Pelea desmadrada: Trump V.S. Petro
El ciudadano presidente, Gustavo Petro, va a pasar a la historia, a la que a tanto le coquetea, como el Gran Irritador de la parroquia. No ha habido un solo día en los últimos dos o tres meses, en que algún sector de la nación colombiana no se vea obligado a responder los continuos X que a la hora menos pensada, salen a borbotones de su imaginativa sesera, en ebullición permanente. Otras seseras gemelas prefieren el lenguaje oral, para producir los mismos efectos de irritación, como el grosero Trump, de cuya boca brotan provocaciones al por mayor y al detal.
Petro ha producido escozor agudo en la Rama Judicial y la juridicidad colombiana, con su invasora y descomedida opinión sobre la sentencia en segunda instancia que favoreció al Dr. Álvaro Uribe Vélez, en el sonado caso penal en que se ha visto envuelto, Si Petro fuera un estadista, respetuoso de las instituciones, hubiera expresado en forma inequívoca su respeto y acatamiento a los dictados de los jueces, así no los compartiera. Hacer berrinche por que no reflejaran su talante ideológico, es una reacción riesgosa para la separación de poderes, piedra angular de nuestra democracia .
Venirse con ese botafuegos descalificador, acudir a la montonera y a la vocinglería callejeras, como las que patrocina en éstos momentos en las calles de Bogotá, para incitar a su desconocimiento y tratar de presionar los debates y las resoluciones de los jueces, es un peligroso intento para socavar los cimientos de la justicia, Que están, por su trascendencia y contribución al civilizado desenvolvimiento de la sociedad, por encima de otros fundamentos estatales. La justicia, es la paz. La justicia, es la gran utopía terrenal. Es imperativo buscarla y respaldarla. Ser bocón, en su contra, es una invitación al derrumbe institucional.
Petro irrita e incita a la camorra. Es camorrero por naturaleza. Le gusta la pugna. Y con tal de encontrar contrincante, no se para en pelos para cazar los desafíos. El episodio del altavoz sedicioso contra el gobierno de Trump, en las calles de Nueva York, que dio origen al bochinche en que estamos incursos, es la clásica pelea entre el toche y la guayaba madura.
Ayer jueves, por ejemplo, el toche nos hizo víctimas a los colombianos, sin distinción, al ser calificados como una guarida de drogas, dirigida por un pésimo líder, un matón , donde «producen droga a un nivel que nunca hemos visto y la venden de vuelta en Estados Unidos, y no vamos a permitirlo por mucho más. Colombia está muy mal.» Que tal esta vaina. Los miles y miles de víctimas de la lucha contra el narcotráfico que hemos librado en los campos para «salvar» a los gringos de ese flagelo, que les produce 300.000 víctimas anuales, por su ineficacia interna para evitar su mercadeo y su consumo, se deben estar revolcando en sus tumbas. Cincuenta años de muertos, desde que llegaron de Norteamérica unos «monitos» de los Cuerpos de Paz, que trajeron las semillas de la recreativa y permitida marihuana, que hoy asfixia con su aroma las calles de Nueva York y Washington. Hace poco me moría de la risa en sus calles. ¿No será que Estados Unidos es el que está mal?
Ya casi termino. Voy a acudir a Vladdo el caricaturista y columnista de El Tiempo, quien en su escrito del miércoles 22 de octubre del año en curso, » La farsa de la guerra contra las drogas», argumenta para sostener que es Estados Unidos el que debe responder por el fracaso de la lucha contra las drogas, en sus propios límites y en el mundo. Comienza Vladdo por citar una frase de Álvaro Gómez Hurtado, pronunciado en 1979, ¡1979!, en un Congreso Internacional de lucha contra el narcotráfico: «El problema de la droga se origina en la inmensa cantidad de compra que han demostrado los consumidores norteamericanos». Y a renglón seguido, Vladdo, se viene con éstos interrogantes, que son los que los colombianos nos hemos hecho a través de los años. Porque es inaceptable que las culpas y los pecados nos los trasladen, máxime cuando la catarsis la encabeza el impoluto presidente actual del poderoso imperio norteamericano.
De Trump, «Lo más grotesco, es su falta de coherencia. Declara una guerra contra las drogas en el extranjero, pero no hace nada en su propio país. ¿Dónde están los carteles de recompensas por los capos que importan, distribuyen y comercializan la droga en Estados Unidos? ¿Por qué no dispara misiles contra los camiones, aviones o embarcaciones que introducen fentanilo y otras drogas sintéticas en su territorio? Tampoco se bombardean las farmacéuticas que se enriquecen vendiendo opioides, ni los laboratorios clandestinos que los seguirán produciendo ni los depósitos que los almacenan. EE.UU. prefiere mirar hacia afuera en vez de asomarse al espejo. En un país donde no se puede comprar un analgésico sin receta, las metanfetaminas se consiguen sin problema. ¿Por qué no toman medidas contra las empresas que fabrican los químicos usados para procesar la cocaína? ¿Por qué no persiguen a los fabricantes y vendedores de armas que los narcotraficantes usan para proteger sus negocios ilícitos? ¿Por qué no combaten el lavado de dinero que se realiza en sus bancos?
Gómez Hurtado lo explicó sin rodeos. «Las grandes y extravagantes utilidades se producen a medida que los cargamentos se aproximan a Manhattan». Es decir, el narcotráfico sobrevive no tanto por la oferta como por la demanda. Y aunque Trump promete erradicar el narotráfico, su país sigue produciendo las arma, los químicos y las excusas que sostienen semejante negocio».
Lo anterior, expresado por Vladdo, lo suscribo como si fuera mi propia opinión. También, lo siguiente:
«Ojo: no se trata de defender a Gustavo Petro, sino de subrayar ese doble rasero de EE.UU. que hunde lanchas en el Caribe y señala campesinos en el Putumayo, pero ignora a los capos, empresarios y banqueros que se lucran dentro de sus fronteras. En otras palabras, Washington prefiere asumir que a punta de misiles en nuestros suelos y mares van a resolver un problema que se origina en las calles de su propio país.»
Pos Scriptum: amable lector. Mi reconocimiento por haber llegado al punto final de éste texto. Prometo que en la próxima columna, reduciré sus caracteres a sus justas proporciones. Y presento excusas por el estilo petrista, que trata de abarcar poliformes criterios.