18 de mayo de 2022
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Miércoles, 6 de noviembre de 1985

8 de noviembre de 2021
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
8 de noviembre de 2021

Hace treinta y seis años, el miércoles 6 de noviembre de 1985, estaba en Cali, en una reunión del Consejo Nacional de Contralores. Yo era Contralor de Caldas e integrante de ese organismo. Hacia el mediodía, Jorge Luis Buelvas, colega de Córdoba, fue llamado por teléfono. Regresó, demudado, y nos informó que algo muy grave estaba ocurriendo en Bogotá, que parecía que un grupo guerrillero se había tomado el Palacio de Justicia. A las volandas concluimos la reunión y nos encaminamos a buscar un radio, porque nos dijo que las cadenas radiales estaban transmitiendo minuto a minuto el inusitado acontecimiento.

Una hora después, hacia la una de la tarde, decidimos suspender el evento y tomamos la decisión de regresar a nuestras ciudades de origen, debido a la gravedad de lo que pasaba en Bogotá. De vuelta a Manizales, en el vehículo sintonizamos la transmisión y recuerdo que por lo menos durante los dos días siguientes anduve pendiente, casi sin dormir, de lo que acontecía en pleno centro de la capital del país, en el edificio insignia de la institución de nuestra justicia, justicia que es, sin lugar a dudas la base toral del Estado. Sin ejecutivo y sin legislativo, el Estado y la sociedad persisten, sobreviven. Casos se han visto y se ven en nuestro desvencijado país. Sin Justicia, así cojee, sea paquidérmica, padezca de la bacteria invasora de la corrupción, la selva sería nuestro entorno regresivo.
Cuando dijeron los locutores que la Operación Antonio Nariño por los Derechos del Hombre -flamante denominación del imaginativo acto criminal- tenía por objetivo obtener la presencia del Presidente de la República, en las instalaciones del Palacio de Justicia, para que respondiera en un proceso político y revolucionario, por incumplimiento de los acuerdos suscritos un año antes con el M19, sentimientos de indignación y de vergüenza me invadieron. Y brotó un sentimiento de solidaridad con la institucionalidad, representada por Betancur Cuartas. Cuando cuarenta y ocho horas después culminó el episodio, como miles de colombianos, le envié un mensaje de apoyo por su actitud como Jefe de las Fuerzas Armadas. Yo creí a pie juntillas, que Belisario había salvado la democracia, Maestro.
Después, durante todos estos años, recordamos los colombianos el más terrible hecho de demencia, ignominia, infamia y de equivocaciones en la historia colombiana. Es la hora en que se siguen dando versiones, ofreciendo explicaciones, controvirtiendo informes de las comisiones escogidas para llegar a la verdad verdadera, sin que podamos todavía clarificarla. El saldo de la Operación Antonio Nariño del M19, a cargo de 32 guerrilleros y del Plan Tricolor de la denominada Retoma del Palacio por parte del Ejército y de la Policía, con más de 1000 efectivos, no dejamos de lamentarlo: 101 muertos, entre ellos 11 Magistrados y 11 desaparecidos o denunciados como tales. Y, desde luego, consecuencias políticas y de toda índole, procesos de responsabilidad, leyendas, literatura, teatro, libros, dolor y lágrimas.
Qué no se ha dicho y escrito. Que hubo alianza entre el narcotráfico y la guerrilla, porque la toma fue financiada por Pablo Escobar; que Belisario Betancur fue depuesto y que asumieron la presidencia los militares; que Belisario Betancur, mientras duraba la guerra de dos días, se dedicó a leer poesía; que la toma fue auspiciada por las Fuerzas Armadas en lo que han denominado Operación de La Ratonera, utilizando como señuelos a los Magistrados para exterminar a los del M; que hubo desaparecidos, torturados y ejecutados, alguno o algunos de éstos últimos, cuyos cadáveres fueron regresados a las instalaciones incendiadas y cuyos casos aún permanecen ocultos o ignorados y así, por decenas y decenas de narrativas y de imaginarias situaciones.
El M19, a través de varios de sus dirigentes ha reconocido su equivocación y su responsabilidad histórica y fueron amnistiados casi todos sus integrantes confesos, con el voto y el patrocinio de la clase política tradicional,. «Lo del Palacio de Justicia nunca debió haberse realizado. El análisis de la situación nacional en el momento en que se produjo fue totalmente equivocado, su planeación desastrosa y sus resultados marcaron con fuego la historia de Colombia», expresó Antonio Navarro, hace unos años. Miembros del ejército y la policía fueron juzgados y sentenciados por los abusos y atrocidades cometidas, El Presidente Betancur, absuelto y colorín colorado.
 Mi admirado Presidente Betancur, dejó un libro escrito, para ser editado y publicado después de su muerte, pero sus herederos se han hecho los desentendidos. Sería una gran contribución a la verdad histórica su contenido. Lo que si pude notar, y ésta observación va al margen, en las fotografías y en mis encuentros personales esporádicos con Belisario Betancur, después del Holocausto de Palacio de Nariño, fue un dejo de tristeza en su mirada. Ojalá que su obra escrita, en su edición póstuma , sea el colofón eterno para el controvertido gobernante humanista, acongojado en su existencia por su rol en los momentos trágicos de hace 36 años.