23 de julio de 2026

BOLIVAR es el símbolo

19 de agosto de 2022
Por Eduardo López Villegas
Por Eduardo López Villegas
19 de agosto de 2022

Ha sido abundante la prosa sobre la espada en la urna, que en volandas y con premura fue llevada por sus custodios, en tensos instantes de silencio expectante por el pulso que libraba un gobierno engolosinado con el poder, y el nuevo, urgido de hacer sentir el suyo, ante unos invitados internacionales y una plaza abarrotada de pueblo. Era el espíritu de Bolívar, al que se requería para que hiciera presencia en su plaza.

Los símbolos son una imagen de poderosa evocación, en la que se condensan conceptos y sentimientos, múltiples. Bajo ella pueden caber las más disímiles especies, aún las antagónicas. En el símbolo se sintetiza una biografía o pensamiento, o una semblanza, es imagen plástica  fuente  inspiración tan inasible como fecunda.

Bolívar es un símbolo de nuestra patria, y del continente latinoamericano; de la democracia, de la civilidad republicana; de la emancipación, pero también hay quien lo imagina como un referente de la monarquía y de la autocracia, del esclavismo y del patriarcado, de la derecha y de la izquierda.

Y Bolívar es el símbolo no su espada. Y la espada envainada, triunfante significa cambio, con el que este Gobierno se quiere distinguir.  De colonias del Imperio Español hizo cinco repúblicas. Mientras sus contemporáneos no veían más allá de su provincia, y se contentaban con proclamar juntas locales, las de Santa Fe, Mompox, Cartagena, Popayán, Mariquita, Caracas, Bolívar entrevió el peligro de la reacción española, de las expediciones punitivas que se desatarían, las que no se podrían repeler si el Virreinato de la Nueva Granada y la Capitanía de Venezuela no formaban un frente unido. Su ambición de gloria le dio fuerzas para encender ánimos, acopiar pobres recursos, hacer de campesinos y esclavos descamisados batallones temerarios, capaces de doblegar ejércitos profesionales curtidos en las guerras europeas, en resonantes victorias que todavía duelen al borbón Felipe VI, que, permaneciendo sentado, se negó a rendirle honores. La espada de combate se erige como símbolo de una voluntad superior de crear un nuevo mundo.

Otro gesto de Bolívar  convierte la espada en símbolo de paz.  La aspiración de una Gran Colombia, la Nueva Granada y Venezuela bajo un mismo liderazgo, solo podía ser realidad por y con Bolívar. El mismo así lo entendió. Solo bajo su mando era posible mantener unidas las que luego serían dos Republicas. Páez cuando entrevió negra su suerte en manos del vicepresidente Santander se rebeló, y proclamó su superioridad en una Venezuela separada de la Gran Colombia. Solo los buenos oficios de Bolívar, quien tuvo que cabalgar hasta allí, pudo lograr una efímera paz, y sellarla entregando como regalo al sublevado su propia espada de combate, quien respondió: Entre las dádivas de la tierra, ¿ha habido una, podrá haber una de valor igual?

En reportaje reciente el papa Francisco identificó su profecía de unidad latinoamericana con el sueño de San Martín y de Bolívar. 

El Papa aquí acude a otro momento simbólico de Bolívar, prolongando aquel encuentro de Guayaquil, el de dos íconos de la independencia americana, San Martín y Bolívar, entrevista inacabada  por cuenta del misterio que la envuelve al haberse realizado  sin testigos, y que sigue sucediendo por cuenta de historiadores, literatos, cineastas.

El símbolo de la unidad latinoamericana prevalece sobre el chisme. ¿Quien fue grande en ese encuentro? ¿Bolívar que desplazó a San Martin? Dos machos alfas enfrentados por la supremacía. o ¿San Martín magnánimo cediendo al otro Libertador del Perú, qué?  ¿El campo de batalla, o la autoridad civil y o la jefatura militar que ya se desvanecían?  De las insinuaciones albicelestes se hace cargo Borges quien en su cuento Guayaquil,  las lanza: Algunos conjeturan que San Martín cayó en una celada; otros como Sarmiento, que era un militar europeo, extraviado en un continente que nunca comprendió; otros, por lo general argentinos le atribuyeron un acto de abnegación; otros  de fatiga.  Hay quienes hablan de la orden secreta de no se qué logia masónica.

La superioridad de Bolívar frente a todos sus contemporáneos se cifra en que era un adelantado, un visionario; cuando los demás seguían bajo el peso mental del colonialismo, Bolívar concebía proyectos que la historia, luego enseña, necesitaban todavía de más un siglo para madurar. En 1826 convoca y reúne el Congreso Anfictiónico a los   países Centro y Sur Americanos liberados dispuestos a crear una poderosa nación latina, una Confederación con Congreso y Ejercito propio, dejando por fuera al coloso del norte, al de la Doctrina Monroe, pues prevenía: Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad. 

El pensamiento de Bolívar es germen del panamericanismo que solo tomó forma un siglo después; y también del antimperialismo de la Guerra Fría; o del anticapitalismo salvaje  del siglo XXI, el de los imperialismos explotadores, que es como los denomina y contra los que reclama el papa Francisco. La emancipación de hoy sigue siendo la de la  descoloniaje, pero en nuevos terrenos, el de una nueva mentalidad que nos libere de pensar que la solución de nuestros problemas se hace a la luz, a la medida y bajo el liderazgo del norte. Seguimos esperando en vano que la big pharma  se interese en nuestras enfermedades tropicales. Es asunto que el Sur Global tome en sus manos. Lo que se ha de perseguir es el tipo de liberación de la que se nutre la diplomacia de la salud  a la que hace eco el embajador França del Brasil. La unión latinoamericana debería tener como símbolo un poderoso centro de investigación médica, una industria farmacéutica líder, que garantice  la autosuficiencia en salud, con conocimientos y medicamentos que correspondan a nuestros perfiles epidemiológicos, con orientaciones nutricionales para las gentes de nuestras tallas y pesos, con alimentos  nativos. Y que nos libre de padecer la vergüenza planetaria que significó la pandemia, países mendicantes de vacunas, disputándose sobras, y su población en la cola de las listas de salvamento.