23 de julio de 2026

Caos de invisibles reglas

30 de septiembre de 2022
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
30 de septiembre de 2022

Italia es un pais de maravillosas peculiaridades, gobernada por un aparentarente caos  de invisibles reglas,  que hacen que el país fluya, tercera economía de Europa, y en politica, de su inestabilidad hace una regularidad. Desde el dopoguerra  ha contado 67 gobiernos, y uno más, el que escoja el Presidente Matarella, quien luego de los resultados  electorales recientes, discrecionalmente  encomendará a alguien conformar gabinete; la más indicada, Georgia Meloni,  indisctuble ganadora, con un cuarto de la votación, en la que participó solo la mitad del censo electoral.

La trayectoria política de la Meloni es paradojal. Fascista salida de un queteiri de la izquierda, la Garbatella; primer mujer que llegará a ser primera ministra, logro que enrostrará a las feministas; declarada admiradora de Mussolini, del que todos reniegan; solitaria con su partido Fratelli d´Italia, en la oposición al gobierno de conciliación de Mario Draghi.

Contribución de los italianos  a la teoría politica es el fascismo, fasces símbolo de la magistratura romana, la más poderosa de las apuestas contra la democracia liberal, y  nombre para todo  totalitarismo. Fratelli d´Italia es heredero politicos del MSI, el fascismo original, el de la República de Saló, se identifica y es afin, dentro y fuera de Italia, con todo partido de ultraderecha. Sus banderas son el nacionalismo, para golpear con el asta el europeísmo de la Unión, y los inmigrantes del otro lado del Mediterráneo. Y la familia, con sus proclamas antiabortistas y anti-LGTB.

El correlato del auge de la ultraderecha es la pérdida de influencia de la izquierda, extraviada en el siglo XXI. En el anterior, el Partido Cominista Italiano fue actor político de primera línea. Llegó a ser el mas grande en el mundo, por fuera de la órbita sovietica, Y  segunda fuerza en el país contribuyendo a reconstrucción democrática. Cierto, era  dentro de los partidos comunistas el más heterodoxo,  con retórica marxista y prácticas liberales. Togliatti y Belinguer, los líderes destacados, siempre avalaron la colaboraron con gobiernos de la Democracia Cristina, aún no pudieran participar en ellos, por el decidido veto de EE.UU. El partido Comunista se disolvió y hoy la izquierda está en cabeza del Partido Democrático, que incapaz de formar alianzas con partidos de centro, despejó el camino a la ultraderecha.

Otra impronta italiana es la imbatible relación entre la politica y la mafia. Existe un retrato fílmico, un clásico, de esatóxica colaboración, sobre el qué hay que volver los ojos para bien entender la situación italiana. La película  Il Divo de Paolo Sorrentino, toma la asombrosa historia de Andreotti, la de un hombre sin arrogancia, indescifrable, una mitad suya permanecía oculta, que ostentó el poder  en Italia por más de veinte años, ocupó diversos ministerios, siete veces Jefe del Gobierno, senador vitalicio, que cultivó, tal vez sea más exacto, fue cautivo de las relaciones con la mafia, y sobrevivió a la guerra que ésta le declaró en los años noventa, con el asesinato del contacto suyo en Sicilia, Salvo Lima. Una escena memorable de la película es el relato en paralelo de una carrera hípica a la que asiste Il Divo y la persecusión de los sicarios en motocicleta  al  automóvil de la víctima, sugiriendo al espectador que Andreotti no solo tenía conocimiento del crimen que se iba a cometer, sino, tal vez, que fue él quien lo ordenó

Sorrentino en su ficción pone en los labios de Andreotti un monólogo en el que hace  dramática confesión ante los ojos de su esposa Livia, y de la historia, y  a modo de cínica justificación, dice: No tienen idea de  los horrores que debe cometer el poder para asegurar el bienestar  y el desarrollo,   durante muchos años el poder he sido yo, es monstruosa e inconfesable la contradicción  de perpetuar el mal para garantizar  el bien.

Esto no es el pasado. Son recientes las investigaciones contra Berlusconi, y condenas por colaboración mafiosa a general y un senador de su cuerda. En los relatos de la política italiana pervive ese esquema, en el que la Italia septrional manda la parada en política, y se abastece de votos clientelares de las regiones meridionales, controladas por la Cosa Nostra en Sicilia, y la Ndrangheta calabresa, la Camorra en Campania, la Sacra Corona Unita en Puglia. Es posible que la ruptura que represente Giogia Meloni sea solo el desplazamiento del foco centralizador del norte milanés, al centro romano.

Rasgo propio de la democracia italiana es su volatilidad. Basta señalar que el triunfo de la Meloni es sorpresa. En las elecciones pasadas, el partido Fratelli d´Italia exiguo, pasó raspando el umbral del 4%, y cuatro años después, es el mayor de todos.  Un cómico, Pepe Grillo, creó en las antepasadas elecciones el movimiento Cinco Estrellas que fueron rutilantes, y hoy se apagan, llegando solo al 15%, la mitad de lo que fueron.  Los Hermanos de Italia era los socios menores de la ultraderecha, de Berlusconi  -Forza Italia- y de Salvini -Liga Norte-, que se redujeron drásticamente. Para la coalición de derecha el triunfo es agrídulce, ganaron contundentemente, se hicieron al 44% de los votos, pero sus líderes humillados en la urna tendrán que doblar la cerviz  ante nuevo capo, y mujer.

Los márgenes de acción de Meloni son escasos. Una cauda de sus votantes son de los frustrados por penurias, endémicas y  pandémicas, y poco podrá hacer por ellos en época marcada por  inflación y recesión; sus seguidores antiabortistas no podrán repetir el referéndum que perdieron contra la ley que reglamenta el aborto, pactado entre las partes en disputa, y aprobado con apenas los votos necesarios. Aunque la seducen sus convicciones católicas, primará el pragmatismo político; y los antieuropeístas tendrán que esperar mejores tiempos, pues Italia sobrevive con las ayudas de la Comunidad Europa, es el mayor destinatario de ellas. Tampoco jugará con fuego acercándose  a Putin, como lo han hecho sus socios de coalición, ahora cuando Europa toda está alineada contra Rusia. Un gobierno, con enemigos dentro de la coalición y sin tiempo, trece meses de vida, el promedio.