La psicología no es para los locos
Aunque nos encontramos en el siglo XXI, todavía hay muchas personas que piensan ir al psicólogo es sinónimo de estar loco. Cuando son remitidos a psicología, es habitual que muchos pacientes les reiteren a sus médicos que no están locos y que no desean recibir psicoterapia. Esta reacción también se observa en personas a quienes sus familiares o amigos las invitan a buscar ayuda, afirmando que no la necesitan y temiendo lo que otros podrían llegar a pensar respecto a su estado mental si se enteran de que van al psicólogo.
Según el Diccionario de la Real Academia Española, la locura constituye la “privación del juicio o del uso de la razón”. Como psicóloga y psicoterapeuta, no he recibido en mis consultas a ninguna persona que encaje dentro de esta descripción. De hecho, no todas las personas que van al psicólogo presentan enfermedades mentales. Algunas no tienen ningún trastorno, pero van en busca de acompañamiento y orientación. Los mismos psicólogos vamos a donde otros colegas para recibir apoyo psicoterapéutico, tal como un médico iría a donde otro médico para ser valorado y recibir tratamiento.
Hasta hace poco tiempo yo estuve en tratamiento psicológico, el cual me ayudó a autocomprenderme como no lo había hecho antes. Fue una experiencia muy enriquecedora, en la cual una colega muy empática, con amplia experiencia en la psicología humanista, me acompañó en un proceso que me permitió desarrollar una personalidad más auténtica. Lo que me movilizó a recibir su ayuda fue el deseo de llegar a ser una mejor versión de mí misma, no la privación del juicio o del uso de razón.
Pero, ¿qué hacemos los psicólogos en un proceso psicoterapéutico? Durante un periodo de tiempo –el cual varía según la necesidad y el enfoque del profesional–, intervenimos a la persona en sesiones semanales o quincenales. Generalmente, lo primero que hacemos es una entrevista, en la cual recopilamos información importante sobre el consultante. Lo mismo hacemos si se trata de una familia o una pareja. El siguiente paso es la evaluación, la cual puede incluir el desarrollo de cuestionarios, escalas y otros instrumentos. Las sesiones siguientes se enfocan en la terapia propiamente dicha, basada en diversas técnicas según el modelo psicológico y el propio estilo del terapeuta. Finalmente, procedemos a realizar un cierre del proceso, así como un plan de seguimiento si es necesario.
Como psicoterapeuta humanista-existencial, más concretamente desde el enfoque logoterapéutico, puedo afirmar que aprendo de cada uno de mis consultantes. Amo mi profesión, porque cada sesión significa para mí un nuevo encuentro existencial con otro ser humano que, a lo largo del proceso, veré como aprende a conocerse a sí mismo y a empoderse de su vida. Por lo tanto, ir al psicólogo no significa estar loco, más bien, implica abrirse ante un proceso que facilita el despliegue de los recursos personales, la capacidad de decidir, el uso de la libertad interior, la realización de valores y la búsqueda de sentido de vida.