Humberto Cuartas Giraldo, Juez Promiscuo Municipal
Humberto Cuartas Giraldo, era un joven abogado de mente brillante, gran intelectual, periodista y profundo analista del acontecer nacional fundamentado en una exquisita cultura humanística que cultivaba con ahínco gracias a su devoción por las mejores lecturas del idioma de Castilla. Su exquisita condición humana le permitió ser Alcalde de Armenia, su ciudad natal, Diputado a la Asamblea del departamento de Caldas, Representante a la Cámara y Senador por el Quindío a nombre del partido Liberal, del cual era conspicuo ideólogo. Recién salido de las aulas de la Facultad de Jurisprudencia de la antigua y prestigiosa Universidad del Rosario de Bogotá, fue designado Juez Promiscuo de Circasia por el Honorable Tribunal de Pereira, jurisdicción a la que pertenecía el Quindío antes de la creación del Tribunal de Superior de Armenia en 1964.
Llegada la época de vacancia judicial a raíz de las festividades navideñas, cuando la judicatura cierra sus despachos desde el 17 de diciembre hasta el 11 de enero del año siguiente, al joven juez le preocupaba sobremanera la situación en que quedarían los 12 presos que tenía a su cargo en diferentes investigaciones penales y de lejos le parecía injusto que mientras los funcionarios podían disfrutar del merecido descanso con los suyos, los pobres reos pasarían la navidad privados de su libertad y ausentes de su familia. Por eso dedicó varias noches a estudiar los correspondientes expedientes lo cual le permitió concluir, una vez analizados los antecedentes y las declaraciones de conducta de los encartados, que ninguna peligrosidad ni amenaza ofrecían para la sociedad de entonces.
Preso de tan honda preocupación que le menoscababa el sueño, el Juez resolvió reunirlos en el patio de la Cárcel, aledaña a su despacho, para manifestarles la profunda pena causada por el dilema que se le presentaba a su conciencia para terminar proponiéndoles que la única manera de superar esa triste circunstancia sería que ellos pudiesen también gozar de las mismas vacaciones, previa la firma bajo juramento de un documento donde se comprometieran a presentarse a sus respectivas celdas el 11 de enero antes de las siete de la mañana. Compromiso que suscribieron con alegría y entusiasmo los penados, a quienes de esa manera, les fueron extendidas las vacaciones judiciales.
El 11 de enero del año siguiente, cuando concluyeron las vacaciones judiciales y el director del establecimiento carcelario llamó a lista encontró, no sin sorpresa, que todos los sindicados respondieron a ella y a la confianza depositada por el Juez, para la entera satisfacción de todos.
La noticia como era de esperarse se regó, como verdolaga en playa, de boca en boca y en todas las redacciones de los medios de comunicación regional y aún en la prensa nacional, pues sobre el hecho apareció un comentario entre irónico y jocoso en “Cosas del Día” de la página editorial del prestigioso diario “El Tiempo” de Bogotá, y reproducida en diarios de Manizales, Medellín, Cali y la Costa Atlántica.
Empero, la satisfacción judicial fue interrumpida por la intempestiva visita del doctor Enrique López de la Pava, en ese entonces Magistrado del Tribunal de Pereira, quien por su sabiduría, prudencia e integridad moral, mereció ser elegido más tarde Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, quien una vez enterado del suceso y de paso para reanudar sus labores al frente de su despacho, luego de resaltar la solidaridad humana del Señor Juez reflejada en tan insólita decisión, le insinuó la renuncia del cargo para evitar -según sus propias palabras -, un bochornoso debate en la primera reunión del año que el Tribunal de Pereira se proponía realizar esa mañana.
Bogotá 30 de abril del año de la cuarentena.