El Solitario Héroe de My Lai
“Quienes tomamos decisiones sobre Vietnam durante los gobiernos de Kennedy y Johnson, actuamos de acuerdo a lo que pensábamos eran los principios y tradiciones de esta nación. Procedimos de acuerdo con esos valores. Pero estábamos equivocados, terriblemente equivocados. Estamos obligados a explicar a las futuras generaciones por qué actuamos en esa forma…”
Robert S. Mc Namara, Secretario de Defensa USA de 1961 a 1968.
El pasado 16 de marzo de 2024 se cumplieron 56 años de la ocurrencia de uno de los episodios más trágicos y dolorosos de la historia militar contemporánea. En la mañana de ese 16 de marzo de 1968, durante la guerra de Vietnam, efectivos de un pelotón al mando del Teniente 2º (Subteniente) William Laws Calley, de la compañía C del Capitán Ernest L. Medina, Primer Batallón, Brigada 11 de la 23ª División de infantería del ejército norteamericano, al mando del Mayor General Samuel Koster, llegaron a My Lai, pequeña aldea cercana al pueblo de Songmy en la provincia de Quang Ngai, en Vietnam del Sur, donde, según informes de inteligencia, entre sus 700 habitantes podrían estar refugiados algunos guerrilleros Vietcong, así que prendieron fuego a las chozas y atacaron con granadas de mano, ráfagas de fusiles M16, ametralladoras M-60 y fusiles lanzagranadas M-79 a los aldeanos, causando la muerte de 504 personas, la gran mayoría mujeres, ancianos y niños, desde bebés de brazos hasta menores de 12 años, muchos de los cuales fueron rematados con bayonetazos y cuchilladas. Igualmente fueron muertos todos los animales domésticos, las reses que pastaban en las inmediaciones del caserío, quemados los alimentos almacenados y envenenados los depósitos de agua potable.
Mientras las tropas adelantaban estas actividades, pasó sobre la aldea un helicóptero de exploración del ejército estadounidense piloteado por el TE Hugh Clowes Thompson con el tripulante Glen Andreotta y el artillero Lawrence M. Colburn, cada uno a cargo de las ametralladoras de la aeronave, quienes desde el aire vieron una considerable cantidad de cuerpos amontonados en una zanja, entre los cuales captaron movimientos de algunos de los heridos. Thompson descendió sobre la escena, ofreció ayuda para auxiliar a los que aún estaban con vida, recogió a una niña herida y la condujo a un hospital cercano y regresó al escenario de los hechos en momentos en los que efectivos del TE Calley perseguían a un grupo de aldeanos sobrevivientes, por lo cual se interpuso entre los soldados y los perseguidos y por el altavoz increpó al teniente Calley instándolo a detener la persecución con la amenaza de abrir fuego contra los perseguidores, sus propios compañeros y compatriotas.
Con su decidida intervención, salvó la vida a los aterrados lugareños que pretendían salvarse huyendo del lugar. El único estadounidense herido en My Lai fue el soldado Herbert Carter quien, como único recurso para evitar participar en las atrocidades que estaban protagonizando sus compañeros, optó por dispararse intencionalmente un tiro de su pistola .45 en un pie, para lograr su inmediata evacuación del lugar.
Por su parte, el Sargento Ronald L. Haeberle, fotógrafo de combate del Ejercito, del pelotón Calley, además de dos cámaras de dotación oficial con película en blanco y negro para las fotografías oficiales de la campaña, portaba una cámara de su propiedad con película a color, se propuso registrar el testimonio gráfico de la lamentable jornada que por la crudeza de imágenes de ensangrentados cadáveres de ancianos, madres, adolescentes y bebes tiroteados, publicadas por el diario Cleveland Plain Dealer el 20 de noviembre de 1969 y por la revista LIFE el 5 de diciembre de 1969, año y medio más tarde del caso, estremeció la opinión pública del mundo entero, afectó seriamente la imagen del gobierno de Nixon y fortaleció la protesta y el repudio de la opinión pública norteamericana al impopular compromiso de sus fuerzas armadas con un conflicto, tan lejano y para muchos, tan ajeno.
El TE Thompson informó de inmediato al comandante del Batallón, Teniente Coronel Frank A. Barker sobre las acciones irregulares contra civiles desarmados de las que estaba siendo testigo, información que llegó a oídos del Mayor General Samuel William Koster, Comandante de la 23ª División de Infantería. Barker ordenó detener las acciones, aunque ninguna autoridad de la cadena de mando se pronunció sobre el incidente ni emitió juicio alguno sobre un evidente crimen de guerra, ajeno al ideario del soldado honesto, justo y generoso, dispuesto a dar su vida en defensa de la libertad y los principios democráticos del mundo entero. Por el contrario, se intentó ignorar y encubrir la ocurrencia de tales excesos.
El soldado Ronald Lee Ridenhour artillero de un helicóptero de otra unidad que no participó en el incidente, pero se enteró sobre lo sucedido en My Lai por informes y comentarios de compañeros de unidades cercanas, comparó y analizó por su cuenta testimonios y relatos sobre el caso y, ya retirado del servicio, decidió dirigir una carta al Presidente Nixon fechada el 29 de marzo de 1969 y remitir sendas copias a 5 altos funcionarios de la Secretaria de Estado, al Pentágono y a 25 miembros del Congreso, con la descripción detallada de la matanza y señalando al TE William Calley como criminal de guerra.
