La presencia ontológica de un valioso ser humano
Pocas cosas duelen tanto como la pérdida de una persona a quien valoramos. Sin embargo, duele mucho más cuando nos damos cuenta de que tuvimos la oportunidad de compartir más con esa persona, de tomarnos un café con ella para conversar sobre temas sociales, filosóficos o cotidianos, y no lo hicimos.
Llena de un profundo dolor escribo estas líneas. Con nuestro director, Evelio Giraldo, tuve mi primera conversación a principios de este año, gracias a que un amigo mío nos puso en contacto. Desde que tengo conocimiento de letras he amado escribir, de modo que, cuando mi amigo me mencionó la posibilidad de publicar columnas los jueves en Eje 21, me alegré mucho. Mi motivación fue mayor cuando escuché la cálida voz del director Evelio Giraldo, una persona amable y, evidentemente, llena de experiencia. Además de darme la bienvenida a Eje 21, me dijo que le agradaba tener a una nueva columnista mujer, pues la mayoría de quienes escriben son hombres. Eso me hizo sentir muy honrada. Así, cada semana me comunicaba vía correo electrónico o WhatsApp con él para informarle sobre el envío de mi columna, la cual encontraba publicada cada jueves muy temprano.
En una de nuestras primeras conversaciones, recuerdo al director Evelio Giraldo invitándome a apartar una tarde para conversar junto a otros columnistas. Recuerdo haberle dicho que lo haría con gusto. Y evidentemente era así. No obstante, en medio de mis ocupaciones nunca me di esa oportunidad. Fue hasta hace tres días que lamenté no haber apartado ese tiempo, no haber utilizado una tarde para conocerlo en persona y haber tenido, con toda seguridad, una amena conversación.
Con lágrimas en los ojos hoy escribo esta columna. Sin embargo, me siento llena de nuevos aprendizajes. De la partida del director Evelio Giraldo capto algo: es fundamental valorar la presencia de los seres humanos que llegan a nuestras vidas, compartiendo con ellos y dándoles el lugar que se merecen. Hoy me doy cuenta de que he desperdiciado momentos de mi vida al lado de personas que, finalmente, demostraron con sus acciones que no valoraban mi presencia. Como seres humanos, a veces hacemos sacrificios por aquello que al final no era tan importante y, solamente cuando perdemos a algo o a alguien valioso, nos damos cuenta de qué o quien merece nuestros esfuerzos y atenciones. Pero esa es la vida, una serie de múltiples aprendizajes que nos permiten, incluso a través del dolor, captar el sentido de lo que realmente es valioso.
Hoy, aunque ónticamente no está con nosotros, la presencia ontológica del director Evelio Giraldo está viva en nuestros corazones, cargándonos de buena energía y de mucha gratitud hacia la vida. Su buena disposición y el recuerdo de su amabilidad me ayudan a responder a una pregunta que me hace la vida: cómo estoy usando mi tiempo. Por ello, quiero invertirlo en lo que le da sentido a mi vida: mi familia, mis proyectos, mis pacientes, mi comunidad y, por supuesto, otras personas valiosas que llegan a colmar de significado mi existencia.