13 de junio de 2026

El nuevo gobierno de Estados Unidos

23 de enero de 2017
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
23 de enero de 2017

albeiro valencia

Después del primer presidente afroamericano llegó otro mandatario completamente diferente: un magnate millonario, que con su discurso populista prometió devolver el sueño americano a los blancos nacionalistas, crear empleo y transformar su país en la primera potencia del mundo. Se convirtió en un símbolo de lucha contra los políticos tradicionales, corruptos, arrogantes y prepotentes, que se creen los dueños de la gran nación. Como consecuencia, en una campaña política de 18 meses, por la vía rápida del populismo, sembrando mentiras, cuestionando los valores democráticos tradicionales y aprovechando la crisis de los partidos, aplastó a la clase política y arrinconó a los medios de comunicación.

Entendió que con la caída de la Unión Soviética no llegó el dominio absoluto de Estados Unidos; y que, a raíz de las guerras en Afganistán e Irak, de los conflictos sembrados por George W. Bush y de la Primavera Árabe, los pueblos estaban cambiando radicalmente. El fin de la Guerra Fría había producido un mundo multipolar. Obama no pudo cambiar las cosas a pesar de sus buenas intenciones, y los estadounidenses se sentían ciudadanos de un país tercermundista. El neoliberalismo y la globalización golpearon la economía de Estados Unidos y el país entró en recesión desde 2008; el gobierno apoyó a los grupos financieros responsables de la crisis y el pueblo tuvo que asumir las consecuencias, porque se disparó el desempleo. Mientras tanto China aparecía como una potencia económica y Vladimir Putin le devolvía a Rusia parte del prestigio perdido. Entonces Trump llegó como el salvador: un millonario que se enfrenta a la clase política para sacar del caos a los estadounidenses blancos empobrecidos, que iba a cerrar las fronteras y a convertir el país en la primera potencia del mundo.

La nueva era

El discurso de posesión siguió la misma línea nacionalista y populista de su campaña política. No se preocupó por cerrar las heridas y, aunque su popularidad es apenas del 40%, siguió repitiendo las consignas que lo llevaron al poder: Estados Unidos primero; generar nuevos empleos y beneficiar a los estadounidenses; no solo comprar estadounidense sino contratar estadounidense; por muchos años hemos enriquecido a industrias extranjeras y hemos subsidiado ejércitos en otros países; hemos defendido fronteras pero no las propias; hemos hecho a otros ricos mientras nuestra riqueza desaparece; uniremos al mundo civilizado contra el terrorismo islámico radical; Hoy no estamos transfiriendo el poder de una administración a otra, o de un partido a otro. Se lo estamos quitando a Washington y regresándolo al pueblo. Fue un discurso radical que ayudó a polarizar más el país. Atacó a los gobernantes que lo antecedieron, al Congreso y a los expresidentes de los dos partidos porque hacen parte del establecimiento.

Pocos días antes de la ceremonia de posesión el presidente advirtió que el primer día de su gobierno le pediría al Congreso una revocatoria completa de Affordable Care ACT (Obamacare) que ofrece cobertura en salud a 20 millones de ciudadanos, en su mayoría de escasos recursos económicos; también aseguró que tumbaría las órdenes ejecutivas de Obama sobre inmigración y tomaría medidas para levantar una pared impenetrable en la frontera sur.  Y su equipo de trabajo advirtió que terminaría el libre comercio y que impondría medidas proteccionistas para cerrar las fronteras económicas de Estados Unidos. En esta dirección, renegociará el TLC con Canadá y México y cancelará la participación en la Asociación Transpacífica, el controvertido acuerdo comercial con 12 países. Por todo esto los estadounidenses y el mundo esperan con preocupación los pasos que Trump tomará para hacer a su país “grande de nuevo”.

La resistencia civil

La posesión de Trump estuvo acompañada de violentas protestas que empezaron desde primera hora de la mañana y se recrudecieron al medio día, cuando asumió la Presidencia; pero después de la posesión miles de manifestantes se enfrentaron a la policía. Al día siguiente se realizó la “Marcha de las Mujeres” integrada por hombres y mujeres, que salieron a defender la diversidad, la igualdad, la inclusión, a condenar el racismo y la misoginia. En Washington participaron medio millón de personas; en los carteles mostraban las causas de las protestas: “Nosotros el pueblo somos más fuertes que el miedo”; “La diversidad es estadounidense”; “Los derechos de las mujeres son derechos humanos”; “En las mujeres confiamos”. Uno de los emblemas fueron los gorros Pussy Cat, como una respuesta al comentario de Trump, cuando dijo que a las mujeres hay que tomarlas por sus partes íntimas (Pussy).

A la multitudinaria protesta se sumaron el cineasta Michael Moore y el exsecretario de Estado John Kerry; pero la convocatoria motivó más de 600 marchas en todo el mundo, especialmente en Europa. En Londres desfilaron 80 mil personas hasta la Plaza de Trafalgar; lo mismo sucedió en París, Roma, Barcelona, Ámsterdam y Ginebra. En Berlín los manifestantes se concentraron frente a la embajada de Estados Unidos, coreando la consigna “sin odio, sin miedo, aquí los inmigrantes son bienvenidos”. En Johannesburgo, Sudáfrica, los manifestantes llevaban pancartas con el lema “La vida de los negros importa”. Así, millones de manifestantes le están diciendo a Trump que estarán atentos a su gobierno.

Por último, esta nueva era responde a la globalización; como consecuencia se generalizó el descontento. De acuerdo con el Premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, todo arranca con la crisis financiera de 2008; para rescatar a los bancos de Wall Street el gobierno utilizó millones de dólares de los contribuyentes y los propietarios de vivienda solo recibieron unas migajas. Obama salvó a los bancos, pero también a los banqueros, accionistas y a los tenedores de bonos. El gobierno trabajó para la élite y Trump encontró su oportunidad, y llegó con sus consignas nacionalistas y populistas. Los demócratas tendrán futuro solo si rechazan el neoliberalismo y acogen las políticas progresistas propuestas por algunos de sus líderes, como Bernie Sanders, a quien recordamos en la pasada campaña política.