio y a la desarticulación de las estructuras y comisiones de esos grupos, principales responsables de las acciones criminales en la geografía que tienen copada. Que se debe conformar un comando especial de inteligencia e investigación con sede de operaciones en la región de Urabá y reactivar los planes, con patrullas conjuntas de las Fuerzas para ejercer control permanente sobre la infraestructura vial.
El profesor universitario y experto en temas de conflicto Carlos Medina Gallego, expresa que esos actos contra la policía son una estrategia de aniquilamiento sistemático, que no es fácil de enfrentar, pero que a corto plazo debe ser combatida con el fortalecimiento de la inteligencia para golpear a los jefes de las redes criminales que están detrás de esas órdenes y al desarrollo de operativos para debilitar sus finanzas que son las que permiten lanzar ese tipo de retos al Estado.
En fin. Operatividad es la consigna de la hora. Ya la política vendrá, como auxiliar de las soluciones.