El ganso desplumado
Decía Jean Baptiste Colbert, controlador general de finanzas de Luis XIV en Francia (1665) que, “una reforma tributaria es el arte de desplumar al ganso, sin que chille demasiado”. Si aplicáramos esa definición en Colombia, no podría el Congreso aprobar la reforma tributaria o, mal llamada, ley de solidaridad sostenible presentada por el gobierno Duque, pues el ganso al que pretenden desplumar, ya está desplumado. El proyecto de ley presentado por el gobierno nacional en cabeza del ministro Carrasquilla, pretende dos objetivos, primero, el de financiar el déficit fiscal dejado por su política de ayuda al sostenimiento de las utilidades del sector financiero privado del país y las exenciones tributarias en general (reforma tributaria 2019), con los impuestos a la comida y con los impuestos a la clase trabajadora; y el segundo objetivo es, financiar, de manera permanente, el programa ingreso solidario, transformándolo en un ingreso básico garantizado, mediante el cual la población pobre y vulnerable reciba mensualmente un ingreso fijo que le permita cubrir sus necesidades más básicas. Pero, dicha reforma tributaria, se va lanza en ristre a gravar a la clase media y, como siempre, deja a los intocables dentro de las exenciones tributarias.
El sistema financiero privado colombiano, obtuvo utilidades durante la vigencia 2019, por 18 billones de pesos, que se redujeron en el 2020, gracias a la pandemia por el covid, a unos 14 billones. Mientras se mantenían las utilidades de los bancos y de otras entidades financieras, como administradoras de fondos de pensión, de cesantías, corporaciones financieras, etc. (que son propiedad de los mismos propietarios de los bancos), la economía colombiana entraba en desaceleración (crecimiento económico del -7% en 2020), lo que llevó a la quiebra a pequeñas empresas y a la pérdida de miles de empleos formales. Millones de colombianos pasaron al desempleo y al hambre.
Bajo este panorama, sin duda, Colombia necesita ingresos para cubrir el déficit fiscal por el que atraviesan sus finanzas, pues para nadie es un secreto que el Estado se financia en gran medida, por los impuestos que pagan sus ciudadanos y, que en un país en vía de desarrollo como el nuestros, son más las necesidades que lo ingresos. Pero no puede darse el lujo el gobierno de presentar una reforma tributaria inequitativa, ineficiente y regresiva, gravando únicamente al que menos tiene, es decir, desplumando a los gansos desplumados.
Según el artículo 363 de la Constitución Política, el sistema tributario colombiano se funda en los principios de equidad, eficiencia y progresividad. Surge, entonces, la pregunta: ¿Es equitativa, eficiente y progresiva la reforma tributaria o mal llamada, ley de solidaridad sostenible, presentada al Congreso de la República, por el gobierno Duque? ¡Y, la respuesta, claramente es un no rotundo! Primero, porque al gravar a la clase media antes que a ricos, la hace inequitativa, pues en un Estado social de derecho la tributación debe respetar la regla de oro según la cual, quien más ingresos perciba, más tributa, y quien menos ingresos percibe, menos tributa. Segundo, porque al mantener las exenciones tributarias para el sistema financiero privado, éste seguirá creciendo y el gobierno incluirá sus ganancias en las cifras del crecimiento económico del país, lo que a todas luces es ineficiente, pues según los grandes teóricos de la economía política (A. Smith, D. Ricardo, C. Marx), las utilidades financieras, son solo transferencias del mundo productivo, que es la economía real. Las utilidades financieras no son riqueza generada en la sociedad, sino una transferencia de esta. Las ganancias del sector financiero no deberían superar las ganancias del sector productivo, dirían los teóricos del capitalismo. Esto explica por qué, el sector financiero crece, mientras la economía decrece. Ademas, porque con la situación por la que atraviesa el país, es inoportuno presentar una reforma tributaria que no lleve a la reactivación económica y a la generación de empleo. Tercero, porque es abiertamente regresiva, pues impone una carga más pesada (con relación a sus recursos) a los pobres que a los ricos. Es decir, hay una relación inversa entre la tasa tributaria y la capacidad de pago del contribuyente, evaluada por activos, ingresos, o gastos.
Un gobierno serio debe garantizar un orden político, económico y social justo que propenda por el cumplimiento de los fines esenciales del Estado. Para esto, debe tener como norte el crecimiento económico y la generación de empleo digno, es decir, que avance hacia un contrato social más equitativo y más incluyente, impulsando al mismo tiempo el crecimiento económico. Para esto, el gobierno debe generar confianza en la ciudadanía para garantizar que todos los colombianos, de todos los niveles de ingreso, nos acostumbrarnos a pagar impuestos si queremos vivir en un país viable, en una sociedad menos desigual y con algún grado de paz social, pero con un sistema tributario fundado en los principios de equidad, eficiencia y progresividad.
Pero el gobierno Duque, con su reforma tributaria, hace todo lo contrario. Pretende desplumar al ganso desplumado, cuando lo que tiene que hacer es desplumar al ganso que tiene plumas, sin que chille demasiado. Ahí está el detalle.