17 de mayo de 2021
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Escribir, la clave para aprender

14 de septiembre de 2015
Por Camilo Giraldo Giraldo
Por Camilo Giraldo Giraldo
14 de septiembre de 2015

Por Camilo Giraldo Giraldo

Periodista

camilogiraldo[1]La composición escrita es instrumento de aprendizaje. El acto de escribir promueve capacidad cognitiva para organizar o descubrir nuevas ideas. Ayuda a razonar más críticamente y a conceptuar mejor lo que se cree ya comprendido. La expresión escrita es en sí misma un proceso que clarifica el pensamiento.

Escribir es preguntarse; es intentar la búsqueda de respuestas o de afirmaciones que confirmen el nivel de comprensión sobre un tópico. En la composición escrita confluye el conocimiento que se tiene del tema y del idioma con el cúmulo de las vivencias y la apertura que se tenga para re-aprender. Escribir, en síntesis, es una buena manera de aprender o entender mejor, ya que el acto de la escritura es una reflexión sobre el propio saber. David Locke, en su libro La ciencia como escritura (1997, Ed. Cátedra), lo expresa de esta manera: “La escritura no sólo nos ayuda a recordar lo pensado y lo dicho: también nos invita a ver lo pensado y lo dicho de una manera diferente”.

Escribir se convierte en clave para aprender, por ejemplo, cuando se distingue bien que la expresión escrita, a diferencia de la oral, es más elaborada o re-pensada y, en muchas ocasiones, más profunda. El acto de escribir exige más argumentación o más cuidado lógico y gramatical. No se expresa en forma escrita lo mismo que cuando habla. El discurso oral, sin embargo, es una habilidad que se puede aprovechar como estrategia previa para la escritura: cuando se quiere escribir sobre un tema se discurre un poco sobré él, se reciben preguntas y se intenta resolverlas. O el mero hecho de exponer en voz alta, ayuda a organizar las ideas. Enseguida se empieza a escribir.

Aprender con la escritura, implica también vencer la hoja (o la pantalla) en blanco. Cuando esta situación se presenta, se puede empezar por escribir palabras o frases sueltas. Es una manera de exigir al cerebro concentración y producción. Al escribir al menos conceptos u oraciones, para iniciar por algo, se acumula material del que afloran múltiples maneras de construir frases o párrafos con coherencia y con sentido.

Entonces, la escritura ayuda a aprender, puesto que cada vez se logran frases más precisas, el razonamiento adquiere más potencia y las ideas se concretan y se distinguen las relevantes de las secundarias. En ese sentido, la escritura es una de las invenciones más poderosas, porque ha “impulsado y moldeado la actividad intelectual y puede enriquecer la psique humana, desarrollar el espíritu humano, intensificar su vida interior. La escritura es una tecnología interiorizada”, como afirma Walter Ong (libro Oralidad y escritura. La tecnología de las palabras, 1994, FCE).

La escritura es la forma óptima para evidenciar los puntos fuertes y los puntos débiles: es decir, lo que uno comprende a fondo, lo que le es confuso y lo que desconoce del tema. En el trabajo de redacción también emerge la coherencia entre las ideas y las palabras o entre la forma y el fondo del contenido. Por eso, escritura y aprendizaje no deberían desligarse, sobre todo en el salón de clase.