19 de mayo de 2024

Editorial ¿Se Cierra la Billetera del Consumidor Colombiano?

Por La Redactora
15 de marzo de 2024
Por La Redactora
15 de marzo de 2024

A pesar de superar la escasez y la inflación decreciente, los comerciantes colombianos se encuentran al borde de un abismo de demanda en caída libre.

 

En su Bitácora Económica más reciente, la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco) ha revelado una dura realidad que impacta al comercio colombiano: los volúmenes de ventas de febrero de 2024 han alcanzado el registro más bajo desde 2017. Este dato no es simplemente una estadística más en el vasto océano de cifras económicas, sino un indicador preocupante de un problema que parece haberse arraigado en el sector comercial del país.

A pesar de haber superado la escasez de productos y de presenciar una disminución en la inflación, los comerciantes se enfrentan ahora a un precipicio de demanda decreciente. La inflación, ese espectro que ha acechado la economía colombiana, parece estar retrocediendo, pero no por las razones que muchos esperarían. La teoría que gana terreno es que la reducción de la inflación no es el fruto de un mercado equilibrado, sino la consecuencia directa de un consumidor que ha cerrado su billetera frente al alto costo del dinero y unos precios que se disparan desproporcionadamente en comparación con los ingresos familiares.

Las cifras respaldan esta teoría. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) ha informado que la producción de la industria manufacturera experimentó una caída del 4,3% en enero de 2024. Sectores clave como la fabricación de vehículos automotores, los productos textiles y la confección de prendas de vestir han sufrido descensos significativos, con reducciones del 34,3%, 19,8% y 14,0% respectivamente.

Este fenómeno no se limita a la manufactura; se proyecta como una sombra sobre otras industrias esenciales como la construcción y el comercio. El consumo, ese motor de la economía, parece haberse estancado, con los ciudadanos reacios a gastar debido a las altas tasas de interés y a una notable falta de nuevas oportunidades de empleo formal. Este panorama desalentador empuja a la economía hacia un estado de letargo, un limbo peligrosamente cercano a la deflación.

Frente a este escenario, el gasto público surge como un faro de esperanza, la posible solución para reactivar el consumo y revitalizar una economía que hoy se encuentra en un punto de inflexión. Sin embargo, con la ejecución extremadamente baja de la inversión pública, ¿será esto posible?