2 de octubre de 2022
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Libres para decidir

Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
10 de agosto de 2022
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
10 de agosto de 2022

“Soy así y no puedo cambiar”. He escuchado esta frase cientos de veces, no solamente en consulta, sino también en conversaciones cotidianas. El cambio, en especial de nuestros rasgos de personalidad, constituye un enorme reto existencial que pone a prueba los recursos internos incluso del más valiente. Lo diferente nos aterra. Enfrentarnos a lo nuevo, a ser una versión distinta de nosotros mismos, puede generarnos un enorme malestar físico y mental que se expresa en pensamientos catastróficos, así como en manifestaciones somáticas que incluyen cambios en las frecuencias cardiaca y respiratoria, náuseas, dolores de cabeza, contracciones musculares, alteraciones del sueño, sudoración y cambios en la temperatura corporal.

La resistencia a vernos de una manera distinta es promovida por nuestra sociedad, incluso por algunos clínicos, quienes afirman que el ser humano está determinado por sus variables físicas, psicológicas y sociales. A través del estudio de la psicoterapia centrada en el sentido de la vida, he aprendido que los seres humanos somos seres que decidimos, libres para ser la versión de nosotros mismos que elijamos ser. En otros términos, estamos condicionados por factores biopsicosociales, mas no determinados por ellos. Yo no soy lo que dicten mis genes, mis creencias o mi crianza. Si bien estos aspectos son significativos en la construcción de mi identidad y de mi modo de ser, soy yo quien decide lo que haré con ellos. Muestra de esto son las personas que, habiendo heredado un temperamento en el que predomina la impulsividad, son capaces de ejercer autocontrol y autorregulación de sus emociones. O aquellos que, aunque tuvieron una crianza en la que nunca recibieron un abrazo, aprenden a expresar afecto y a amar genuinamente a otros.

¿Qué ocurre cuando nos pandeterminamos, es decir, cuando reducimos nuestra humanidad a nuestras variables biopsicosociales y nos resistimos al cambio? En pocos términos, limitamos el descubrimiento de nuevas posibilidades a través de la vida, nos perdemos de oportunidades valiosas y encarcelamos nuestra propia libertad, aquella que nos hace auténticos seres humanos y que nos diferencia de otros seres vivos. Es cierto que vernos como seres posibles para el cambio nos reta, generándonos malestar e incomodidad, pero estos son los síntomas de que se están moviendo internamente recursos para empoderarnos hacia una mejor versión de nosotros mismos.

Para mí, es incómodo sentir malestar gástrico cada vez que me enfrento a un nuevo círculo social, pero ese malestar se desvanece cuando descubro que entre las personas que estoy conociendo hay una que, pese a que está en silla de ruedas, le sonríe a la vida y acompaña a otros para encontrarle un sentido a su existencia. Lo valioso prevalece sobre el miedo. Evitar la situación que causa temor o malestar podría hacerme perder de un momento de sentido que puede quedarse para siempre, mientras el miedo solo es temporal.

Teniendo en cuenta lo anterior, mi invitación es a enfrentarnos a los cambios, a ser una versión mejor de nosotros mismos, apelando a nuestra capacidad exclusivamente humana para decidir de manera libre quienes queremos ser. De este modo, descubriremos nuevas posibilidades de ser y de existir que nos harán más felices y llenarán nuestras vidas de sentido.