1 de julio de 2022
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La gran corrida nacional

15 de mayo de 2022
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
15 de mayo de 2022
No faltaba más que no fuéramos a abordar de nuevo el tema de la política colombiana. O mejor, de la campaña que se adelanta para que alguno de los candidatos en contienda obtenga el premio mayor, que consiste en torear durante cuatro años a ese astado corniveleto y de embestida indescifrable que es el país colombiano. Por lo regular, los toros corniveletos producen cornadas mortales y son difíciles de pasaportar, como dirían los centenaristas narradores de las corridas de toros. Y requieren para su lidia regular, toreros mandones, que, a base de trincherazos y pases de castigo, corrijan los derrotes y extraños de su socio el toro, y salgan airosos de la faena, con vueltas al ruedo y vítores en los tendidos.
No se extrañen de este lenguaje. Los políticos todos, incluso los antitaurinos, saben que lo taurino, su argot, su colorido, tiene una especial similitud con la profesión que han escogido. La profesión de torero, como la del político, requiere condiciones excepcionales, la primera de ellas, la de vencer el miedo a que un imponderable o un error al enfrentarse con los astados, les pueda producir la muerte. Yo diría que, en Colombia, la política se ha vuelto igual de riesgosa que el toreo. Confieso, que a diario pienso que si a los lidiadores, protagonistas de la gran corrida electoral en que andamos, no se les blinda y protege con medidas extremas, y ellos mismos no guardan la aconsejable prudencia en sus programaciones de campaña, una circunstancia fatal que se presentare, podría conducirnos a un escenario inimaginable.
Ahora es políticamente incorrecto defender la fiesta de los toros. Pero así lo sea, nadie puede negar que ella ha estado ligada a la historia del país. Desde la época de los virreyes se ha celebrado en Colombia y no hay pueblo en el que no se haya efectuado, bien para celebrar sus foforros patronales o bien como eje de ferias y jolgorios. De hecho, la Plaza de Santa María de Bogotá, fue escenario de eventos taurinos memorables, a los que asistieron presidentes y ministros, alcaldes y embajadores, que consideraban su presencia como un medidor de su popularidad, para darse baños de democracia y untarse de ciudadanía
Asistentes al coso capitalino, lo fueron Enrique Olaya Herrera, quien asistió a su inauguración el 8 de febrero de 1931, y casi todos los presidentes hasta César Gaviria, que fue el último que se le midió a la reacción de los aficionados, cuyos aplausos estuvieron divididos. Hernando Santos, Director de El Tiempo en 1991, ofreció una recepción en su periódico para cumplimentar a César Rincón por sus triunfos en España, a la que asistió el presidente César Augusto Gaviria Trujillo y también Alfonso López Michelsen, Misael Pastrana y Belisario Betancur, como lo consignaron los diarios de la época. Y en la espirituosa reunión, bañada con generosos vinos que le traían al anfitrión desde España los bien plantados figurones de la época, todos a una, recordaron la conferencia que dictó el expresidente Guillermo León Valencia en una prestigiosa peña madrileña hacia 1969, sobre las similitudes de las corridas con las bregas políticas y electorales. Los públicos, como los electores, son volubles, cambian fácilmente sus apoyos por rechiflas. Si las faenas fracasan son inclementes. Las protestas por las malas ejecuciones pueden terminar en asonadas. Y las emprenden contra la presidencia de la corrida, los lidiadores y sus cuadrillas. «Los presidentes de las naciones y de las corridas, son abucheados…a menos que complazcan al respetable con olvido y menosprecio de los reglamentos y la ley…» . Carajo, ¡como que si fuera hoy!
Ésta corrida electoral avanza con notorios altibajos. Más bajos que altos. Lo que debiera ser un conjunto de lidiadores, que permitiera planificar con tranquilidad y mesura la técnica de enfrentar al toro de la opinión ciudadana, se ha convertido en una guachafita, en una corraleja, llena de subalternos vociferantes y amenazadores. Hay un alternante, Petro, que desde que salió al ruedo, es tremendista, tiene una cuadrilla de picadores, banderilleros y mozos de espadas, que se dedican a hacer desplantes para los tendidos de sol, populares, que vibran con el toreo marginal, demagógico; otro, que carece de inspiración, de duende, que se limita a buscar los aplausos de los de barrera, conservadores, continuistas, que no  cranean que se necesitan innovaciones y osadías para que el público no se duerma ante la repetición de los mismos pases, con unos auxiliares ya calvos y cansinos, que carece de identidad y de independencia y que se hace apelar Fico, así como se llamaban antes, Lagartijo, Bombita o Machaquito; otro, que a punta de berrinches repetitivos, procacidades, ordinarieces y coscorrones, madrazos y desaguisados, despierta simpatías entre los que creen que sin ton ni son, con ignorancia supina de la todos los temas, con pintorescas consignas efectistas se puede realizar una faena, por lo menos pasable, estética, y que se apellida Hernández.
Y un sobresaliente, que ha sido como el que tiene más y variado repertorio y que como viene de una escuela, larga y cimentada, con experiencia, es Maestro sereno y amoldado. No ha despertado mayores emociones ni entre los acalorados de los tendidos asoleados, ni aplausos por parte de los de las barreras de cuellos perfumados, y pelucones, y peluquines. Sin alboroto, en el ruedo ha demostrado que puede utilizarse la mano derecha y la izquierda, con asepsia, sin agredir al toro, centrado en su labor que a la larga despierta el interés de los de hueso colorado, de los que prefieren el clasicismo, odian los aspavientos y saborean la serenidad, el placeo, la postura y la compostura en la plaza. Ni es tan mechudo como El Cordobés, ni tan calvito y relamido como Ponce, y hace suspirar a las manolas, feministas o no. Éste es al final, así no obtenga ni orejas ni rabo, el que deja el mejor sabor y cuya faena permanece en la retina de los asistentes al circo. Es Fajardo.
Pero no se vayan, que el domingo próximo, si San Pedro y las autoridades lo permiten, seguirá la política. Hasta el 29 de mayo, que sabremos quien será el triunfador de la gran corrida nacional. Abónense.