2 de julio de 2022
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El futuro en una foto del ayer

17 de junio de 2022
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
17 de junio de 2022

Justo cuando se cierra el periodo de clasificaciones al Mundial de Catar, la Federación Colombiana de Fútbol inaugura el futuro con una foto que puede ser del ayer. La inamovible plana mayor de la Federación, con un nuevo técnico rescatado de la nómina de Pekerman. De las muchas sugerencias de esta imagen con el mundo de la política, tomemos esa facilidad de pasar la hoja, la incapacidad de autocrítica, cerrar los ojos a los errores.

No se puede imponer la lógica de los aficionados jugadores del golf, la del hoyo jugado hoyo olvidado. El país debe examinar su desempeño electoral, la salud de nuestra democracia, averiguar si es funcionalmente competente, si el consentimiento expresado en las urnas, inapelable, es consistente.

La cultura política del país ha progresado según la última Encuesta de Cultura Política del DANE; sólo una fracción menor a una cuarta parte no sabía su posición en el espectro político. La porción mayoritaria de los demás, el 44%, se declaraba pertenecer al Centro; el 14% a la Izquierda, y los de la Derecha, declinante, un 18%.

¿Qué se hizo esa mayoría? No tuvieron espacio en una visión polarizada de la situación nacional.

En nuestra sociedad existen grupos que conocen las complejidades de los asuntos públicos, y que tiene un buen criterio para juzgarlos, y que orientan o deberían orientar al electorado más allá de las simplificaciones y prejuicios que subyacen en los hooligans de la política. Los medios de comunicación fueron silenciados por el potente ruido de las redes sociales. Basta ver el papel marginal de los columnistas, sin influencia sobre los votantes.

Vivimos en una sociedad global en la que las redes sociales incitan ciertas perversidades.  Son ellas un fenómeno envolvente, determinante, al punto es que bajo sus categorías deben ser analizados los votantes. Pronto estarán desuetas las clasificaciones de los votantes por estratos socioeconómico y culturales o, al menos, menos indicativos que las que resulten de los ciudadanos agrupados según las redes sociales de las que son usuarios y los tiempos de conexión; su participación en ellas como creadores o pregoneros de contenidos. O, más adelante, según los algoritmos que gobiernan las plataformas para seleccionar mensajes y destinatarios y crear burbujas de usuarios, sectas digitales.

Las redes sociales de hoy son una herramienta poderosa para practicar a gusto el tiro al blanco contra los opositores. Destruir candidatos con fake news  o creando alarmas, generando desconfianzas a partir de sucesos triviales o versiones amañadas, tergiversando las propuestas.  La propaganda negra se incorporó en muchos paquetes de marketing político.  Y practicar la indecencia con éxito, un mérito. Isabel Zuleta no confiesa una culpa, se ufana de quemar candidatos.

Es activo y constante el complot de desinformación contra el votante, la consigna es   manipular su voto. Debe ser un reto, aún sea colosal, domesticar las redes sociales y adecentar la política.

Nuestra sociedad debe afrontar la dañina combinación de redes e indecencia. De partida desechar la suposición de que son males con los que tenemos que convivir, porque lo impone la modernidad tecnológica, o porque es la naturaleza de maldad que arrastra la condición humana. Son dilemas difíciles. ¿Cómo proteger el derecho de expresión de los que dicen defenderlo para degradarlo, manipularlo? ¿Cómo los países han de ejercer soberanía sobre plataformas salidas de su jurisdicción? Pero se ha de buscar el equilibrio para que las redes ejerzan control sobre los discursos de odio, condicionen la circulación masiva de mensajes bajo sospecha de ser fake news,  que el poder de disposición de las bases de datos de sus usuarios  sea reglamentado para cuando lo vendan segmentadamente para efectos electorales, y que sean conocidos y  transparentes los criterios que rigen sus  algoritmos.

No tenemos que sufrir como condena que el triunfo en la política va de la mano de la falta de escrúpulos. El auto control ético y los movimientos debe ser exigido con dientes, con sanciones que desanimen la indecencia.

¿Por qué desaparecieron los partidos políticos en la recta final de las elecciones?

Uno de los indicativos del progreso del país es que ha sido enterrado el mecanismo de distinción de los votantes por su pertenencia al rojo y el azul, aún se estuviera en aquellos nuevos partidos, transitorias disidencias del liberal o conservador, y reemplazado por una más universal, el de ubicación en el espectro político de izquierda, centro, derecha. En estas elecciones los partidos mismos tuvieron que también definir su posición; todos los tradicionales terminaron alineados a la derecha.

Los partidos políticos dejaron de ser los referentes para sus electores. Renunciaron a cumplir su misión principal de ser orientadores ideológicos de sus seguidores. Por mera incapacidad de liderazgo debieron dejar en libertad a sus afiliados de escoger candidato en la segunda vuelta. Se movieron por el espectro político, como si no existieran barreras ideológicas. César Gaviria, jefe del mayor partido tradicional buscó alojarse en el centro, estuvo en conversaciones con la izquierda y sólo fue admitido en la derecha. Declinaron cumplir su función de avalar moralmente a sus candidatos, inclinándose por la connivencia con aspirantes de los que tenía noticias ciertas de estar enredados seriamente en investigaciones por delitos contra la administración pública, como en el caso de Mario Castaño. Desaparecieron de todo escenario en la recta final de las elecciones presidenciales, sus jefes hicieron mutis por el foro.

La reflexión nacional debe ocuparse de los partidos políticos les basta participar en las elecciones legislativas, atrincherarse en los cuerpos colegiados, para cobrar peajes al Gobierno para dejar pasar sus iniciativas. Se desentienden de la construcción de país, que debe vivir esquizofrénicamente. Las elecciones para congreso los votantes son de las maquinarias, y en las de presidente, son de la anti-política.

Debe ser corregido el adefesio de partidos que no responden por los malos gobiernos de los que hacen parte, se acomodan a candidatos a la presidencia ajenos. El umbral para sobrevivir como partidos ha de incluir en las estimaciones, los votos por candidatos propios en las elecciones presidenciales.