Torpe, ciega y sordomuda
Hace muchos años, conocí el singular caso de un vecino de una pequeña finca de mi familia, que era dueño de un enorme gallinero en el cual, entre otros avechuchos, criaba pavos, finas gallinas de Guinea y costosos gallos de pelea. Este vecino se quejaba con frecuencia de su propio perro guardián, dizque porque ladraba mucho por las noches y no le permitía conciliar el sueño a él ni a los miembros de su numerosa familia. Tanta fue su impaciencia e intolerancia con el comportamiento del hiperactivo gozque ladrador, que, en el colmo de su estupidez y estulticia, y con unos cuantos copetines encima, resolvió solucionar de tajo el inconveniente y le aplicó en el interior de cada oreja unas gotas de lejía, que le causaron sordera al inocente can, que desde entonces se “echó con las petacas” y no volvió a importunar con sus ladridos y señales de alarma a su ingrato amo ni a su familia.
Los que no estuvieron para nada de acuerdo con la cruel y estúpida medida fueron sus elegantes pavos, sus gallinas de raza y los gallos de pelea, que desde ese momento vivieron su plumífera existencia soportando el continuo asedio de zorros y comadrejas que en varias ocasiones habían probado la rejuda carne de esos atletas de lucido plumaje, desafiante cresta y amenazantes espuelas. Sin el servicio de inteligencia y alarma temprana ofrecido por las atentas orejas del leal guardián de esa heredad, el gallinero del pazguato granjero padeció las frecuentes visitas de toda suerte de hambrientos merodeadores que gustosos aprovechaban la esplendidez de una mesa servida con tan generoso menú de exquisiteces.
Los riesgos del granjero hacen pensar en lo sucedido con la divulgación de la presunta existencia y utilización del software “Pegaso”, recurso de ciberseguridad, conocido con el nombre del corcel alado de la mitología griega, creado por la empresa israelí NSO, que tan injustificado escándalo mediático ha generado en algunos sectores de la desinformada y manipulable opinión pública de nuestro país. La mencionada empresa de tecnología deriva su nombre del acrónimo formado por las iniciales de los nombres de sus tres fundadores, Niv Carmi, Shalev Hulio y Omri Lavie, quienes desde un principio limitaron su disponibilidad exclusivamente a gobiernos e instituciones de seguridad de carácter estatal. La verdad sobre la adquisición y utilización irregular de esta herramienta tecnológica por parte de alguna agencia de seguridad del gobierno colombiano es materia de investigación y hasta ahora, está por verse.
Se da por descontado que una herramienta con los alcances tecnológicos de este tipo de “software”, usado dentro de los límites señalados por la ley, es de utilidad vital para alcanzar resultados exitosos en la persecución de la delincuencia. En nuestro país, asediado por el azote del narcoterrorismo, la agobiante corrupción de políticos y funcionarios de altos niveles de nuestra administración pública, y una delincuencia común que se da el lujo de imponer su dominio en campos y ciudades, donde administra a placer sus ataques contra la vida, honra y bienes de los ciudadanos, sin excluir las mismas cárceles, convertidas en cuarteles generales de muchos cabecillas de la delincuencia organizada, desde donde, tranquilamente mueven sus fichas, dan órdenes a sus esbirros y sicarios, extorsionan y planean sus actividades criminales.
El problema planteado con la divulgación de la existencia y alcances de “Pegaso” en manos de nuestras autoridades, si este fuera el caso, es que sus capacidades de anticipación, inteligencia y reacción oportuna contra la poderosa delincuencia organizada podrían quedar disminuidas y, coloquialmente hablando, con los “calzones abajo”. O, como dice Shakira en una de sus más conocidas canciones, “Torpe, ciega y sordomuda…”
Al menos es lo que anunció públicamente el “Grupo EGMONT de Unidades de Inteligencia Financiera”, organización multilateral que reúne más de 170 agencias de inteligencia financiera de gobiernos de todo el mundo, que coordina el intercambio de información de investigaciones relacionadas con el lavado internacional de activos, persecución de recursos y bienes de grupos terroristas, y dineros provenientes de actividades ilegales, adelantadas por las agencias de inteligencia de todo el mundo. Obviamente, el manejo e intercambio de dicha información debe someterse a estrictos protocolos de ciberseguridad y severos compromisos de confidencialidad, rigurosamente respetados a nivel mundial.
