Mirada colombo-africana a Francia
“¡Aquí estamos! La palabra nos viene húmeda de los bosques y un sol de fuego nos amanece entre las venas. El puño es fuerte y tiene el remo….Traemos nuestro rasgo al perfil definitivo de América” (Poema Llegada, de Nicolás Guillén).
Son muchos los temas que podría abordar para no dejar pasar «en blanco» el mes de las negritudes que está por concluir. Mientras decidía, me sorprendió el menosprecio de un columnista importante, no tanto al gobernante actual, sino al continente africano. Me refiero a Mauricio Botero, cuando en El Espectador del domingo 24 de mayo, manifestó: “Curiosa diplomacia la de Petro: mientras demolemos las relaciones con los vecinos Perú, Ecuador y Bolivia, estrenamos relaciones con Kenia, Etiopía y Ghana.” Esto me hizo escoger la cumbre CELAC (Comunidad e Estados de América Latina y el Caribe) – África, que tuvo lugar recientemente en Bogotá. Ello, tanto por su importancia misma, como por el papel central que tuvo en su preparación y desarrollo la vicepresidenta, Francia Elena Márquez Mina. Con ese horizonte se mirarán algunos aspectos de ese evento y su incidencia en el balance del desempeño de la primera mujer negra que ha llegado al segundo cargo más elevado en el ejecutivo.
Gustavo Petro, en condición de presidente pro tempore de la CELAC, convocó tal encuentro para dinamizar los contactos con los países africanos, tanto en lo económico, como en lo político, lo educativo y lo cultural, ya que a pesar de los vínculos históricos entre ambas regiones, los intercambios siguen siendo muy limitados. Para ejemplificar, recordemos que son contados los países latinoamericanos que tienen vuelos directos a África y que la mayoría de las veces, para viajar de un continente al otro hay que pasar primero por Europa.
En tal marco, el encuentro tuvo dos momentos, el primero caracterizado por el diálogo público y abierto de miembros de la Organización de Unidad Africana -OUA- y de algunos gobiernos con voceros de la sociedad civil colombiana, en especial de representantes de comunidades y organizaciones negras, así como con empresarios y académicos. El segundo se dio entre autoridades gubernamentales de alto nivel para avanzar en acuerdos y planes concretos de ampliación de las relaciones.
Varios de los expositores enfatizaron en que además del comercio, es necesario ampliar el conocimiento y la colaboración mutuas, ya que África y América quedaron hermanadas para siempre por el pasado colonial y por la esclavitud que marcó a fuego a millones de africanos arrancados violentamente de sus raíces y trasladados a la fuerza a otra tierra que los sobrevivientes convirtieron en su nuevo hogar. Tanto es así, que tomamos como epígrafe las palabras del poeta cubano Nicolás Guillén cuando afirma que no es mera metáfora el dicho de algunos intelectuales negros al señalar que es tanto el aporte africano a nuestra cultura, que el nuevo continente debería llamarse Améfrica.
Se enfatizó entonces en la necesidad de dar un reconocimiento histórico por parte de los países que fueron potencias colonizadoras, no solamente en tanto un pedido de perdón sino en verdaderas compensaciones a los países que sufrieron la esclavitud, máxime si se tiene en cuenta que los esclavistas, para citar dos casos, Haití y Colombia, sí fueron indemnizados. Además, debe tenerse en cuenta que hubo un epistemicidio porque se destruyeron los saberes, creencias y culturas de los pueblos esclavizados. Otro aspecto que se resaltó fue la continuidad de prácticas neocoloniales y de visiones supremacistas que niegan a los pueblos africanos o afroamericanos las culturas propias, desconocen su espiritualidad y muestran las religiones o creencias tradicionales como superstición o brujería. Esa estigmatización es notoria en la manera como se muestra la santería o el vudú practicados por comunidades negras en el Caribe.
El encuentro estuvo sobrevalorado por el concepto de “diáspora africana”, entendida como el conjunto de personas provenientes de la esclavización que espiritualmente siguen siendo parte de África, al grado que llegó a proponerse que Haití, considerada la hija mayor del continente africano, pase a ser parte de la OUA.
La síntesis de lo discutido estuvo a cargo de la vicepresidenta. De paso comento que me impresionó el respeto y la estima que le mostraron los delegados del otro lado del Atlántico. Francia Márquez propuso estas reflexiones:
-Es vital la unión entre los pueblos africanos y latinoamericanos;
-La reparación no debe ser solamente una consigna sino una acción transformadora de la realidad actual en la que persisten la discriminación y las prácticas coloniales. Se necesita ampliar la conciencia colectiva sobre los discursos coloniales que se han insertado en el imaginario e instalar un discurso libertario;
-Examinar la responsabilidad de empresas y casas bancarias que se beneficiaron del tráfico de esclavos;
-La reparación será con las mujeres o no lo será. Ellas jugaron un papel fundamental en el cuidado de las personas y las comunidades.
-La reparación debe ser también cultural y espiritual y debe comprender igualmente a los pueblos indígenas;
-Debe haber medidas que reparen la estigmatización contra las iglesias y creencias africanas;
-La dimensión económica de la compensación comprende el establecimiento de fondos que apoyen las iniciativas propias de las comunidades y que en los presupuestos de los estados se incluyan partidas que potencien el avance los pueblos afros, así como el cierre de las injusticias y las desigualdades sociales.
La esencia del mensaje es que hay que seguir trabajando intensamente hasta que “la dignidad se haga costumbre”.
Es evidente que este acercamiento al continente madre ha formado parte esencial de la labor de la vicepresidenta, dado que no se ha limitado solo a las relaciones en el campo diplomático con varios países, de suyo importantes y respetables, sino que su alcance y trascendencia apenas se están vislumbrando, amén de que se han incrementado el comercio, las inversiones y los intercambios culturales y educativos entre ambas regiones. Aunque no se puede pasar por alto que la gestión de Márquez Mina resulta ciertamente discutible en asuntos como el cuestionado Ministerio de La Igualdad o algunas declaraciones no muy afortunadas.
Invito muy cordialmente a Mauricio Botero a dialogar al respecto, si no es posible por los distinguidos medios de El Espectador y de Eje 21, en algún café que nos tomemos en Adis Abeba, Nairobi o Acra.