¿Y dónde está la evidencia?
La propuesta del candidato presidencial Rodolfo Hernández al embajador de los Estados Unidos en Colombia, Philip Goldberg, con la cual busca regalar drogas a los adictos para combatir el narcotráfico en el país, ha demostrado su desconocimiento respecto al impacto de la dependencia de las sustancias psicoactivas en la salud mental de las personas. Intervenir las adicciones requiere de un dominio integrador de la temática, así como de un reconocimiento en contexto de su impacto en individuos y grupos. Sin embargo, esta es una realidad que el candidato Hernández demuestra que se escapa a su comprensión.
Para iniciar, quienes dependen de una sustancia psicoactiva no son adictos, sino seres humanos con una adicción. Usar la expresión adicto en el marco de un discurso político constituye una mirada pandeterminista de la persona que presenta la adicción, reduciendo su realidad al consumo de la sustancia. Si bien es cierto que el sujeto con una adicción es una persona enferma, definirse como adicto lo coloca en una posición de pasividad, en la cual limita el uso de sus recursos internos para adoptar una posición de cambio frente al consumo.
El uso de sustancias psicoactivas se mueve en un espectro amplio que abarca desde el consumo experiencial hasta la dependencia. No es lo mismo hacer uso de una sustancia psicoactiva como parte de un tratamiento médico o como dosis personal, a suministrarla para mantener una adicción. La dependencia o adicción afecta la funcionalidad de la persona. Regalar los narcóticos no equivale a solucionar el problema del consumo, sino a exacerbarlo, afectando significativamente la productividad de la persona y su bienestar. ¿Y cuánto le costaría al Estado sostener tanto al consumo como a las personas que no son productivas debido a la dependencia de una sustancia?
Si la propuesta se centra en la reducción del narcotráfico y en el impacto en la economía, se dejan en segundo plano otras esferas importantes, como son el bienestar psicosocial y la salud mental. Tal como lo he defendido en otras de mis columnas, la política y la ciencia deben trabajar juntas, reconociendo la efectividad de las estrategias que se esperan implementar en un contexto concreto. No hacerlo significaría un mayor gasto público, así como pérdida de tiempo y esfuerzos en acciones cuya validez no está demostrada. Es por esto que gustaría conocer la evidencia científica que fundamenta la propuesta del candidato Rodolfo Hernández.
El día de las elecciones se acerca. Si un candidato no sabe diferenciar entre los conceptos de una temática, más difícil le será ejecutar estrategias verdaderamente eficientes y generadoras de cambio. Por lo tanto, es preciso que como país no solamente elijamos a un presidente, sino también a una persona que demuestre reconocer a Colombia desde todos sus ángulos, en especial aquellas que tienen que ver con su gente.