28 de enero de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Ni Ripley se lo creería.

28 de noviembre de 2021
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
28 de noviembre de 2021

En días pasados, un joven patrullero barranquillero de la policía del Atlántico salió a cumplir con sus deberes oficiales, en esta oportunidad, adelantar tareas de control, requisa y comprobación de antecedentes en un retén de la carretera de la Cordialidad, para lo cual detuvo y abordó un autobús de pasajeros y procedió con el rutinario proceso de identificar a cada uno de los ocupantes del vehículo. En esta labor, solicitó la identificación a un joven y tranquilo pasajero quien se identificó con el nombre de John Harold Puello Polo, identificado con la cédula de ciudadanía colombiana número 72335841, nacido en Barranquilla el 09 de diciembre de 1984, documento expedido el 22 de enero de 2003 en la Registraduría de Barranquilla. Hasta ahí, aparentemente todo sería normal y no pasaría de un muchas gracias señor, disculpe la molestia y muy feliz viaje.

Pero resulta que el funcionario de policía que adelantaba esta rutina de requisa y control de antecedentes en esa oportunidad, era precisamente el patrullero John Harold Puello Polo, nacido en Barranquilla el 09 de diciembre de 1984, portador de la cédula de ciudadanía colombiana número 72335841, expedida el 22 de enero de 2003 en la Registraduría de Barranquilla. ¡Vaya sorpresa del policía identificador y del ciudadano identificado..! Naturalmente, nuestro patrullero quedó sorprendido por el inesperado hallazgo de su clon exacto, que sin embargo era 10 centímetros más alto y tenía grupo sanguíneo y factor RH diferentes. De resto iguales, como dos gotas de agua, al menos en lo que a documento de identificación se refiere. El mismo nombre, la misma fecha y lugar de nacimiento, el mismo número de la cédula, con la misma fecha y lugar de expedición.

La fotografía, como todas las fotografías de las cédulas colombianas, no aclaraba nada especial. Indefinible y anodina, perfectamente adaptable a cualquier persona con rostro carente de rasgos faciales protuberantes y notorios. Solo un par de ojos, una nariz y una boca comunes y corrientes. Las firmas, naturalmente eran muy diferentes. Ante el insólito caso de coincidencia, el presunto viajero John Harold Puello Polo, fue retenido y conducido a las dependencias del Comando de Policía del Atlántico en Barranquilla, donde finalmente confesó ser de origen cubano, lugar donde adquirió el documento por la módica suma de ¡Cinco mil dólares!.

El caso fue puesto a órdenes de la Fiscalía seccional para adelantar los trámites y averiguaciones correspondientes por el delito de falsedad en documento público. Esta insólita situación de coincidencias, robo y suplantación de identidad, deja sin embargo al desnudo otra preocupante y amenazante realidad, esta vez procedente de la acogedora isla caribeña, tan pródiga en acuerdos, buenas intenciones, novedades, sorpresas y volteretas de todo orden que ha caracterizado las tormentosas y cambiantes relaciones e intercambio de Cuba con nuestro país en los últimos años. La costosa “sucursal” de nuestra Registraduría del Estado Civil, que le está montando competencia en Cuba, probablemente tenga orígenes y características comunes con las que tan pródiga y generosamente expiden falsas cédulas de ciudadanía en las fronteras de nuestro país a una considerable cantidad de desplazados y refugiados venezolanos, haitianos y de diversos países de Asia, Africa y Oceanía, seres humanos desvalidos y víctimas inocentes, quienes en busca de oportunidades, se convierten en objeto de manipulación y engaño por parte de numerosas organizaciones de delincuentes y “coyotes”, que se lucran con su infame tráfico de miseria y necesidades humanas.

Así que es indispensable que nuestras autoridades adelanten urgentes labores de investigación para depurar y acelerar el proceso de modernización de nuestro vetusto sistema de identificación como colombianos.  Por mi parte me pregunto, por dónde andará, qué pilatunas y qué compromisos habrá adquirido mi  “otro yo”, si es que a alguien se le ha ocurrido la peregrina idea de clonar mis datos personales y mis documentos de identidad. De todas maneras y “por si las moscas”, quedan advertidos todos mis acreedores.