La importancia de la serie radial Kalimán en la historia de la Telenovela colombiana.
Los críticos literarios han leído miles de libros. Los de arte han visitado cientos de museos y galerías. Los analistas deportivos han visto millares de partidos. El 98% de los críticos de la Telenovela no han visto una entera. Es hora de que hablemos los que hemos visto telenovelas. Tal es la razón de esta Cátedra
Por fin habrá justicia en Colombia! Escóndanse gobernantes y contratistas corruptos! Vuelve Kalimán, el hombre increíííííble!
Kaliman, el hombre increíble, noble y ejemplar para con los buenos y los indecisos, y héroe terrible, castigador y duro para con los malos e injustos. El séptimo heredero en línea de la diosa Kalil, nacido, según algunos en el reino de Agartha, en las profundidades de la tierra, pero para todos, encontrado flotando en una canastilla, cual nuevo Moisés, por el príncipe Abul Pasha, heredero del reino de Kalimatán, en el centro de la India, quien por nombrarlo su heredero, desencadenó que el Primer Ministro lo secuestrara y lanzara de nuevo al río. Su padre el príncipe Abul es asesinado mientras lo busca, pero el niño termina siendo criado, primero por unos cazadores y luego por una tribu mongólica. Ya adolescente, y en medio de grandes aventuras, viaja al Tibet, para ser educado en el control de su cuerpo y de su alma, y en artes marciales, por lo que adquiere especiales poderes de control mental y corporal. Y adulto, regresa para vengar la muerte de sus padres. Pero todo el compromiso de aplicar justicia sin matar.
Qué más podía pedir un muchacho latinoamericano de 1963 para convertir en su héroe? Y que, a las cinco de la tarde de todos los días, después de haber llegado de la escuela, de la siembra o de ayudar a sus padres en el trabajo, ese príncipe mágico se entrara a su casa, por el pequeño radio, a contarle sus aventuras, a llenarlo de imágenes de tierras insospechadas, a darle consejos sobre aquello que hoy llamamos resiliencia, o capacidad de resistir, y esperar la llegada de la justicia; y a dejarle, cada día también, un suspenso en el aire, un riesgo inminente, un mal rey a punto de triunfar o una hermosa princesa a punto de ser raptada, para tener obligadamente que estar listo a las cinco de la siguiente tarde, para conocer la solución?
Y como en la casa había un alto porcentaje de menores de diez años (que también era posible mercado comercial!), tener la novela una dulce y tierna voz infantil, ayudando al gran héroe, pero especializado en meterse en embrollos, por curiosidad o inocencia, aunque lanzando a veces una opiniones infantiles llenas de sentido común, el príncipe Solim, de siete años, heredero de los Faraones. Qué más podía tenerse en esa época cuando no había redes, ni gran desarrollo, ni siquiera Tv?
La radionovela de aventuras
Como todo proceso de cultura popular, la evolución de la Telenovela no obedeció a un plan metódico, sino que fue un proceso de búsqueda y error. Primero, como se vio antes, fueron los folletines de novelas románticas y más tarde las novelas creadas expresamente para las revistas, pero con interrupciones de suspenso, para alentar la compra del siguiente ejemplar. Y tuvieron gran éxito, como se verá en una Cátedra próxima, con la inmortal Corín Tellado. Y, con la llegada de la radio, la lectura de novelas románticas por buenos locutores y con interrupciones calculadas para crear suspenso, superó los éxitos anteriores, cuyo momento cumbre fue la radionovela de las radionovelas, El Derecho de Nacer, tema de próxima Cátedra.
Pero ya había un público ávido y ello hizo aparecer la Radionovela de aventuras, donde Kalimán fue el éxito desproporcionado, en toda la América Latina, con una ampliación inmensa de oyentes, por haber vinculado a los muchachos, que en nuestro subcontinente, eran mayoría, información que encaja a Kalimán, en la evolución de la Telenovela, como una etapa importante de sus inicios.
Kalimán en Colombia fue “pirata”
Kalimán llegó a Colombia en 1965. Como en muchos otros países, los nuestros contrataron los primeros rollos de grabación en México y empezaron a emitirlos, con un éxito sin precedentes. Y coincidió con el inicio de la llegada al país de los “radios a transistores”, los que no necesitaban corriente eléctrica de la red, por tener pilas. Como las linternas. Entonces ahora al héroe no había que esperarlo, sentado el grupo alrededor de la caja negra, sino que ya acompañaba, por toda la casa, al muchacho o al ama de casa, en una cajita mucho menor.
Pero en México hubo problemas legales porque, quien vendió a Caracol los derechos de emisión, Víctor Fox, no tenía capacidad jurídica para hacerlo. Y un Juez mexicano ordenó a Colombia devolver los primeros rollos de grabadora. Como el éxito podía quedar comprometido, Caracol, cual heroico Kalimán, encargó a Álvaro Ruíz, el famoso “hombre feliz”, algunos libretos, parecidos pero diferentes (lo que era muy fácil), leídos directamente ante el micrófono de pedestal por actores colombianos de buena voz, con lo que mantuvo la serie sin que se notara el trauma, y sin perder sintonía. Al fin y al cabo, todavía no eran muy claras los detalles de los Derechos de Autor y era más verosímil para el niño, (o el joven, o la mamá, o el adulto, o el anciano colombiano), seguir a su héroe hindú en voces de acento nuestro, que con acento “manito” medio universalizado, como habían llegado los primeros capítulos. Para suerte el asunto se arregló y de México, por casi treinta años, siguieron llegando los textos llenos aventuras y de justicia, para ser vocalizados por voces nacionales.
