6 de junio de 2026

«En radio ‘la locura’, son…»

14 de octubre de 2022
Por Jairo Cala Otero
Por Jairo Cala Otero
14 de octubre de 2022

«Buenas noches. En Madrid son las 7 de la noche y 30 minutos. Estas son las noticias del viejo continente…», dijo el corresponsal de una cadena radial. Enseguida, con un movimiento rápido de una mano, Alfabeto apagó el receptor de radio, instalado sobre su escritorio.

─ ¿Escuchó usted a ese periodista? ─, me preguntó Alfabeto, con la intención de que trabáramos una conversación alrededor de la forma como hizo su presentación aquel comunicador.

─ Sí, escuché. Y si usted está pensando en lo mismo que yo, pues conversemos. ¿Qué lo inquieta a usted, Alfabeto?

─ Que muchas personas usan innecesariamente algunos vocablos cuando las circunstancias del entorno «hablan» por sí mismas. Como en la forma de suministrar la hora, bien sea desde el exterior o desde la cabina de radio en cualquier ciudad colombiana. Sobra decir: «Son las 7 de la noche y 30 minutos», si en el saludo de entrada se dice buenas noches. En mi parecer, es una redundancia. Bastaría con saludar (buenas noches, buenas tardes o buenos días); y a continuación decir la hora: «Son las 7 y 30 minutos». Punto. Lo demás sobra. O es que, ¿acaso existe la probabilidad de que a las 7 y 30 de la noche puedan ser las 7 y 30 de la mañana? Las circunstancias de ambiente (luz de luna e iluminación eléctrica de las ciudades), ¡no dejan duda!

─ Estoy de acuerdo con usted. Esa es una situación palpable todos los días en las emisoras radiales de Colombia. Salvo muy poquitos casos, locutores y periodistas incurren en esa redundancia ─ anoté.

─ Es una manía que, por fuerza de la costumbre, se generalizó. Lo indicado es que se diga la hora del momento y los minutos adicionales (si los hay), sin agregar nada más. Ejemplo: «Son las 9 y 40 minutos». No hay necesidad de aclarar que son las 9 y 40 minutos de la mañana, puesto que usted y yo estamos seguros de que ahora mismo vivimos la franja matinal. ¡Mire ese sol radiante, note cómo refulge en aquel jardín de allá avivando esas hermosas flores! Eso indica, amigo, que es de mañana. Lo mismo sucede por la tarde. Muchos dicen, por ejemplo: «En Radio La Locura son las 3 de la tarde y 12 minutos». A esos locutores también les llega la luz del sol por distintos lados, pero parece que no se dan cuenta de ello. Si en ese momento está transcurriendo la franja vespertina ¿para qué dicen que la hora que acaban de suministrar es de la tarde? Por lo demás, la hora no es la de la emisora, es la del país. Es distinto que la radio preste ese servicio a sus oyentes. Algo más: cuando no hay locutor en cabina, la señal horaria se transmite con base en una grabación que no agrega las manidas frases «de la mañana», «de la tarde» y «de la noche»; esa grabación sirve para cualquier momento, para toda hora. Los oyentes lo entienden porque viven el tiempo ambiente del momento ─ enfatizó él.

─ Pero, Alfabeto, en algunos casos será necesaria la aclaración. Si se transmite un programa para otro país, por ejemplo, habrá seguramente diferencia de horario…

─ En ese caso, es obvio que la aclaración es válida. Pero, ¿dígame cuántos son esos programas? ¡No pasan de tres! Volvamos a lo del principio. Si el reporte es de un país a otro, ¿para qué hay que decir «buenos días» y seguidamente indicar que son, por ejemplo, las 6 y 10 minutos de la mañana?

Consideramos varios ejemplos, tantos, que nos dieron la 12 meridiano en la oficina del escudero del idioma. Unas campanadas, provenientes del reloj de una iglesia cercana, nos advirtieron del asunto.

─ ¿Cómo diría usted la hora en este momento? ─ me preguntó Alfabeto. Noté su intención de probarme, o de propiciar otra discusión en la que pudiera sentar su criterio al respecto.

─ Yo siempre digo: son las 12. Así no más. Si agregara «del día», caería en la redundancia que estamos advirtiendo aquí. A esta hora, la luz del día me permite asegurarme de que apenas han transcurrido las doce primeras horas de las veinticuatro que tiene el día. ¡A esta hora no pueden ser las doce de la noche!

─ ¡De acuerdo! ─ anotó mi contertulio.

Luego, yo agregué que después de las 12 de la noche hay otra equivocación en la materia.

─ Muchos dicen: «Son las 12 de la noche y 30 minutos», por ejemplo. Eso no es preciso porque a las 12 de la noche concluye el día; se han completado sus 24 horas. De ahí en adelante el tiempo que transcurre corresponde al nuevo día. En el caso del ejemplo ─sostuve─ esos 30 minutos son del día siguiente. Por tanto, es preciso decir: «Son las cero horas y 30 minutos». Cuando hayan transcurrido sesenta minutos se podrá hablar de la una (1:00 a.m.), la primera hora del nuevo día. Obviamente, sin necesidad de aclarar que es «de la madrugada».

En un apunte que me pareció oportuno, Alfabeto dijo, entonces:

─ Por estas razones aquí expuestas es mejor el sistema con que trabaja la gente de la Policía y de las Fuerzas Militares. En ese ámbito no se «parte» el día en dos jornadas de 12 horas cada una; se tienen en cuenta las 24 horas como un todo. Así debe ser. Ellos hablan, por ejemplo, de «las 14 y 20» (sin añadir, además, que los 20 son minutos). Para nosotros esa señal horaria significará las 2 y 20. En sus reportes, ellos, policías y militares, indican que un accidente trágico ocurrió «a las cero horas y 15». Con ello dicen que el suceso acaeció 15 minutos después de comenzar un nuevo día.

Más tarde miré mi reloj de pulsera. Ya era la una. Como los jugos gástricos acosaban el estómago, invité a levantar la sesión para irnos a almorzar.

─ Está bien. Ya son las trece horas. Así que es tiempo de ir a casa a buscar la segunda dosis de alimentos de hoy. Si lo desea, volveremos a encontrarnos mañana, a las 8 y 30 a. m., aquí mismo. ¿Le parece bien? ─ dijo el lingüista.

Alfabeto sonrió, e instintivamente volvió a encender el receptor de radio que había apagado al comienzo de la charla. «Ponga usted cuidado a lo que algún locutor va a decir ahora», subrayó.

«En Radio La Locura ahora son la una de la tarde. Quédense en nuestra sintonía; somos los mejores, bla, bla, bla…», se escuchó decir al locutor.

Alfabeto dio un ligero golpe a su aparato de radio, y dijo: «¡So bestia: es la una!