4 de junio de 2026

Los retos de ser diferentes

Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
27 de julio de 2022
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
27 de julio de 2022

“Normal”. Esta es una de las palabras que uso con menos frecuencia en mis discursos verbales y escritos. El concepto de normalidad es uno de los más sujetos al contexto que conozco. Lo que hace 100 años era considerado, raro, extraño o anormal, hoy es aceptado por las masas, mientras que lo que es normal en el mundo occidental, en el lado opuesto del planeta es completamente inaceptable.

¿Qué significa ser una persona “normal”? Desde mi perspectiva, significa ajustarse a lo que es aceptado por la mayoría de las personas en un espacio y momento histórico. Sin embargo, no comparto la idea de que normal sea un adjetivo adecuado para describir a una persona. Reconozco el sesgo que tengo hacia la palabra “normal”, quizás debido a mis propias vivencias. Desde niña, me he enfrentado al reto de ser cognitivamente diferente. Desde el preferir estar un sábado en la noche estudiando etimologías griegas en lugar de ir a una fiesta, hasta el ser objeto de burlas por no entender los chistes y metáforas, he logrado comprender lo difícil que es sentirme como la ficha asimétrica en un rompecabezas donde todas las demás piezas encajan.

Ser diferente en un mundo de iguales es un impresionante desafío. Quizás sea por esto que celebro y defiendo los distintos tipos de diversidad: cognitiva, sexual, cultural, racial, entre otras. Para quienes su manera de procesar la información, sus creencias, su manera de vivir la sexualidad o su color de piel desafina con el resto de la orquesta social, conseguir amigos, aliados o pareja constituye una tarea titánica. Incluso en este siglo XXI, donde las diferencias comienzan a ser entendidas como un complemento y no como un obstáculo, todavía es difícil sintonizar con el pensamiento de la masa.

Cabe señalar que, tal como la biodiversidad sostiene la vida en la Tierra, las diferencias entre los seres humanos también enriquecen la existencia en sociedad. De ahí que quien se permite manifestar su diversidad pese a la presión de encajar en un paquete social, se abre ante la posibilidad de ser una persona auténtica. Aunque comprendo el malestar que produce el rechazo a la diferencia, también puedo afirmar que ser una persona diversa constituye una gran ventaja para generar un filtro social, demostrando quien realmente me valora por lo que soy y no por el hecho de ajustarme a los estándares de una colectividad.

Hoy agradezco a mis padres, a mi novio, a mis maestros, así como a mis amigos de maestría y de artes marciales por tomarse el tiempo para desconfigurar su lenguaje simbólico y explicarme cada uno de sus chistes y sus frases en doble sentido. Con cada uno de sus actos demuestra que me aman de verdad. Desde mi experiencia, puedo afirmar que he aprendido a valorar mi diversidad y el hecho de no ser “normal” según los estándares de mi contexto histórico. Por ello, invito a aquellos que nadan en contra de la corriente social a manifestar su verdadero ser, a enfrentar sus temores y a asumir el reto de ser diferentes, demostrando su capacidad para enriquecer la vida con sus múltiples colores y matices.