27 de julio de 2026

¡Calma pueblo!

21 de mayo de 2022
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
21 de mayo de 2022
Un compañero nuestro de pupitre, en las aulas de bachillerato del Colegio de Nuestra Señora de Manizales, cuando nos veía acalorados en las discusiones sobre el Deportes Caldas y el Deportivo Pereira, sobre Laureano Gómez y Rojas Pinilla -ya nos atrevíamos a oliscar en la política de nuestro país- sobre si era más existencialista Camus que Sartre, el hoy emérito Profesor riosuceño Alexander Hoyos, a quien saludo afectuosamente, Hola Alexander, nos calmaba con cierto aire militar al exclamar: ¡Calma Pueblo…! Y nos calmábamos. No más gritos ni madrazos, alharacas ni imposiciones. Puños nunca hubo. Eso sí, ganas no faltaron…
Al traer al tiempo de hoy la escena, me parece que hay que hacer una consigna de la conciliadora voz de Alexander: ¡Calma pueblo! No hay derecho a este desbordamiento de sentimientos y pasiones, por política y por todo. Quien creyera, pero ahora que vienen los partidos de fútbol, finales de uno de esos campeonatos que nadie entiende, hay que pedir que se extremen las medidas de seguridad en los estadios y fuera de ellos. Con igual intensidad, como la que rodea la asistencia a las manifestaciones públicas y a las presentaciones de los candidatos presidenciales, que, hasta el momento, han transcurrido sin violencia ni enfrentamientos. Máxime, cuando hay barras bravas que son activistas de partidos y movimientos.  El gobierno de Duque ha logrado garantizar, salvo ciertas hostilidades verbales de quienes deberían mantener su neutralidad política, que se adelante el proceso con zozobra, pero con tranquilidad. Las elecciones parlamentarias se dieron sin víctimas por política. El pueblo mantuvo su calma. Como esperamos que la mantenga el próximo 29 de mayo. Sí se puede. Los árboles no dejan ver el bosque.
Pero no nos distraigamos. Cualquiera que sea el resultado de la primera vuelta, sí no se logra la mayoría constitucional que se exige para que se consolide y reconozca el resultado, hay que bajarle decibeles a las agresiones verbales y a las descalificaciones. ¡Por Dios! ¡Quien dijo que éstos eran unos juegos florales, que se resuelven a sonetaso limpio! Es una brega entre políticos de la más rancia estirpe. Que han figurado, todos, en los gobiernos y en el manejo del Estado desde épocas inveteradas. Con sus defectos y sus virtudes, que algunos, pocos eso sí, tienen, y que ustedes pueden identificar sin mayores esfuerzos mentales. No es una pelea entre ángeles y arcángeles. Olvídense de ese anhelo, que es una bobada. Político con el rabo inmaculado es ave rara.
Cómo bobada es que le boten tanta corriente a lo de intervención en política por parte de funcionarios públicos y que con las dolamas que padecemos convirtamos lo de Quintero, el alcalde de Medellín y compañía, en la gran discusión nacional, cuando eso ha sido el pan de cada día por años y años. Quedó bien sancionado Quintero, primero, por creernos caídos del zarzo al sostener que no ha intervenido en política, y segundo, por bobo, lo que es peor, al incurrir en esa manejada de carro, insulsa, inoportuna, irruptora y provocadora. No le luce tirárselas de gracioso, porque carece del sentido del humor, como carecen del, – o de el- Uribe, Petro, Francia, Fajardo y tantos otros. En cambio, Fico produce gracia el solo verlo. Como el ingeniero Hernández, que da una impresión de despalomado, de ido del toro, impresionante, perdóneseme la licencia reiterativa.
Para las próximas elecciones, las del 2024, deben levantar esa ilusa e hipócrita veda de no participación en política de empleados y funcionarios. Con estrictas excepciones. Porque es que desde inspectores de policía hasta el presidente lo hacen. Y a sabiendas de que están infringiendo la ley. Y no les pasa nada. Salvo ahora, que con descabello ostensible, escogen dos o tres chivos expiatorios, para dar la sensación de eficiencia y  rigidez. Un canto a la bandera.
A los sacerdotes les dio en una época de nuestra historia por irrumpir con decisión en la política partidista. Y dividían de tal manera a su rebaño, que los Primados tuvieron que prohibir su injerencia, bajo la pena de cometer pecado mortal. Pero cuentan que un curita de Belacázar, municipio del Departamento de Caldas, donde hay un Cristo monumental, monumental de feo, en misa de once, los domingos antes de las elecciones y desde el púlpito decía: «yo como sacerdote, tengo prohibido pedirles que voten por algún candidato; pero como ciudadano, voy a votar por Laureano Gómez». Yo, como columnista, si puedo decirles que voy a votar el próximo domingo por Fajardo y por lo que el significa: el centro.  Al que, pase lo que pase, debe tender el nuevo gobierno, el que resulte dentro de ocho días o el que elijamos tres semanas más tarde. Si no volvemos al centro, lejos de peloteras, odios y recriminaciones, ya podrán adivinar ustedes los grillos, las cadenas y los calabozos que nos esperan. ¡Calma pueblo!