Latinos por Groenlandia
Sin duda las tensiones entre el gobierno de Colombia y el de Estados Unidos originadas por la injusta expulsión masiva de compatriotas son por estos días el hecho de mayor impacto en la actualidad nacional. Claramente esta situación tiene un gran número de variables a tener en cuenta, las cuales dejo a cargo de los especialistas en el tema de las relaciones entre ambos países. Por mi parte, como observador de estas situaciones quiero agregar un punto que puede modificar sustancialmente el desarrollo del asunto.
En efecto, el tema de los migrantes no debe mirarse únicamente desde el punto de vista de las dos naciones enfrentadas y ni siquiera solo como un problema de las relaciones entre Estados Unidos y toda América Latina. Debemos abordarlo mirando la geopolítica mundial y teniendo en cuenta los planes expansionistas que la potencia del norte siempre ha tenido pero que se exacerbaron con las pretensiones del pelucón mayor de incorporar a sus dominios a Canadá y a Groenlandia, como aperitivos para la toma de Méjico y Panamá. Sobre lo de Canadá poco o nada podemos influir pero por raro que suene, sí podemos tener una influencia decisiva para frustrar el proyecto de anexar la isla cubierta casi en su totalidad de hielo que por ironías de la vida (y de la viveza de Eric el Rojo)tiene el nombre de “tierra verde”.
Ciertamente Trump ya tomó cierta ventaja al asustar a sus vasallos de la Unión Europea y a la propia Dinamarca, que es el país que aún tiene a Groenlandia como colonia. Además envió como avanzada a su hijo y tocayo Donald Trump Junior, supuestamente en plan no oficial y en avión privado. Vaya coincidencia, al mismo tiempo que el vástago llegaba a Nuuk, la fría capital, se conocía de encuestas que mostraban supuestas mayorías a favor de adherirse a los gringos. No hubo ficha técnica sobre el sondeo y ni siquiera se presentó la ficha etílica porque las entrevistas se hicieron en bares de la ciudad y de otros lugares al calor de bebidas ofrecidas generosamente por la singular delegación estadounidense.
Sin embargo, aún es tiempo para actuar y dado que la enorme isla tiene más de dos millones de kilómetros cuadrados para escasos 57.000 habitantes y dada la gran asimetría entre Colombia y Estados Unidos, debemos abrir otro frente que disperse las fuerzas gringas e impida la realización de su plan expansivo. Claro, no lo haremos solos sino en unión con otros hermanos latinoamericanos, preferiblemente de entre los miles de deportados a los que se despertó bruscamente del sueño americano.
De entre ellos puede haber muchos voluntarios dispuestos a asentarse en Groenlandia. Mucho mejor que seguir sufriendo humillaciones en el país del norte o tener que alquilarse para la guerra en Ucrania. No se necesitan muchos, bastaría con una cifra cercana a los 40.000 para sumarse a la escasa población nativa y ya sería una masa crítica que incline la balanza hacia la independencia total y el rechazo de plano a cualquier adhesión a USA. En cuanto a encuestas basta contratar a cualquier encuestadora colombiana, de esas que siempre muestran resultados favorables a quien les paga y se mostrará la tendencia totalmente favorable al nuevo movimiento Latinos por Groenlandia y sus propuestas independentistas.
No creo que los líderes groenlandeses tomen esta iniciativa como una invasión sino más bien como un apoyo solidario a su causa. En últimas es mucha la afinidad entre los inuit y nuestros pueblos originarios y allá pueden asumir posiciones de liderazgo los candidatos que no resulten elegidos en nuestra circunscripción indígena. Incluso los mestizos, que somos mayoría en América Latina también podemos pasar inadvertidos. Primero por la enormidad del territorio y la escasez de habitantes, que hace que en términos de probabilidades sea más fácil toparse con una foca o con un oso polar que con otro ser humano. Segundo porque si se es de color aceitunado, trigueño o moreno claro, desde que uno no hable puede pasar por nativo o mezclado. Si finalmente se es más blanquito puede optar por decir que tiene algún ascendiente danés o vikingo o mimetizarse en la nieve. Que quede claro, me refiero al agua en estado de congelación, no a la otra nieve que a veces cargan algunos compatriotas que no nos hacen quedar nada bien. En fin, el ingenio colombiano y el de nuestros hermanos latinoamericanos ya encontrará formas de adaptación a la nueva patria.
También nuestro presidente, en vez de inmolarse a lo Salvador Allende o Aureliano Buendía como anunció a Trump en uno de sus trinos más ardientes y patrióticos, debe preservar su valiosa vida y podría asumir esta trinchera para demostrarle a los yanquis que nuestra revancha será llevarles el virus de la vida desde una latitud boreal. Además, quedarían literalmente fríos viendo como la liebre, con la experiencia del Califato de Córdoba, España, y del hijo epónimo de Ciénaga de Oro en Córdoba, Colombia, adobada con algo de pasta italiana, salta por donde menos se espera.