24 de julio de 2026

Las pesadillas de país

Por Eduardo López Villegas
19 de noviembre de 2022
Por Eduardo López Villegas
19 de noviembre de 2022

No se sabe si el número cien para los días de un gobierno fue escogido siguiendo la cábala, o por consejo de los analistas políticos para animar el debate público.

Resultado relevante de la encuesta de Invamer sobre las percepciones de la ciudadanía sobre Petro es que los porcentajes de simpatía o animadversión que se tiene del presidente es similar que se le tenía cuando era candidato.

Si se observa la segmentación de los encuestados por regiones, Petro recibe aprobación mayoritaria en las mismas regiones en donde era el más ovacionado en el periodo electoral, en Bogotá, en el Sur – Occidente, y en el Caribe, y la desaprobación a su gestión tiene mayor peso en la Zona Cafetera y en el Nororiente. El comportamiento de los ciudadanos según la edad sigue el mismo patrón de meses atrás, mientras más joven la población mayores los niveles de aceptación.

¿Qué es entonces lo que ocurre?  ¿No ha habido cambio en los hechos que ameriten que la gente cambie de opinión? ¿O la gente se apega a sus creencias de manera tal que no le deja ver los cambios? O lo uno y lo otro.

Habrá una franja de ciudadanos que son escépticos por naturaleza, o han aprehendido a serlo a golpe de frustraciones. Prefieren dudar, poner en tela de juicio la promesas, dejarlas en remojo hasta cuando sean realidad.  Cierto es, estamos en el comienzo de un Gobierno, y la realización más concreta es la Reforma Tributaria que proveerá de recursos billonarios. Pero es una tarea inacabada. No está claramente establecido cómo se transformarán en beneficio social duradero. No basta la enumeración de programas sociales, faltan saber los detalles que es donde se esconde el diablo.

Otra franja es la de los crédulos, de ilusiones imbatibles, son como Ixión que creía abrazar a Jano, cuando abrazaba una nube. A los encuestados les preguntan si con motivo de este cambio de Gobierno ¿Colombia esta mejorando o empeorando? en la calidad y cubrimiento de la educación, en la asistencia a la niñez, en la construcción de vivienda popular. Y son más los optimistas, los que se inclinan por la primera opción; está bien que lo sean, pero solo eso, porque realmente en cien días es imposible materializar los programas de gobierno tendientes a mejorar su actividad en estos campos. Se apoderó de la vida el afán inútil. Los antigobiernistas salieron a protestar contra un Gobierno sin tener nada contra él; los sindicatos llamaron a marchar para celebrar un Gobierno lleno de pendientes; y los medios de comunicación a pedir a los comensales que degusten y califiquen un plato que está a mitad de cocción.

Otro grupo de ciudadanos son los creyentes, al modo de Estéreo Picnic, aquellos que compran el abono para una temporada, sin saber nada de ella, sin veniales de quienes serán los artistas nacionales o extranjeros, que van a estar en la tarima. Solo depositan la fe en la buenas intenciones y ejecuciones de los organizadores. Y la fe es, como decía San Agustín, la que permite ver lo que se cree.  Y esto lo comprueba la encuesta. A los encuestados se les pregunta sobre donde se ubican en el espectro político, como se ven ellos mismos, de izquierda, centro o derecha. Y entre los primeros, que conforman el 21.7% de la muestra, el 77% aprueba a Petro; y en el otro extremo, 33.2%, solo el 40.4% da su aprobación. Se responde con el deseo, de que el evento del que se hace parte va a salir de maravilla.  Al alinearse se ata la suerte, y por agüero, esta es la mejor.

Y hay otro grupo de la población cuya opinión es la misma que se formaron cuando entendieron por primera vez las cosas, se anclaron allí, y no se percatan de que el agua que les moja sus pies ha cambiado como cambian las cosas. El 43.3% sigue pensando que en Colombia no existen garantías para hacer oposición democrática, justo cuando la corriente que tradicionalmente estaba excluida del poder, destinada a perpetuidad a hacer oposición, hoy lo ejerce.

Es inclinación natural la percepción selectiva, ver entre las cosas que desfilan ante nuestros ojos, solo aquellas que le interesan, a las que se le  da importancia. La ciudadanía reconoce a la gente en la misma medida en la que le concede estatus o dimensión.  Más de dos terceras partes dicen bien reconocer a Francia Márquez, más de una mitad a Lula del Brasil, y difícilmente  una tercera parte sabe de los ministros sus nombres, nada le dicen sus caras. Y nada quita o nada pone  que suenen en la vida publica en los últimos cuarenta años, o en los últimos cuatro meses. No es sustantiva la diferencia entre el porcentaje que dice distinguir a Leyva del de Irene Vélez.

La memoria es un prodigioso mecanismo que modifica los recuerdos para adaptarlos a los nuevos contextos, evitar los peligros pasados y así aumentar las posibilidades de supervivencia.   La encuesta nos revela de como la opinión trata bien a los recién aparecidos en política; a casi todos los nuevos ministros se les obsequia con  opinión favorable, se les concede el beneficio de la duda; y de los políticos vigentes  y de vieja data, y a las cabezas de los órganos de control, sin excepción, el platillo de la balanza de quienes mal opinan pesa más que  de los que los tienen en buen concepto.   Y ni que hablar de los expresidentes de la República, quienes gravitan, todos, en el imaginario colectivo de la mayoría, como una pesadilla.