27 de julio de 2026

Salpicón navideño

12 de diciembre de 2021
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
12 de diciembre de 2021

​No se puede difamar, calumniar o injuriar a ninguna persona. Quien lo haga debe responder ante las autoridades competentes, si es que la afectada denuncia. Los calumniadores, injuriantes o difamadores, pueden ser periodistas o no serlo. Ser publicadas en medios de comunicación, o valerse del boca a boca, del chisme, o de cualquier otro expediente.​​E​stas situaciones están consideradas en casi todas las legislaciones del mundo, y si se comprueban, los responsables de ellas, son sancionados. Algunas veces, con la mera retractación basta, para eludir la​pena. En otras no. Es torpeza, botadera de corriente, de la mala, ganas de figuración,  ponerse a inventar más variantes, con miras a amenazar a quienes por oficio, o por que sí, denuncian comisiones de delitos por parte de funcionarios públicos, quienes son olímpicos y se consideran intocables, así sus conductas estén colindantes con los incisos del código penal.

Se puede injuriar, calumniar y difamar, con una sola señalización o publicación. Si se  tienen las pruebas de lo que anuncia el  presunto calumniador, injuriador o calumniador, este debe denunciar ante los jueces. Iba a tratar de explicar las diferencias entre calumnia, injuria y difamación, pero dejo la tarea a los lectores interesados.. El hecho es que el proyecto de un congresista para establecer nuevas e imaginativas sanciones a quienes osen denunciar actuaciones de funcionarios públicos, es tan elemental y torpe, que hasta el mismo presidente Duque se ha dado cuenta de ello y ha expresado que no sancionará con su firma  la ley de marras, en el caso de que se apruebe. Amenazas, amedrantaciones contra periodistas o ciudadanos para que se abstengan de denunciar, es una iniciativa que no merece otro calificativo más, de que se trata de una insigne barrabasada por parte de sus proponentes.

Además de El Paisa, el frenético e imparable terrorista de las Farc, esta semana fue abatido Romaña, disidente guerrillero, a quien se le atribuyen múltiples y sanguinarias incursiones, con numerosas bajas en la población civil y en las filas del ejército. No sabemos aún quien los puso «fuera de circulación», para emplear los términos del presidente Duque, y es posible que nunca lo sabremos con exactitud, tales son las numerosas versiones sobre el hecho. Que enfrentamientos entre las mismas disidencias, en territorio venezolano; que luchas internas, por repartición de botines cocacoleros; que exitosas incursiones de inteligencia militar colombiana en los campamentos subversivos, y etc, etc. Contrasta esta información con el éxito académico obtenido por la muy sonreída y ufana Tanja Nijmeijer, La Holandesa, quien apareció en los medios con su cartón expedido por la Universidad Javeriana de Bogotá, en el que la acredita como Magister en interculturalidad, desarrollo y paz territorial. Las aulas deberían ser más atractivas que los cementerios. ¿O no? Juan José Lafaurie, un recién aparecido delfincito en la política colombiana, ante la foto de la exguerrillera se pronunció: «deberías estar en una cárcel pagando por tantos colombianos que asesinaste, asesina, no en una universidad.» Por su parte, otro delfincito,  Martín Santos, expresó: «Digan lo que digan, prefiero ver a exmiembros  de las ex Farc (como Tanja) cargando diplomas  universitarios que ametralladoras de alto calibre». No estoy de acuerdo con la opinión del hijo de José Félix Lafaurie  y María Fernanda Cabal. Con la del hijo de Juan Manuel Santos y María Clemencia Rodriguez -Tutina para sus amigos cercanos, entre los cuales no me cuento-, sí.

Voy a empezar a hacer fuerza por éstos día de la final de uno de los tantos torneos del fútbol colombiano. Los marcadores y los equipos en contienda, me tienen sin cuidado. Hace tiempo dejé mi afición por el rey de los deportes, el que despierta más pasiones y congrega multitudes en el mundo: el fútbol. Alguien escribió, de pronto hasta fui yo, que había que alcanzar algunas metas en nuestro paso de esta vida mortal a la eterna, como sembrar un árbol, tener un hijo, escribir un libro y ser hincha de un equipo de fútbol. Yo lo fui del Alférez Real, de mi pueblo, Anserma Caldas, del cual fuí mascota, y del Once Caldas. El Alférez, fue campeón departamental. El Once, de la Copa Libertadores. De reojo, miró aún los resultados del equipo de Manizales. Pero no más. La corruptela llegó a los protagonistas del fútbol colombiano. Por donde se mire. Con la que tenemos en otros campos, tenemos y nos sobra. Pero decía que iba a empezar a hacer fuerza. Y es porque,  después de cada partido, voy a estar pendiente, no de los goles que se marquen, sino de los heridos y los muertos en las calles y las celebraciones, por los desbordes de la pasión futbolera. Ojalá me equivoque y no me convierta en una agorera ave negra.

Nos ha contado Gustavo Páez Escobar, columnista y escritor, colaborador de El Espectador, Eje 21, y otras publicaciones de aquí y del exterior, que ha llegado a sus cincuenta años de vida periodística y literaria. Gustavo es boyacense-quindiano. Le ha dado lustre a las letras de esos departamentos y goza de reconocimiento nacional. Sus novelas, sus ensayos -Biografía de una angustia, libro sobre uno de los grandes de la poesía colombiana, Germán Pardo García, es uno de mis textos de cabecera- sus columnas, son un ejemplo del bien escribir. Su castigado estilo, el encuentro de la palabra clara y precisa para expresar su pensamiento y del personaje, cuando de novela se trata, lo hace un paradigma en el periodismo y en la literatura. Así se escribe, Maestro. Un abrazo Gustavo, para ti, Astrid y tus hijos, que te han soportado el tecleo ininterrumpido durante esta media centuria.

Un saludo navideño y deseos de paz y prosperidad para 2022. Esta columna dejará de aparecer durante unas semanas.