4 de junio de 2026

El amor, un gran maestro

Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
8 de septiembre de 2022
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
8 de septiembre de 2022

Miles de canciones, poemas, películas, series, libros y otras composiciones giran en torno al amor. Esta cualidad, que vincula a los seres humanos unos con otros, constituye uno de los pilares de la existencia. Decía Viktor Frankl que el amor es la meta más alta a lo que puede aspirar una persona. Si bien en la expresión del amor convergen estructuras y funciones cerebrales –entre ellas la actividad de la dopamina y la oxitocina–, el amor no se reduce a la neuroquímica. Es algo que va más allá, algo que trasciende la biología, la cognición y el contexto. El amor apela a una dimensión superlativa: la dimensión espiritual, aquella que es exclusivamente humana.

La crisis es el motor de la creatividad. Esta es una conclusión a la que he llegado en mi transitar por la vida. Y es en este momento en el que me movilizo a compartir algunos de los aprendizajes que el amor me ha dejado en momentos de crisis. Por analogía, el amor es un gran maestro de esos que llegan para enseñarnos, a veces con paciencia y a veces bajo presión, conocimientos y valores que nos forjarán por el resto de la vida. En las relaciones amorosas hay dos tipos de personas: las que llegan para quedarse y acompañarnos hasta su último momento, o las que llegan para dejarnos enseñanzas y luego marcharse. En ambos casos hay una pérdida que conduce a la elaboración de un duelo. Junto con la ira, la tristeza y otras emociones encontradas, en las dos situaciones es posible descubrir significados valiosos.

En el caso de las rupturas amorosas, es natural que experimentemos un cóctel de emociones y sentimientos en los que es difícil observarnos e intentar ser objetivos en la manera como vemos al otro. Llenos de ira podemos lanzar palabras y llevar a cabo acciones que lastiman al otro y que son más la expresión de la emoción que de la razón. No obstante, con el paso del tiempo vamos comprendiendo que algo aprendimos gracias a la llegada de esa persona a nuestras vidas. Cuando terminamos una relación, elaboramos un proceso de autocomprensión en el cual limpiamos el espejo empañado de nuestras emociones y nos permitirnos vernos con más claridad en situación, es decir, aprendemos a conocernos, a saber lo que realmente queremos de una relación, a trabajar en nuestras debilidades, a valorar nuestras fortalezas y a elegir mejor la siguiente ocasión en que la vida nos ofrezca la oportunidad de vincularnos afectivamente a otro ser humano.

Retomando a Frankl, el amor auténtico potencia nuestras fortalezas, ayudándonos a desarrollarnos como personas. Como maestro, el amor nos demuestra que una relación en la cual en lugar de crecer cada día nos estancamos o involucionamos en nuestro desarrollo personal, no sería la mejor opción, y lo que busca es señalarnos que necesitamos usar nuestra libertad para decidir si es allí donde realmente queremos estar. El amor está para recordarnos que, antes que ser fieles a otra persona, es fundamental ser fieles a nosotros mismos y que, por más enamorados que estemos, nuestros valores, nuestra salud mental, nuestra felicidad y nuestra dignidad no se negocian.

En la vivencia del amor todo ser humano es libre de decidir. Ante una ruptura, cada uno de nosotros elegirá si verá al amor como a un villano o como a un maestro. Es natural victimizarnos un poco y experimentar muchas emociones tras la ruptura. Sin embargo, en el tránsito del duelo seguimos siendo seres libres para adoptar una actitud ante el sufrimiento. Así, decidiremos si nos quedaremos siendo las víctimas o si lo aprendido nos movilizará a levantarnos para activar nuestros recursos internos y hacernos dueños de nuestra propia existencia.