Según la advertencia del grupo EGMONT, la divulgación de un documento probablemente perteneciente al “canal cerrado” de esa organización supone la violación del principio de confidencialidad exigido por la naturaleza altamente sensible de las fuentes de información y las investigaciones reservadas que se encuentran en curso. Por ello, considera que el sistema de información financiera administrado por la UIAF Colombia (Unidad de Inteligencia y Análisis Financiero de Colombia) perdió su nivel de confiabilidad y podría quedar al margen de la valiosa red de intercambio de información financiera a nivel internacional que tanto necesitan nuestras agencias de inteligencia para combatir con éxito el trasiego de dineros mal habidos, operaciones financieras y movimientos bancarios de narcotraficantes, delincuentes comunes, terroristas y funcionarios públicos corruptos. Los casos recientes de coimas, sobornos, desaparición y desvío criminal de recursos públicos confirman estos temores.
Es una verdad tan evidente y sólida como la piedra del Peñol de Guatapé, que la inmensa mayoría de naciones y gobiernos del mundo, de cualquier sistema ideológico y tendencia política que lo conduzca, apela al uso de sistemas semejantes de inteligencia para prevenir y perseguir la enorme variedad de amenazas de la delincuencia y el terrorismo contra la seguridad del Estado, de sus instituciones, sus autoridades, leyes, su población, su economía, su infraestructura y su gobierno. Que la utilización de tales herramientas de información e inteligencia debe estar ajustada a principios de moralidad, pulcritud y transparencia, nadie lo discute, ya que en toda gestión dirigida por humanos existe el riesgo de incurrir en el mal uso de los recursos físicos, tecnológicos o financieros destinados al servicio de la seguridad de un Estado, susceptibles de ser desviados ilícitamente de sus propósitos en favor del bien común.
Grosso modo, el mentado “Pegaso” es un software muy sofisticado que invade y se instala autónomamente en la memoria de un celular, tableta o computador, aprovechando vulnerabilidades de sus sistemas operativos, a través de aplicaciones y redes sociales como iMessage, Facebook, Viber, Telegram, WhatsApp y Skype, sin necesidad de que el usuario de sistemas Apple o Android conteste, atienda o haga clic en sus dispositivos receptores. Una vez instalado el “software” invasor, por este “agujero” es posible escuchar conversaciones privadas, leer mensajes cifrados, seguir por geolocalización los movimientos precisos y permanentes del usuario, acceder a sus claves, información financiera y demás datos reservados, sin que los sujetos observados se den por enterados.
La existencia de este “malware” fue accidentalmente detectada en los teléfonos de algunos usuarios muy sensibles, que de inmediato se quejaron por algún mensaje sospechoso en sus dispositivos, así que en agosto de 2016, Apple creó de inmediato un “parche” incluido en la actualización de su versión iOS 9.3.5, que corrigió las tres vulnerabilidades de seguridad críticas explotadas por “Pegaso”. Amnistía Internacional realizó por su cuenta un análisis forense en los teléfonos móviles de posibles objetivos, luego de lo cual identificó en esos momentos al menos 11 países como clientes de NSO, entre los cuales figuraban Azerbaiyán, Baréin, Hungría, India, Kazajistán, México, Marruecos, Ruanda, Arabia Saudita, Togo y Emiratos Árabes Unidos. No obstante, hay versiones de que ha sido utilizado además por Israel, Turquía, Tailandia, Catar, Kenia, Uzbekistán, Yemen y Nigeria.
En 2011, el presidente mexicano Felipe Calderón expresó su reconocimiento a la empresa NSO por el resultado exitoso logrado por sus fuerzas de seguridad en la localización y captura del elusivo narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien había demostrado su capacidad criminal y poder de corrupción con sus célebres fugas de prisiones mexicanas de alta seguridad. Así mismo, existen indicios que atribuyen al uso de “Pegaso” la localización, seguimiento y posterior asesinato de Jamal Khashoggi, columnista del Washington Post, periodista y disidente saudí, por un grupo de agentes encubiertos del gobierno de Arabia Saudita en hechos ocurridos en el consulado saudí de Estambul el 2 de octubre de 2018.
Por ello, en circunstancias tan comprometidas y serias, es aconsejable abstenerse de incurrir en excesos o de actuar con la “clarividencia” y creatividad del policía que, según se cuenta en un viejo chiste flojo, en un retén callejero de control de porte ilegal de armas, detiene a un ciudadano, le pide y practica una minuciosa requisa, luego de la cual confirma que el tipo anda desarmado, pues únicamente le encuentra su identificación personal y el dinero de la quincena que porta en la billetera, pero procede a arrestar al “sospechoso” y retener la “evidencia”, argumentando que con la plata que lleva encima, el sujeto podría estar pensando en comprarse un revolver.