Descachadas idiomáticas
1.- «Destituyen a la presidente de Corea del Sur». De la página virtual Kienyke.com. La palabra presidenta (así, en femenino) se usa desde el siglo XVII, y figura en el diccionario de la Real Academia Española (RAE) desde 1899. Pero quienes se apartan del conocimiento de los asuntos del idioma no se han dado cuenta de eso todavía; por ello ponen el grito no en el Cielo sino en su propia ignorancia cuando dicen que presidenta es un vocablo mal usado e incorrecto. En contraposición ─¡qué ironía!─ las feministas dicen que el idioma español es sexista y machista, que excluye a las mujeres. ¡Más inclusión en dónde! El Diccionario panhispánico de dudas advierte: «El uso mayoritario ha consolidado el femenino específico presidenta». ¿Quieren más claro? Presidenta es lo correcto para hablar de mujeres que presiden (aunque sea una Junta de Acción Comunal, o la Asociación de Mujeres Parlanchinas). Luego los señores de Kienyke.com debieron escribir: «Destituyen a la presidenta de Corea del Sur». Así hay concordancia gramatical entre el artículo femenino determinante (la) y el sustantivo femenino presidenta.
2.- «Alcalde asegura que no existe crisis al interior de su gabinete». En noticia escrita por Óscar Iván Rey, en el diario Vanguardia (Bucaramanga). El giro «al interior», que tanto se empeñan en usar periodistas, políticos y funcionarios colombianos, solamente funciona cuando hay acción de movimiento (traslación), no en casos como el de la nota. Ejemplo: «Los empleados de dirigen al interior del edificio». Luego lo correcto era: «Alcalde asegura que no hay crisis en su gabinete». Más directo y más corto. Para eso existen los pronombres, cuyas funciones todavía no han conocido algunos redactores, según lo que se palpa.
3.- «Concejal demandó a hombre que la escupió durante cabildo abierto». Titular con dos descalabros idiomáticos en el portal Kienyke.com: 1. Concejal es palabra de género masculino. En nuestro idioma existe el femenino para esa palabra cuando es una mujer quien ocupa esa posición pública: concejala. Luego, dicen que el castellano es sexista, que excluye a las mujeres y que esto y que aquello; ahí están las palabras femeninas, pero no las quieren usar. Además, ese sustantivo en masculino no concuerda con el artículo determinante femenino (la) usado en la misma oración. 2. La concejala Lucía Bastidas, afectada por el salvajismo de un troglodita en Bogotá, no demandó nada; lo que sí hizo fue denunciar ese atropello, elevado ya a la categoría de delito: se llama injuria por vía de hecho. Muchos creen que demandar y denunciar son el mismo asunto; no hay tal. El diccionario trae la diferencia entre uno y otro término, pero como a los soberbios les da pereza consultarlo, ahí están las consecuencias. Corrección: «Concejala denunció a hombre que la escupió durante cabildo abierto». Así, el sustantivo ‘concejala’ y el artículo ‘la’ concuerdan: ambos son femeninos.
4.- «La decisión se oficializó durante una extensa reunión con el expresidente Álvaro Uribe». La noticia en El Tiempo hablaba del aplazamiento de la precandidatura presidencial de Óscar Iván Zuluaga, enredado en el caso de sobornos de la empresa brasilera Odebrecht a políticos y funcionarios colombianos. La información es correcta, no así la forma de presentarla; esa no es, ni puede ser, una decisión que se haya oficializado. Oficializar significa ‘dar carácter o validez oficial a lo que antes no lo tenía’, según la definición que para ese verbo da el diccionario académico de la RAE. Y oficial es, exclusivamente, lo ‘que emana de la autoridad del Estado’. ¿Será que el redactor de la noticia, al igual que el señor Uribe, piensa que los políticos que se disputan el poder son representantes del Gobierno?
5.- «¿Si sigue siendo práctica común exigirles que se pongan tacones, para qué sirven?». La columnista Cecilia Rodríguez escribía en El Tiempo sobre algunos empresarios que exigen que sus empleadas usen zapatos con tacones en su trabajo. No tiene ningún problema gramatical o sintáctico esta expresión, pero sí una falla de puntuación. El primer signo de interrogación está mal puesto. La norma señala que este va desde la oración en que se formula la pregunta, no desde el comienzo de un enunciado, como lo hizo la comentarista de prensa en este caso. Corrijamos: «Si sigue siendo práctica común exigirles que se pongan tacones, ¿para qué sirven?». ¿Ve usted la diferencia?
6.- «Bomberos capacitó a funcionarios del Hospital». De Luis Fernando Martínez, corresponsal de Vanguardia en El Socorro (Santander), en una noticia sobre capacitación de los bomberos para personal del hospital local. No les queda clara todavía a muchos redactores la figura de la concordancia gramatical de número. Por ello revuelven vocablos en singular con vocablos en plural, como ocurrió en el titular de esta noticia. En el texto también se habló de bomberos, es decir, en plural. En realidad, debió ser: «Bomberos capacitaron a funcionarios del Hospital». Así se produce la concordancia entre el sustantivo bomberos, de número plural, con el verbo capacitaron, también de número plural.
7.- «El abogado argumentó que, a raíz de los señalamientos públicos que ha hecho el expresidente Álvaro Uribe Vélez en su contra, puede ser víctima de atentados en su contra». Cuando se trabaja desconcentrado (como en este caso de El Espectador) ocurren descachadas como esta. Repetir un giro o locución en una oración, además de descuido, delata el extravío de la concentración de quien escribe. Fijar el pensamiento en lo que se genera en el cerebro es insustituible a la hora de escribir y hablar. Sin concentración del redactor, no habrá corrección en un texto. Mejor: «El abogado argumentó que, a raíz de los señalamientos públicos que ha hecho el expresidente Álvaro Uribe Vélez, él podría ser víctima de un atentado».