12 de mayo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Veinte años de una oportunidad incomprendida

25 de agosto de 2014

Porque, para problemas nuevos, podrían no ser suficientes los esquemas institucionales actuales. El Humboldt no es una institución científica convencional: surgió con la misión de promover, coordinar y realizar la investigación relevante para la toma de decisiones que afectan la biodiversidad. Tema profundamente incomprendido, por el limitado espacio que se le otorga a la gestión ambiental y a la investigación.

Y no deja de ser paradójico: en esta celebración fue evidente la admiración por lo que (en su momento) fue una gran innovación institucional que quiere ser entendida e imitada en algunos países. Por eso la pregunta de por qué estaría tan desfinanciada la investigación sobre la biodiversidad sólo se puede responder con otra: ¿hasta dónde queremos llegar?

Unos cuantos miles de millones de pesos puestos en el Humboldt y los otros institutos del Sistema Nacional Ambiental, más lo que logran hacer las universidades y otros centros, resulta totalmente insuficiente para responder a los retos y abrazar las oportunidades territoriales de una gestión de adaptación basada en la biodiversidad.

La biodiversidad, vista desde la lupa de su conservación, no se arregla con el gesto litúrgico de crear espectaculares áreas protegidas. Vista como oportunidad de creación de valor económico, tampoco se enmienda con una casi simbólica inversión en bioprospección, biotecnología, biocomercio, bioseguridad…

Investigar la biodiversidad se traduce hoy en la necesidad de profundizar el conocimiento para la gestión adaptativa de los bienes, servicios y amenazas de la naturaleza en el territorio. ¿Hay acaso alguna empresa colectiva con más importancia y urgencia? La creación de un instituto científico en la interfaz entre el conocimiento y la acción fue algo visionario hace veinte años. Una oportunidad incomprendida, tal como se recomienda hoy en el Panel Internacional de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos de las Naciones Unidas.

Pero el sistema de instituciones para el conocimiento de la biodiversidad, y su nodo central, está desfinanciado. Estamos, pues, celebrando una idea todavía innovadora, parcialmente desarrollada, pero que frente a los retos y oportunidades de hoy podría consolidar una gran frustración. El Instituto Humboldt, con la red de instituciones que trabaja, podría ser la pieza faltante para articular crecimiento económico y equidad, sostenibilidad económica, transformación del territorio y resiliencia ante el cambio climático.

¿Cómo piensan ambientar la paz y el crecimiento económico sin un conocimiento aplicado a las transformaciones del territorio? El Instituto Humboldt sigue siendo el sueño menos comprendido del Sistema Nacional Ambiental, que se correlaciona con el tamaño de la pesadilla socioambiental en que se ha convertido vivir en Colombia.

EL ESPECTADOR/BOGOTA