Temas variados
Respaldo solidario. Quiero hacer llegar a la codirectora de EJE 21 Ximena Giraldo, y al notable grupo de colaboradores que la apoyan en la ingente tarea de publicar este querido diario, mi expresión de solidaridad por su valentía y su entereza, y mi más enérgico rechazo a la actitud de quienes han lanzado contra esta publicación los inadmisibles ataques cibernéticos de que han sido víctimas últimamente. No podemos llegar a la triste situación, desafortunadamente ya cercana, de que no se pueda expresar libremente lo que uno piensa sin convertirse en blanco de acciones delictivas de los enemigos de nuestra democracia. Sabemos que, valientemente, seguirán en su búsqueda de esa patria mejor que nos merecemos los colombianos. Espero que la acción rápida y efectiva de las autoridades conduzca prontamente a identificar a los autores de tan censurables acciones y a sancionarlos, como se merecen, con todo el rigor que dicte la ley.
¿En otrora? El Diccionario de la Real Academia define otrora como adverbio de tiempo poco usado, que significa en otro tiempo.Según esa definición, la preposición en está ya incluida tácitamente en el significado de la palabra. Por lo tanto, decir en otrora, es una forma redundante. Uno de los comunicadores de Telecafé Noticias, al informar sobre lo que iba a ser la celebración de la fiesta de la Virgen del Carmen en Manizales este 16 de julio, empezó su crónica con “en otrora”. Por supuesto, no se puede exigir que un comunicador se sepa todas las reglas de dicción. Pero se recomienda tener cuidado con lo que se dice o se escribe para el público. Manizales, la ciudad donde se habla el mejor castellano, no puede darse el lujo de maleducar a la gente a través de sus medios de comunicación.
La regionalización. Leí con juicio y espíritu analítico la columna «Señor presidente», publicada en el diario La República el sábado 4 de julio, fruto de la elegante pluma de Gustavo Moreno Montalvo, el conocido economista e intelectual vallecaucano que lleva varios años como columnista de dicho diario.
Gustavo, cuyo estilo elegante y claro es bien conocido, dedicó su columna de ese día a ofrecer al recientemente elegido presidente De la Espriella, una serie de sugerencias sobre aspectos que él piensa que deberían ser considerados por el nuevo mandatario. Quisiera exponer alguna inquietud que me ha dejado esa columna, especialmente en lo relativo a la manera de poner en práctica las intenciones de regionalización del país, tema de la mayor importancia porque su desarrollo podría generar resultados muy positivos para el futuro o, si no se tiene suficiente cuidado, en lugar de ofrecer soluciones, podría dar origen a importantes problemas que es necesario evitar. Dijo Gustavo sobre la constitución de 1991: «Abrió espacio para la articulación eficaz entre el gobierno central y los territorios, mediante la integración de departamentos en regiones, pero no la concretó». Y agregó: «Conviene hacer la regionalización y descentralizar el gobierno central en forma correlativa para mejorar la calidad de la gestión». ¡Cuidado! Faltó en esa afirmación prevenir contra el aumento monstruoso del tamaño del estado. Todo depende de la manera como se entienda esa solución. Nada más atractivo para el clientelismo, ni más perjudicial para nuestro futuro, que la idea de convertir la descentralización, simplemente en la creación de un nivel más en la estructura administrativa de la nación, circunstancia inaceptable que terminaría en un agigantamiemto totalmente opuesto a lo que De la Espriella ha dicho con razón que debe buscarse: una gran disminución de su tamaño. ¿Por qué lo digo? Por ejemplos como este: tengo un recorte de periódico publicado por Infobae el 22 de enero de 2025, que contiene apartes de una entrevista concedida a Juan Sánchez Romero por el político costeño Armando Verano De la Rosa, uno de los líderes de la politiquería caribeña, donde se anunciaba la promoción de un referendo en la costa en el que espera que los ciudadanos se pronuncien en favor de la creación de una estructura supradepartamental que incluiría un gobernador elegido por voto popular, una asamblea legislativa regional y la formulación de un plan de desarrollo regional propio, pero advertía específicamente que la nueva figura territorial no implicará la desaparición de los departamentos existentes. Si en las siete u ocho regiones que pueden existir en Colombia se replica ese modelo, habremos creado un nuevo nivel administrativo completo, a todo costo, pues seguramente a poco andar cada región pretendería construir su propio palacio gubernamental, más deslumbrante, por supuesto, que los que ya existen para las actuales gobernaciones, y habrá montado toda la burocracia necesaria para llenar sus oficinas. Una lotería para el clientelismo. De modo que, por favor, no juguemos con candela, aprovechemos que hay que dictar la ley de competencias con la que se deberá fijar qué tareas se entregan a los departamentos actuales y cuáles quedan en manos del estado central, démosle a las actuales gobernaciones las atribuciones de autonomía que sean necesarias. Pero tomemos todas las precauciones que se requieran para evitar la creación de un nivel administrativo adicional a todo costo, como lo quisieran todos los clientelistas y politiqueros que pululan en este país.
Lo más curioso del Cabo Verde. Antes del mundial de fútbol, la República del Cabo Verde era un pais prácticamente desconocido en el mundo. Se trata de un pequeño archipiélago formado por 10 islas volcánicas frente a la república continental africana de Senegal, y que tiene una población aproximada de 600.000 habitantes, un poco menor que la población de Cúcuta.
A raíz de su participación en la copa mundo y, sobre todo, de la lidia que le costó a la poderosa Inglaterra ganarle su partido a esta mininación, se despertó la curiosidad general y se ha publicado gran cantidad de información sobre este pequeño país. Se sabe, por ejemplo, que fue colonia portuguesa, y que tiene una gran diáspora como de un millón de habitantes, cifra mucho mayor que la propia población residente.
Pero lo que nadie ha recordado, o al menos yo no lo he leído en ninguna publicación, es el dato mas interesante de todos: El accidente geográfico que le da el nombre a este país, el Cabo Verde original, ni siquiera hace parte de su territorio. En geografía, lo escribo por si a alguien se le ha olvidado, un cabo es una lengua de tierra que sobresale de una costa y se interna en el mar. Son ejemplos el Cabo de Hornos en el extremo sur de nuestra América, el Cabo de Buena Esperanza en el sur del África, o nuestro querido Cabo de la Vela en la Guajira. Y ese, Cabo Verde, fue el nombre que recibió, durante las invasiones al África, un cabo situado en la costa africana, en inmediaciones de la ciudad de Dakar en el Senegal francés de entonces. Tenía una característica interesante: era (es, aunque ya ni siquiera aparece en Google maps) el punto más occidental del continente africano, y marcaba el límite entre el verde de las selvas tropicales y las playas y desiertos del norte del África. De ahí su nombre de Cabo Verde. Y esas islas cercanas, que originalmente se identificaban por su ubicación, las islas del Cabo Verde, se convirtieron a la larga en una república independiente que se separó de Portugal y heredó como su nombre esa referencia a su ubicación. De modo que la República del Cabo Verde terminó bautizada solo por ese accidente geográfico que, repito, ni siquiera hace parte del propio territorio. Curioso ¿No?