27 de febrero de 2021
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Tras la cuarentena… nuevas opciones

7 de mayo de 2020
Por Claudio Ochoa
Por Claudio Ochoa
7 de mayo de 2020

Abierta la puerta, luego de la la inesperada modalidad “virulenta” de encierro que nos tiene a prueba, estamos ante la imposición de muchos cambios en Colombia.

El auge que de pronto ha ocurrido en educación virtual es una de tantas experiencias atractivas. Lo mismo que el teletrabajo, la multiplicidad de operaciones financieras vía internet, las comunicaciones personales vía WhatsApp, que se han disparado. Las consultas médicas a distancia y la facilidad de recibir alimentos, mercados y hasta medicamentos a domicilio, están ganando un terreno de gran envergadura.

Particularmente está bien que suba la proporción de niños y jóvenes manejando computadoras, juegos digitales y celulares. Este millonario inventario de atrapados por el internet también debe mirarse con recelo. Los riesgos de una población que se inicia condicionada por el mundo virtual, con la mente en el más allá, en lugar de estar en el acá. Echando a un lado los juegos reales, sobre objetos palpables y con personas de carne y hueso, de la familia y de la vecindad. Si algo se valora a lo largo de la existencia son esas vivencias de la infancia y de la juventud. Entre los mejores amigos que quedan están los compañeros de pupitre y de formación. Ponemos en riesgo estos fundamentos en la estructuración personal.

A la par, los textos escolares comienzan a concentrarse en las pantallas. Ya está visto que la permanencia en un computador por largos periodos de tiempo adelgaza la corteza cerebral, también fomenta la depresión. No es conveniente la imposición de aulas silenciosas, en donde los niños y jóvenes permanezcan como máquinas, dependientes de lecturas en modo electrónico.

De otro lado, mientras nos estamos volviendo supervirtuales y facilistas en las relaciones diarias, las finanzas públicas quedarán agotadas y el endeudamiento al máximo, uno de los estragos por este virus. La plata no alcanzará para todos, los escasos recursos tenderán a ser absorbidos en favor de las ciudades. Es evidente que habrá más desempleo y más pobreza, mayor propensión al delito, más emigración hacia los centros urbanos y tal vez un agro con menos gente dispuesta a trabajar la tierra. En todo caso no parece que la opción sea la emigración hacia otros países que en materia del virus ya están peor, a la par que las fronteras mundiales están reforzando el cierre.

A la alta tasa urbana de desocupados comenzará a sumarse en breve la que vendrá de ciudades intermedias y pequeñas poblaciones. ¿Y por qué no, más inmigrantes de la República Bolivariana? ¿Más pobreza, más inseguridad para ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga, entre otras capitales?

Esta nueva experiencia, la de hoy, nos obliga a pensar y actuar SERIAMENTE sobre planes de ocupación, de producción, para nuestros pueblos y aldeas, incluso del área rural en ciudades intermedias. No hay gobierno que se haya ocupado en este propósito, solo han acudido al facilismo de atender a medias a millones de desplazados, con el mínimo-mínimo de vivienda, de alimentación, de capacitación y de trabajo.

El Internet es una valiosa herramienta para este propósito. Colombia dispone hoy de casi 25 millones de conexiones a Internet (entre fijo y móvil 4G) , y urge que el Gobierno avance en el proyecto de conectividad rural “Centros Digitales”, que permitirá facilidades en lnternet y tecnología a 10.000 comunidades en diversas regiones.

Además, tenemos a instituciones como el Sena, Finagro y el Banco Agrario, con cubrimiento en pequeños municipios. Está la ayuda internacional que debemos seguir recibiendo, en apoyo a la manutención de cientos de miles de venezolanos inmigrantes, muchos de los cuales permanecen ociosos en ciudades capitales. ¿Y qué decir de los reinsertados de la subversión? Que el virus chino sirva de excusa y punto de partida para comenzar a descongestionar de desempleados y subsidiados a nuestras capitales, a la vez que evitar nuevas emigraciones y más delito hacia ellas.

¿Qué tal comenzar con nuevos modelos productivos, en planes pilotos? Hay que acabar con el grave error y desperdicio que significa mantener a millones de pobladores, inactivos e improductivos, a base de costosos y billonarios subsidios. Esta es una especie de “coronavirus” más mortífero que el de moda hoy.

El Partido Comunista Chino y su implacable virus están obligándonos a pensar y actuar con innovación, revolucionar el estado de cosas. Nos toca, o el caos será de proporciones impensables.