Fontur 2018
A otro perro con ese hueso…

A nadie como a Mockus se le podría aplicar la sentencia del Divino Cayo Julio César: “la mujer del César no solo debe ser honrada sino, también, parecerlo”.

Por: Octavio Quintero

Vale la pena recordar la lapidaria sentencia porque, aunque trillada, nos deja claro que el “impoluto” Mockus nos debe algo más que escudarse tras el parapeto jurídico de que solo es el presidente y no el representante legal de la Corporación Visionarios por Colombia, a la que, en uno de los muchos contratos con el Fondo de Programas Especiales para la Paz, se le imputó uno con ribetes de escándalo mayúsculo hace tres años: el FP-093, que aludía a la organización de una manifestación por la paz que el exalcalde llamó “Marcha por la vida”, llevada a cabo, como recordarán muchos, el 08 de marzo del 2015.

Ni siquiera hablemos de cuántos millones le dieron por esos “buenos oficios”, porque ese no es el referente de este editorial: hablamos de la moral pública que, en tiempos del emperador Julio César (27 a. C y 14 d. C) –: ¡un par y pico de miles de años atrás!—, lo que hace imposible que un filósofo de la talla de Mockus no la sepa, y si ese es el caso, la historia es ésta:

Julio César se divorció de su esposa Pompeya, al saber que había asistido a una Saturnalia (orgía sexual que se permitían las damas romanas de la aristocracia en algunas oportunidades). Anunciado el divorcio, las más conspicuas matronas del patriarcado romano le dijeron al emperador que Pompeya sí había asistido, pero solo como espectadora, a lo que les respondió: “La mujer del César no solo debe ser honrada sino, también, parecerlo”.

Desde entonces, parafraseando a Julio César, cuando una persona cae bajo la duda de haber cometido un acto deshonesto, aun cuando no esté comprobado lo doloso del mismo, se dice: “no solo hay que ser sino parecer”.

Este escándalo del 2015 se diluyó sin más explicación, y revive ahora que el exalcalde pone la segunda votación más alta de candidatos al Senado por la Alianza Verde, partido que, además, lidera la popular consulta contra la corrupción en cabeza de Claudia López, hoy candidata a la vicepresidencia en la fórmula de Sergio Fajardo, y su pareja sentimental, Angélica Lozano, electa senadora en el pasado debate.

Una aclaración: revive el escándalo, no porque sea el mismo de hace tres años, sino porque la corporación, Visionarios por Colombia, presidida por Mockus, ha seguido gozando de jugosos contratos del Estado a través del mismo Fondo de Programas Especiales para la Paz… Y la respuesta ahora es que el exalcalde, aunque figura como presidente de la corporación, no es su representante legal.

O sea, apelando a la imaginación, y sin mucho esfuerzo mental, Mockus llama a Santos y le propone cualquier vaina relacionada con la paz: una marcha, un afiche, una frase, una mueca o cualquier payasada; los dos convienen el precio y el tiempo del contrato que se firma entre el gerente del fondo estatal y el representante legal de Visionarios por Colombia, quedando los dos, Santos y Mockus, “como unos príncipes”.

Y ahora trinan por lo más alto los altos periodistas de este país llamando “descarados” a los que ponen (ponemos) en duda la gestión “desinteresada” por la paz del “inmaculado” Mockus.
Fin de folio.- El problema no es que nos mientan tanto. El problema es que les creemos (grafiti).

Grupo Editorial El Satélite