4 de junio de 2026

Los hombres sí deben llorar

Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
21 de abril de 2022
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Por Viviana Andrea Arboleda Sánchez
Psicóloga. Maestrante en psicología clínica. Cursando formación en logoterapia y análisis existencial. Investigadora en neurociencias. Miembro de la Red Colombiana de Mujeres Científicas. Líder de iniciativas de desarrollo social y educativo en Manizales.
21 de abril de 2022

Nuestra cultura ha promovido actitudes y representaciones sociales que nos han hecho creer que los hombres deben inhibir la expresión de sus emociones y sentimientos. A muchos niños se les ha enseñado que llorar es cosa de mujeres y que hablar sobre sus sentimientos es muestra de debilidad. Aunque suelo escribir para las mujeres, quiero mencionar que admiro a aquellos hombres que se atreven a abrirse ante las nuevas masculinidades, aunque esto represente ir en contra de los ideales que ha defendido nuestra cultura.

“Dicen que los hombres no deben llorar”, afirmó Pedro Fernández en una de sus canciones. Y no era de esperar que el artista hiciera referencia a lo contrario, pues tanto en su cultura como en la nuestra se ha considerado que  ser varonil es sinónimo de ser fuerte. No obstante, aquello depende de lo que se entienda por ser fuerte. Si comprendemos la fortaleza solamente como sinónimo de vigor físico, perdemos de vista sus otros significados, asociados a los contextos afectivo y emocional. Algo que nos ha enseñado la actual pandemia por COVID-19 es que, más que hombres y mujeres, todos somos seres humanos, capaces de ser sensibles al dolor de pérdidas significativas, como las de seres queridos. Al ver a hombres llorando la muerte de un ser amado junto a sus esposas e hijos, es evidente que, en lugar de ser una  señal de debilidad, aquellas lágrimas constituyen auténtica fortaleza, con la cual les demuestran a sus familias que ellos dan el primer paso en expresar sus emociones y sentimientos, y que, en lugar de reprimirlo, todos en casa son libres de validar su dolor.

Lo cierto es que cuando un hombre expresa  sus sentimientos no es ningún débil. Por el contrario, es todo un varón capaz de manifestar los múltiples matices de su fortaleza. El padre que le enseña a su hijo que llorar es cosa de humanos y no de mujeres, promueve el cierre de brechas de género, rompe espirales de violencia y le permite canalizar sus emociones de manera adecuada, sin inhibir lo que su ser desea manifestar.

Tal como con el tema emocional ocurre con las orientaciones vocacional y profesional. Muchos niños y jóvenes  quieren ser futbolistas e ingenieros, mientras otros sueñas con que sus padres los apoyen para convertirse en gimnastas rítmicos o bailarines de danza artística. Los padres que rompen actitudes y representaciones sociales patriarcales y machistas validan a sus hijos por encima de la sociedad. Además de apoyarlos, demuestran su fortaleza dando ellos el primer paso, por ejemplo, realizando labores domésticas sin distinción de género.

Las nuevas maneras de vivir la masculinidad les abren a los hombres la posibilidad de existir integralmente, lo cual incluye la expresión de sus emociones y sentimientos, así como la realización de labores que nuestra cultura nos ha hecho creer que son exclusivas de las mujeres. Los hombres sí deben llorar, así como expresar sus emociones y sentimientos. De esta manera, se permiten vivenciarse como auténticos seres humanos.

Los hombres sí deben llorar

 Nuestra cultura ha promovido actitudes y representaciones sociales que nos han hecho creer que los hombres deben inhibir la expresión de sus emociones y sentimientos. A muchos niños se les ha enseñado que llorar es cosa de mujeres y que hablar sobre sus sentimientos es muestra de debilidad. Aunque suelo escribir para las mujeres, quiero mencionar que admiro a aquellos hombres que se atreven a abrirse ante las nuevas masculinidades, aunque esto represente ir en contra de los ideales que ha defendido nuestra cultura.

“Dicen que los hombres no deben llorar”, afirmó Pedro Fernández en una de sus canciones. Y no era de esperar que el artista hiciera referencia a lo contrario, pues tanto en su cultura como en la nuestra se ha considerado que  ser varonil es sinónimo de ser fuerte. No obstante, aquello depende de lo que se entienda por ser fuerte. Si comprendemos la fortaleza solamente como sinónimo de vigor físico, perdemos de vista sus otros significados, asociados a los contextos afectivo y emocional. Algo que nos ha enseñado la actual pandemia por COVID-19 es que, más que hombres y mujeres, todos somos seres humanos, capaces de ser sensibles al dolor de pérdidas significativas, como las de seres queridos. Al ver a hombres llorando la muerte de un ser amado junto a sus esposas e hijos, es evidente que, en lugar de ser una  señal de debilidad, aquellas lágrimas constituyen auténtica fortaleza, con la cual les demuestran a sus familias que ellos dan el primer paso en expresar sus emociones y sentimientos, y que, en lugar de reprimirlo, todos en casa son libres de validar su dolor.

Lo cierto es que cuando un hombre expresa  sus sentimientos no es ningún débil. Por el contrario, es todo un varón capaz de manifestar los múltiples matices de su fortaleza. El padre que le enseña a su hijo que llorar es cosa de humanos y no de mujeres, promueve el cierre de brechas de género, rompe espirales de violencia y le permite canalizar sus emociones de manera adecuada, sin inhibir lo que su ser desea manifestar.

Tal como con el tema emocional ocurre con las orientaciones vocacional y profesional. Muchos niños y jóvenes  quieren ser futbolistas e ingenieros, mientras otros sueñas con que sus padres los apoyen para convertirse en gimnastas rítmicos o bailarines de danza artística. Los padres que rompen actitudes y representaciones sociales patriarcales y machistas validan a sus hijos por encima de la sociedad. Además de apoyarlos, demuestran su fortaleza dando ellos el primer paso, por ejemplo, realizando labores domésticas sin distinción de género.

Las nuevas maneras de vivir la masculinidad les abren a los hombres la posibilidad de existir integralmente, lo cual incluye la expresión de sus emociones y sentimientos, así como la realización de labores que nuestra cultura nos ha hecho creer que son exclusivas de las mujeres. Los hombres sí deben llorar, así como expresar sus emociones y sentimientos. De esta manera, se permiten vivenciarse como auténticos seres humanos.