23 de julio de 2026

«Dejad que los niños se acerquen a mí»

3 de diciembre de 2025
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
3 de diciembre de 2025

Mateo 19:14
“Dejad que esos “guipas” nos sirvan aquí…
Iván Mordisco, Guaviare 2025

En las actuales circunstancias resulta doloroso y difícil abordar el tema, en este caso, el lamentable incidente que ha causado tanta alharaca, pedaleado por congresistas críticos y agudos analistas de los medios de comunicación que en el pasado, de una y sin tapujos condujeron a la censura y renuncia del Ministro de la Defensa de entonces y de paso, abrieron una siniestra caja de Pandora de consecuencias inmediatas impredecibles. Porque, la verdad sea dicha, el debate desatado contra el saliente ministro, contra el accionar de la fuerza pública y contra el gobierno del presidente Duque, fue parte de la cuota inicial de un muy elaborado espectro de propósitos y tendencias desestabilizadoras tal como lo anunció a voz en cuello un exultante Diosdado Cabello, siniestro personaje, segundo en el escalafón del patético e ilegítimo régimen venezolano. Pareciera que los promotores de esos movimientos, encabezados por gelatinosos parlamentarios y dirigentes políticos, secundados por movimientos sindicales de maestros, comunidades de estudiantes extremistas, mingas indígenas y otras hierbas semejantes, añoraran con inusitada fruición las “libertades” de las que se disfruta en Cuba, la “abundancia y los progresos” alcanzados por la revolución del Siglo XXI en Venezuela o la “esplendidez democrática” de Nicaragua.

Dichas intervenciones han alcanzado lo que hasta ahora parecía absurdo y carecía de sentido. Como sacada de la chistera de un mago y en un dos por tres, lograron revertir la maldad de una conducta criminal como ha sido internacionalmente reconocido el reclutamiento forzado de menores por grupos armados al margen de la ley, en una posición decente y aceptable y en un valioso escudo al servicio de los delincuentes para utilizar de ahora en adelante y sin restricciones de ninguna especie a niños, transformar y corromper sus inocentes vidas campesinas convirtiéndolos en carne de cañón y en aventajados criminales, extorsionistas, asaltantes, secuestradores y asesinos y a niñas y jovencitas para prostituirlas sometiéndolas a vejámenes incalificables mediante la servidumbre sexual obligatoria. Y de paso, y en su papel más valioso para sus propósitos criminales, tornarlos en dóciles escudos humanos, sensibles e intocables.

Extremadamente triste resulta para toda persona con sentido común y una pisca de humanidad el sacrificio de vidas que hasta ahora están en sus inicios como sucedió en el caso de los 23 jóvenes cadetes sacrificados en el infame atentado contra la Escuela de Cadetes de Policía General Santander o en el de los 48 infantes que entre el total de 79 muertos, cayeron destrozados por los “tatucos” rellenos de metralla lanzados contra la iglesia de Bojayá, en el Chocó, todos ellos tan injustamente sacrificados como lo fueron las víctimas juveniles resultantes del pasado ataque de las Fuerzas Militares a la guarida de “Gildardo Cucho”, cabecilla de las disidencias narcoterroristas de las Farc, o los siete menores que perecieron el 10 de noviembre de 2025 en el bombardeo contra las disidencias de “Iván Mordisco”, autorizado por el Primer Mandatario.

Su injustificada presencia en ese lugar es una irregularidad atribuible única y exclusivamente a los reclutadores irresponsables y desalmados que sacaron a la fuerza a los menores del seno de sus familias para exponerlos a tales riesgos. No se puede perder de vista que la tarea de sembrar minas “quiebra patas” o llevar al hombro los casi cinco kilos de peso de un fusil de asalto Kalashnikov AK-47, de diseño y fabricación rusa, arma que en manos de un adolescente campesino, acostumbrado a las rutinas agrícolas de su entorno pastoril, luego de un breve entrenamiento, tiene la misma letalidad y capacidad de daño que si fuese sembrada o el fusil empuñado por un curtido delincuente adulto, tal como ha quedado demostrado en testimonios de víctimas y victimarios. El incalculable perjuicio que tales obligaciones siembran en las mentes de tales jovencitos, es de proporciones inconcebibles y efectos dañinos irreparables.

En la frescura y fragilidad de sus conciencias se implanta el corrosivo germen del crimen ya que se les enseña a odiar y a perderle el asco al acto de matar a un ser humano a tiros o puñaladas, conducta que no tiene perdón de Dios ni redención fácilmente alcanzable. En eso radica la perversión de esa especie de vinculación y tal clase de adoctrinamiento. Y si de contera le sumamos ahora el reconocimiento de la calidad de blancos protegidos, que alguien diga, cómo diablos debe proceder nuestra Fuerza Pública para poder cumplir con sus deberes constitucionales de combatir a tales delincuentes, proteger la soberanía nacional, la integridad del territorio y la vida, honra y bienes de todos los colombianos, sin afectar a los menores que contra su voluntad, han formado, forman y seguirán formando parte de sus filas como combatientes obligados, esclavos sexuales y escudos humanos prescindibles.

¿Será preciso que antes de actuar legítimamente contra un grupo de delincuentes, se les deba pedir la cédula para comprobar la mayoría de edad de los transgresores armados presentes en cada ocasión? ¿O será razonablemente necesario solicitarles previamente a sus cabecillas que, antes de cada proyectada embestida de las fuerzas del orden, se sirvan trasladar a sitios seguros a los menores presentes en sus campamentos? Tales reflexiones suenan tan absurdas como absurdo es el reconocimiento que ha resultado de la “cristianización” del reclutamiento forzado de menores por parte de los grupos al margen de la ley.

Muy reconocidos con la diligencia del regreso a su antiguo estatus y a la conquista del reconocimiento, adecentamiento y “legalización” de su acostumbrado escudo de seguridad deben estar los grupos de narcoterroristas, disidentes y criminales que han recibido patente de corso para refrescar sus filas con la apertura lograda por licencia gestionada y obtenida a tan bajo precio y con tal urgencia, gracias a la efectiva intervención de sus generosos agentes y patrocinadores.

¡Acérquense muchachos, vengan niños y niñas, que aquí los recibimos (y los entrenamos), con los brazos abiertos..!