El equipo colombiano
Aprovechando su nueva habilidad, Caracol siguió comprando en México solamente los guiones y creó el gran equipo que dio vida a Kalimán en el país: Esther Sarmiento de Correa como la narradora, el actor Gaspar Ospina, la mejor voz que pudo conseguirse para Kalimán, profunda y teatral, una tierna voz para el principito Solimán, más algunas otras voces de reparto. Y con este exitoso equipo, más los famosos fabricantes de sonidos, reinó por casi treinta años en el país y llegó a ratings inimaginables de penetración a los hogares colombinos.
Pero, por qué Solim no cambió de voz en treinta años?
Este fue uno de los secretos mejor guardados de la radio colombiana, porque la presunta voz del enrevesado y tierno niño se mantenía, para solaz de las nuevas generaciones infantiles que accedían a la audiencia. Hasta que reventó la bomba! La vocecita de Solimán la emitía la actriz colombiana Erika Krum, quien mantuvo el mismo tono de voz desde 1966, a sus 22 años, hasta 1995.
Ojalá los kalimanistas que no habían caído en la cuenta del asunto, no vayan a frustrarse ahora, como lo hicieron muchos de los adictos a la gran Telenovela, hacia finales del siglo pasado, al saber esta cruel verdad.
La magia de Kalimán
La magia de la serie, la razón de su desproporcionado éxito, la ha definido alguien: La serie le permitía al muchacho, o a su hermana, soñar. Imaginar mundos diferentes con camellos, tumbas, princesas de hermosos ojos, desiertos, palmas, oasis y beduinos; y un hermoso príncipe de turbante que administra justicia, libera doncellas, arriesga la vida y da consejos. En aquellos días no había llegado la TV y estaba a décadas la saturación de tumbas, alienígenas o selvas, que tenemos hoy en la pantalla. Entonces las clases populares conocieron el Valle de los Reyes, las Pirámides, el Desierto de la Muerte, el Taj Mahal, Machu Pichu. Pero cada uno lo conoció de manera diferente porque debía imaginarlo por la descripción del narrador de la serie, o sea que era un conocimiento personalizado. Por eso era común que los muchachos de la casa, al terminar el episodio de cada día, se reunieran a reconstruirlo o a sumar imaginaciones, para conocer un mundo diferente, muy lejano al duro de los países latinoamericanos en los sesentas, plenos de injusticias, muertes, falta de justicia y de equidad.
La revista
En pleno boom latinoamericano de Kalimán, los mexicanos lanzaron la revista. Otro éxito! La publicación, sencilla, con buenos dibujantes, contaba las mismas historias de la serie radial, o sea que los adictos podían guardar, no sólo en la memoria, sino en algún entrepaño de un viejo mueble, la historia de su héroe. Y produjo varios miles de publicaciones, cada semana, sin fallar. Y por supuesto que Colombia también compró los derechos, con lo que nuestro país también quedó inundado de las dos imágenes del héroe: la de la emisión radial y la de la revista.
Y tuvo la revista una característica especial, para mantener el suspenso: el episodio terminaba en la mitad de la revista y enseguida empezaba el título del siguiente episodio de la misma aventura, o el inicio de una nueva aventura. O sea que la narración gráfica siempre quedaba suspendida al final de la edición, y, por supuesto, con el corte antes de un beso, una traición o un peligro. En estas condiciones, quién no iba a comprar la publicación de la semana siguiente? Y añadió la pequeña revista otro truco, ahora gráfico: aunque la carátula era de muchos colores, el interior era sepia y usaba algo parecido al conocido estilo manga de ahora, donde las caras invaden la página: y ello porque había que respetar la imaginación de los pequeños (y grandes) lectores y dejar que fueran ellos quienes crearan y colorearan en su imaginación los paisajes y los castillo y las tumbas. Todo un tratado de publicidad sicológica!
Kalimán en la mente y en el corazón
Hace veinte años hubo celebraciones en los países latinoamericanos, en recuerdo de dos décadas de la interrupción de la serie. Y se presentó algo inesperado: un bombardeo de blogs, en respuesta a las publicaciones de You Tube, de algunas entrevistas o capítulos. Para unos Kalimán había la gran distracción de su niñez; para otros había sido un acercamiento con su mamá, al ver que ella, a pesar de su sufrida cara, también podía soñar con castillos; algunos afirmaron abiertamente que no habían llegado las drogas, por respetar las hazañas de su héroe.
Es que Kalimán representó un hito cultural popular, un globalizador de la cultura de muchos países, ante el interés común por un tema específico, diferente al sufrimiento o la música.
Y apenas, porque “Kalimán fue caballero con los hombres, galante con las mujeres, tierno con los niños e implacable con los malvados. Kalimán, el hombre increiiiible!”



