Gazapito ficticio
Recibí de la amable corresponsal María P. Valdés un correo electrónico en el cual consultaba si, a mi parecer, resultaba correcta una frase publicada en la columna El Aquelarre del diario Eje 21 el pasado 22 de octubre. La frase era la siguiente: «…en el cual Leyva condenaba la aterradora masacre cometida por múltiples grupos de terroristas islámicos que atacaron el sábado 7 de octubre numerosos kibutz y aldeas, asentados en el sur de Israel…». Preguntaba la señora Valdés si no era un error escribir kibutz, en singular, cuando las instalaciones atacadas por los terroristas de Hamás eran varias, como eran varias las aldeas.
Mi respuesta es la siguiente: de acuerdo con la Real Academia Española, la palabra mencionada, kibutz, es singular, pero también es plural.
Este es uno de los muchos casos en los que los académicos, no sé si por simple pereza de llevar a cabo un análisis serio, no analizan un poco mejor sus recomendaciones. En artículos de prensa y otros se usa a veces el plural hebreo de la palabra, kibutzim, como plural en castellano. Esto sería complicar las cosas. Uno no entiende por qué no se sigue la regla general según la cual el plural de las palabras terminadas en zeta se hace cambiando la zeta por ce y agregando la partícula es: el plural de luz es luces, el de cruz es cruces y el de capaz es capaces. No hay ninguna razón para que esa letra te, intercalada antes de la zeta de kibutz, deba afectar tal norma. Por lo tanto, el plural de kibutz debería ser kibutces. Así de sencillo.
Es claro que nadie puede obligarlo a uno a seguir al pie de la letra las recomendaciones de la Academia, que solo son eso: recomendaciones. Pero, mientras más lógicas sean, más posible es que los hablantes las atiendan. Pueden ser muchos los casos en los que un usuario de la lengua puede estar en desacuerdo con lo que la Academia propone. Tengo un caso muy notorio. El del posible próximo presidente argentino, Javier Miléi, cuyo apellido, según como él mismo y todos los argentinos lo pronuncian, es palabra aguda que debería por lo tanto escribirse con tilde: Miléi. Como Dubái, Taipéi, o Brunéi. Sin la tilde, ese apellido sería una palabra grave acentuada en la i inicial, como lo indico marcando dicha letra en negrilla: Mi-lei. Sin embargo, en todas las publicaciones, lo escriben sin tilde.
Yo elevé la respectiva consulta a Fundéu, la entidad que apoya a la Academia en la solución de dudas sobre uso correcto del idioma, y he aquí la sorprendente respuesta: «Lo adecuado sería tildarlo, pero él en sus páginas no la pone (la tilde). Es un caso parecido al de Feijóo».
Pues el candidato puede escribir su apellido como quiera. Pero, en castellano, las tildes desempeñan una función didáctica muy importante: enseñar al lector cuál es la sílaba que debe llevar el énfasis en su pronunciación en una palabra que no conozca. En el caso en cuestión, si el apellido aparece sin tilde, todo el que no conozca al señor debería leerlo como palabra grave, con acento prosódico en la primera vocal, como indiqué arriba. Punto negativo para la Academia. Que no puede obligar, pero sí ofrecer la alternativa más correcta, vale decir, la más acorde con las reglas de la ortografía.