6 de julio de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Felicidad, autenticidad y autotrascendencia

Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
22 de junio de 2022
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
22 de junio de 2022

La felicidad puede describirse como un estado de plenitud integral. Si se le pregunta a un grupo de personas qué es lo que más anhela en la vida, una de las respuestas más comunes será “quiero ser feliz”. La felicidad es subjetiva y varía según el momento vital en el que se encuentre una misma persona. A diferencia de la alegría, que es una emoción básica sujeta a un momento concreto, la felicidad es un estado perdurable. Pese a las divergencias en cuanto lo que nos hace felices, casi todos concordamos en que la felicidad está estrechamente ligada a la satisfacción y la gratificación. Por ello, en esta columna quiero describir, desde mis experiencias personal y profesional, algunos errores que comentemos frente a la comprensión de la felicidad.

Si bien la felicidad es única para cada persona, nuestra sociedad trata de encajarnos en un mismo molde sobre lo que esta significa. Uno de los principales errores consiste en vendernos la idea de que la felicidad es sinónimo de alcanzar logros económicos y académicos, así como de conseguir fama y poder bajo la etiqueta de éxito. Si el éxito y la felicidad se definieran bajo estos criterios, ninguna persona rica, formada académicamente, famosa y poderosa experimentaría vacío existencial, es decir, ausencia de sentido de vida.

¿Qué otro problema existe en torno a la comprensión de la felicidad? Que generalmente nos empeñamos en perseguirla. La felicidad no es un ideal que debamos perseguir con ahínco. Tal como correr tras las mariposas nos distancia de alcanzarlas, insistir en la búsqueda de la felicidad en sí misma nos aleja más de ella. La felicidad es el resultado de los procesos que elaboramos, de los de valores de creación, experiencia y actitud que realizamos a lo largo de nuestra vida. Es un estado que llega por sí mismo luego de un proceso en el que nos entregamos a una misión o tarea con la que resonamos afectivamente y desde la autenticidad de nuestro ser, es decir, desde la verdadera versión de nosotros mismos, no la que la sociedad u otras personas traten de imponernos.

Otro error común que cometemos es creer que la felicidad debe girar en torno a nosotros mismos. Cuando yo considero que soy la única estrella del universo y relego a un segundo o tercer plano el potencial que otros tienen para brillar, me alejo de esa felicidad tan deseada. El verdadero fundamento de la existencia y de la felicidad humanas está en manifestar la autotrascendencia, es decir, la capacidad de ir más allá de nosotros mismos para existir en el mundo y coexistir con los otros. Solamente cuando nos entregamos a una misión que beneficie a otros seres humanos, le abrimos la puerta a la felicidad. Ser feliz implica ser altruista, no egoísta. Con esto no pretendo afirmar que debamos darnos un lugar secundario o permitir que otros vulneren nuestros derechos.  A lo que hago referencia es a la inherente necesidad humana de estar conectados con algo o alguien que trascienda nuestro propio ser.

En contexto, una visión autotrascendente de la felicidad tiene múltiples connotaciones. En la vida de pareja, la felicidad está estrechamente ligada a la apertura de corazón para potenciar en la otra persona el desarrollo de sus propias capacidades y de su personalidad auténtica, facilitando todos nuestros recursos para que pueda ser ella misma, no la versión que a nosotros nos gustaría que fuera. En los contextos político y social, la felicidad constituye el resultado de los procesos altruistas que impulsan al líder a trabajar por su comunidad y a alcanzar objetivos conjuntos para el bienestar de todos. En el escenario académico, la felicidad llega a ser el resultado del impacto del conocimiento en la transformación social, más allá de los reconocimientos que el científico consiga por sus múltiples investigaciones. Y así ocurre en otros ámbitos de la vida. La felicidad es aquel estado resultante de llevar a cabo una tarea que desplace el foco atencional del yo al nosotros.

En conclusión, para ser felices es fundamental elaborar un proceso derreflexivo que nos permita centrar nuestra atención en lo valioso que hay afuera, en dejar de perseguir este estado como un ideal en sí mismo y en ser personas auténticas, incluso desafiando los criterios de nuestra sociedad. Así, la felicidad será el fruto de una semilla que algún día sembramos, mientras nos atrevimos a vivenciar cada etapa de su proceso de crecimiento.