5 de junio de 2026
Jorge Enrique Pava Quiceno
Manizales nos necesita
Manizales está destruida. Aguas de Manizales, Invama, Instituto de Cultura y Turismo, Infimanizales, People Contact, Cable Aéreo, ERUM, Emsa, Assbasalud, PTAR y Terminal de Transportes totalmente saqueados, inviables, endeudados, sin norte y al borde de la quiebra.
Un tiro en el pie con el fallo contra Álvaro Uribe
No cabe duda de que los fallos judiciales hay que acatarlos y respetarlos. Es una de las bases del Estado de derecho por el que millones de colombianos nos la hemos jugado, y al que le seguiremos apostando mientras nos dejen vivos.
Fatal ley de impunidad total
Lo veíamos venir: el presidente que llegó al Gobierno mediante acuerdos sibilinos con los peores criminales de Colombia, tenía el compromiso de generarles impunidad y lavado de sus fortunas.
¡Qué vergüenza!
Después del ridículo que hizo Petro el martes con sus balbuceos, desvaríos, mentiras e incoherencias, concluimos que este individuo es un caso perdido.
Manizales renace
Manizales, después de 18 meses del tsunami devastador, corrupto, desgraciado y ruinoso del Gobierno de Carlos Mario Marín, superó ya la etapa de análisis del desastre, hallazgo de soluciones e implantación de planes y programas.
Aerocafé y nuestra pusilanimidad
Nada más alejado de la realidad, pues esta obra es ley de la República, de autoría de Carlos Felipe Mejía (de obligatorio reconocimiento), y su destrucción solo podría originarse en otra ley que la derogara.
¡Colombia, en manos de terroristas!
Uno de los últimos desafíos de Gustavo Petro fue subir a su tarima en Medellín a un grupo de delincuentes de altísima peligrosidad, condenados por la justicia colombiana, y que se encuentran pagando sus penas bajo la custodia del Estado.
¡Gracias, Gustavo Petro!
Presidente: sé que mi humilde opinión es irrelevante ante tu omnipotencia, pero hoy quiero agradecerte por el cambio que terminaste implantando en Colombia.
Odio a Petro
Sabemos que los criminales del M-19 no hablan carreta, pues hace 40 años lo demostraron cuando, para proteger a los capos de la mafia, asesinaron magistrados, jueces y gente del común en el magnicidio del Palacio de Justicia.
El poder de un dictador
¡Delira! Y con sus delirios nos arruinamos todos. Y, lo peor, en silencio. Porque los buenos nos convertimos en asistentes silenciosos y, por ello, corresponsables de la catástrofe.