24 de julio de 2026

Tecnología y estilos de vida

28 de septiembre de 2015
Por Camilo Giraldo Giraldo
Por Camilo Giraldo Giraldo
28 de septiembre de 2015

Camilo Giraldo Giraldo

camilogiraldo[1]Trabajar, estudiar y divertirse son actividades que se realizan de un modo diferente,  según la época tecnológica. En la edad de hierro se laboraba, se aprendía y se vivía según los inventos y la tecnología adquirida hasta ese momento. Progresivamente, cuando surgían logros como la luz eléctrica, los aviones, la computación y la Internet el pensamiento vislumbraba nuevos horizontes y se cambiaba la manera de vivir la cotidianidad.

Así, el papel de la tecnología en la historia humana ha sido protagónico, ante todo, con el avance en las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC. Desde la década de los 90, el teórico Manuel Castell (La era de la información, 1999. Ed. Siglo XXI Editores) visionó que el desarrollo tecnológico en información generaría revuelos. Dijo que es “Una revolución tecnológica centrada en torno a la información que ha transformado nuestro modo de pensar, de producir, de consumir, de comerciar, de gestionar, de comunicar, de vivir, de morir, de hacer la guerra y de hacer el amor”.

La tecnología nos cambia por dentro y por fuera. El vínculo de miles años con los productos tecnológicos nos trajo a esta etapa en la que no tenemos vuelta atrás. La rutina y la psiquis humana están penetradas por la tecnología.

La interactividad de los dispositivos y aplicaciones liga cada vez más a las personas con los aparatos. Pronto se dialogará más con ellos que con los semejantes. Vendrá la etapa en la que conversar y comprender será cada vez menos común entre personas y más real entre humanos y máquinas. Así lo sugirió el sociólogo Zigmunt Bauman en una entrevista: “Estamos olvidando lentamente, o nunca lo hemos aprendido, el arte del diálogo”.

La cotidianidad entre aplicaciones

Aparatos cada vez más sofisticados reconfiguran, continuamente, la manera en que a diario desempeñamos las actividades físicas e intelectuales. Son artefactos –cuya obsolescencia es cada vez más rápida–  con sistemas operativos que evolucionan con celeridad. Tanto los aparatos como su infinidad de aplicaciones son cada día más sorprendentes (aunque no tanto para niños y jóvenes).

Trabajar y consumir, dos de las acciones que más influyen en  nuestra forma de vivir, están altamente atravesadas por la tecnología. Cada día son más imprescindibles los recursos tecnológicos que median estas dos rutinas: el trabajo, se basa en procesos que se realizan automáticamente con una autonomía que pone a sobrar la mente y las manos de las personas. Y en cuanto al consumo, la mayor parte de lo que adquirimos para alimentarnos o para usar, tiene la marca de la tecnología.

Pero ¿es malo o bueno tal apego a la tecnología?, ¿es correcto o incorrecto? no son cuestiones que se propone este escrito. Aquí, se convoca a la reflexión sobre la manera personal y colectiva como tejemos nuestra compleja relación con la tecnología.

Estilos de vida

El estilo de vida consiste en un conjunto de hábitos, comportamientos y pautas que sigue una persona en su cotidianidad. Un estilo de vida se define por los patrones de conducta que caracterizan a una persona y que se evidencian en el modo en que ejecuta las acciones diarias.

Actualmente, adoptamos estilos de vida que dependen, en gran medida, de la tecnología. Estamos obligados a usar artefactos y sistemas digitales en la mayor parte de las acciones diarias. De hecho, para algunos, las actividades en el mundo físico ya son casi nulas. Lo que necesitan está en el mundo digital.

Como resultado trabajadores, profesores, estudiantes, amas de casa, niños, adultos, empresarios… todos –con las debidas excepciones– necesitamos la tecnología; nuestra vida se desenvuelve a su ritmo. De ahí los estilos de vida, que ya ni asombro generan, de algunos jóvenes: cuando despiertan se conectan de inmediato con el mundo virtual, que es más “real” para ellos. Antes de lavarse los dientes o de otras necesidades básicas inician el chateo. Para algunos jóvenes es imperante levantarse primero a la vida digital, la que habitarán gran parte del día.

Tenemos pues, estilos de vida cuyo desenvolvimiento se basa, principalmente, en aparatos que comunican prodigiosamente, pero que a la vez “des-comunican” las personas. Estamos generando estilos de vida que afirman una banalización de las relaciones humanas, de la reflexión y del pensamiento crítico.

La Generación.com, según marcha el influjo de la tecnología, está naciendo a una nueva realidad, la virtual, con otros significados, con otros sentidos. Estilos de vida que dependen cada vez más de las máquinas, configurando así un nuevo mundo; un “lugar” con formas distintas de nombrarse y de realizar actividades.

Lo anterior nos recuerda que aún no conocemos una identidad definitiva del ser humano. Que cada vez son menos necesarias y significativas algunas rutinas cotidianas, pues nos estamos trasladando a nuevas realidades.

Esto quiere decir que apenas
desembarcamos en la vida,
que venimos recién naciendo,
que no nos llenemos la boca
con tantos nombres inseguros,
con tantas etiquetas tristes,
con tantas letras rimbombantes,
con tanto tuyo y tanto mío,
con tanta firma en los papeles.

(verso del poema “Demasiados nombres” de Pablo Neruda)

Estamos adentrándonos en innovaciones culturales, sociales y cotidianas con otras formas de vivir y de comportarnos. Estilos de vida que tendrán que analizar sicólogos, filósofos, antropólogos… O mejor. ESTO, deberíamos pensarlo entre todos.

Periodista. Oficina de Prensa
Universidad de Caldas