Basado en el informe de Ridenhour, el Pentágono abrió una investigación sobre los acontecimientos de My Lai, en la cual el TE Thompson narró los detalles al investigador Teniente General William Peers, que fueron conocidos por el periodista Seymour Hersh quien profundizó sobre el tema y describió los hechos en crónicas publicadas los días 13, 20 y 25 de noviembre de 1969 en el diario St. Louis Post Dispatch, por lo cual se hizo acreedor de un Premio Pulitzer de periodismo. Melvin Laird, Secretario de Defensa del gobierno Nixon, de acuerdo con Henry Kissinger, se proponía minimizar la gravedad del asunto, lo que resultó impracticable luego de la divulgación periodística y el escándalo a escala mundial resultante.
A fines de 1969, el TE Thompson fue citado a Washington para comparecer ante una sesión especial cerrada del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, donde fue recibido con acidas críticas por varios congresistas, entre ellos su presidente Mendel Rivers, quien lo acusó de traición, afirmando públicamente que era el único soldado en My Lai que merecía ser castigado por haber amenazado y apuntado sus armas contra soldados estadounidenses, sus compañeros, por lo que propuso, sin éxito, someterlo a un consejo de guerra.
Las investigaciones en el Pentágono condujeron a la convocatoria de una corte marcial en la que fueron acusados 26 militares, entre ellos 11 oficiales, incluido el CT. Ernest Medina, Comandante de la Compañía. Todos ellos resultaron absueltos con excepción del TE Calley, sindicado como autor del asesinato de 22 civiles vietnamitas, por lo cual fue condenado a cadena perpetua, pena que terminó convertida en tres años y medio de detención en un cuartel militar y luego en arresto domiciliario, antes de que el Presidente Nixon le otorgara el indulto definitivo.
Calley nunca negó su participación en lo sucedido, aunque siempre aseguró que solo cumplía órdenes superiores. Hoy, con 81 años de edad, vive en algún lugar del sur de los Estados Unidos. En agosto de 2009, durante una pequeña reunión en el Club Kiwanis de Columbus, Georgia, por primera vez se disculpó públicamente por su conducta con las siguientes palabras: “No hay día en que no sienta remordimiento por lo que ocurrió aquel día en My Lai. Siento remordimiento por los vietnamitas que murieron, por sus familias, por los soldados estadounidenses y por sus familias. Lo siento mucho…”
Poco después del episodio en My Lai, el TE Thompson, fue condecorado con la Distinguished Flying Cross, (Cruz de Vuelo Distinguido) por haber rescatado una niña en My Lai, en medio de intenso intercambio de disparos con el enemigo, motivación maquillada y ajena a la verdad, que fue rechazada por Thompson, quien en un gesto de honestidad, prefirió repudiar el premio y tirar esa medalla a la basura. Posteriormente, por sus testimonios ante la Corte Marcial, fue tratado con marcada hostilidad por el Ejercito y los representantes del gobierno y además, perseguido y despreciado por gran parte de la opinión pública estadounidense, amenazado de muerte con llamadas telefónicas anónimas y acosado en su residencia con mensajes ofensivos, animales descuartizados tirados frente a su entrada o colgados en sus ventanas y en los árboles de su jardín.
Solamente hasta 1998, treinta años después de su valerosa intervención en My Lai, su acción fue reivindicada como un acto honorable y valiente por lo cual fue condecorado con la “Medalla al Soldado” la más elevada presea otorgada por el Ejército estadounidense por valor en acciones ajenas al combate directo con el enemigo, distinción concedida también a sus compañeros, el artillero Ronald Colburn y en forma póstuma al tripulante Glen Andreotta, muerto en acción por fuego enemigo el 8 de abril de 1968, es decir 23 días después de su heroica actitud como salvador de vidas de vietnamitas inocentes en My Lai. En varias ocasiones fue invitado especial a Vietnam para asistir en My Lai a ceremonias de conmemoración de aniversario de la tragedia, donde fue recibido con muestras de cariño y gratitud por algunos de los sobrevivientes y sus familias. Finalmente Thompson, quien sufrió severos episodios de stress post traumático, murió de cáncer el 6 de enero de 2006, poco antes de cumplir los 63 años de edad.
El Mayor General Samuel Koster, comandante de la 23ª División de Infantería, resultó afectado en su carrera militar, pues fue señalado por encubrimiento en el caso de My Lai, por lo que fue degradado a Brigadier General y despojado de la condecoración Medalla de Servicios Distinguidos ganada por su desempeño en ese conflicto. Al colapsar su esperada promoción a Teniente General, perdió el cargo como Superintendente (Director) de la prestigiosa Academia Militar de West Point, cargo para el que era indispensable ser portador de las tres estrellas plateadas, distintivo de ese escalón del generalato del Ejército de los Estados Unidos.
Las repercusiones morales y éticas relacionadas con este icónico caso de la historia militar de los Estados Unidos, han servido de base para un replanteamiento en la definición de la escala de valores y principios en los programas actuales de formación de oficiales de la Academia Militar de West Point.