29 de junio de 2026

Hay que domesticar al tigre

29 de junio de 2026
Por Alberto Zuluaga Trujillo
Por Alberto Zuluaga Trujillo
29 de junio de 2026

 

El triunfo de Abelardo De la Espriella no fue un triunfo cualquiera. Fue el triunfo de la razón sobre todas las formas de violencia, empezando por la más simple de todas, cual es la compra de las conciencias en un país con una pobreza monetaria no inferior al 28%, y la más extrema, el voto fusil, que sin existir una medición oficial, se estima que el 71% de los municipios colombianos sufren la amenaza de los grupos armados, especialmente en sus zonas rurales en donde el confinamiento forzado y la restricción a la movilidad es el pan de cada día. Las alertas tempranas emitidas por la Defensoría del Pueblo, hablan de la expansión de estructuras criminales como el Clan del Golfo, las disidencias de las FARC y el ELN, en regiones estratégicas especialmente en el Pacífico (como el Chocó), la Costa Atlántica, el Catatumbo y el suroccidente del país, cuyos centros urbanos son víctimas de la extorsión por parte de la bandas delincuenciales que las controlan, posicionando a Colombia con puntajes críticos en el Índice Global del Crimen Organizado. En estas regiones, el Gobierno Petro con su desastrosa política de la “paz total”, que no fue otra cosa que la entrega de esa amplia geografía a la criminalidad para que respondiera con sus votos al proyecto continuista de la izquierda, sumada a la miserable compra de conciencias, lo prometido por Petro tras la pérdida en primera vuelta  de que sumaría un millón de votos semanales hasta el segundo balotaje, lo cumplió, al computar su candidato 3.020.351 sufragios por encima de la primera vuelta. Ese cuantioso dinero entregado a manos llenas, producto de la no ejecución de los presupuestos de los distintos ministerios y oficinas gubernamentales, durante 4 años, es inconmensurable, estrategia que Petro consideró indestructible en primera vuelta y que ante su pérdida, reforzó sin escatimar un solo peso, convencido como estaba de su victoria final. Los 251.854 votos con los que De la Espriella le ganó a Cepeda, son desde luego los votos reales contabilizados en las urnas, muy lejos de los que se hubiesen depositado de no haberse presentado esa gigantesca acción criminal por la que más temprano que tarde deberá responder ante la justicia este sicópata, accidentalmente elevado a la dirección del Estado. Como lo dijimos en el primer renglón de esta columna, este no fue un triunfo cualquiera. Los colombianos en su inmensa mayoría, no han dimensionado el triunfo logrado. Los 251.854 votos de diferencia, nos libraron de perder  nuestra democracia. 251.854 votos que nos salvaron de seguir el camino de Venezuela, porque de haber logrado la izquierda ganarle a De la Espriella, no habría sido por 4 años más de este desastre, sino por 15, 20 años, quien sabe cuántos más. Valga entonces decir, que el país no está dividido en partes iguales. Sumamos, fácil, 5, 6 millones de colombianos más a los 251.854 votos contabilizados, que alborozados celebramos su final. Prudencia al nuevo presidente. Una cosa fue la campaña en la que exacerbar los ánimos, era parte de la estrategia. Otra, muy distinta, es la conducción del Estado, que requiere de tacto, sensatez, cordura y moderación. Se impone ante todo, la unidad nacional, si no queremos que dentro de 4 años Cepeda se imponga por nuestra proverbial soberbia. Confiamos en la sobrada inteligencia del nuevo mandatario para domesticar al victorioso tigre.