21 de julio de 2026

Galimatías político-administrativo (1)

14 de julio de 2021
Por Mario De la Calle Lombana
Por Mario De la Calle Lombana
14 de julio de 2021

Parecería que nuestros legisladores están de acuerdo en complicar las cosas. Por allá en 1950, cuando se celebró el primer centenario de la entonces dinámica ciudad de Manizales, la división política de Colombia era más o menos sencilla, a dos niveles: la república se dividía en secciones llamadas departamentos, intendencias o comisarías, y estas secciones, a su vez se dividían en municipios. Eso era todo. Las intendencias y comisarías eran una especie de departamentos menores de edad, con regímenes de gobierno más elementales y con menos autonomía administrativa. Eran las regiones menos pobladas y más abandonadas del país. En 1956, por ejemplo, Arauca, la Guajira y el Meta eran comisarías, mientras que el Caquetá, el Putumayo, el Vaupés y el Vichada eran intendencias.

Después, el 17 de diciembre de 1954, apareció una entidad adicional: el presidente Gustavo Rojas Pinilla decidió darle un estatus superior a la capital de la república y creó el Distrito Especial, anexando al municipio de Bogotá otros muy cercanos: Fontibón, Usaquén, Usme, Engativá y Bosa. Bogotá D. E. continuó siendo a la vez capital de Colombia y del departamento de Cundinamarca.

En la constitución de 1991 parecía que, en buena hora, se quería simplificar más el esquema. Se decidió que las intendencias y comisarías, esos departamentos un poco minusválidos que ocupaban más de la mitad del territorio de la nación, deberían alcanzar ya su mayoría de edad y tener el mismo nivel de autonomía de sus hermanos mayores. Era un esquema adecuado: treinta departamentos y un distrito cuya denominación se cambió de «especial» a «capital». Hasta sonaba bien: Bogotá D. C. Casi como decir Wáshington D. C. Era una decisión justificable: se trataba de la capital de la república y tenía por sí sola una población mucho mayor que la suma las dos capitales de departamento que la seguían en número de habitantes: Medellín y Cali.

Pero lo de la simplificación resultó una vana esperanza. Los constituyentes dejaron una puerta abierta para la desorganización del sistema cuando decidieron: Son entidades territoriales, los departamentos, los distritos, los municipios, y los territorios indígenas. (Artículo 286 de la constitución vigente). No solo dio pie para la creación de esos distritos que eran unos municipios de mayor jerarquía, con atribuciones especiales y menor sujeción a las decisiones de las autoridades del departamento del cual hacían parte, sino que, incluso, la misma constitución que aprobó la norma la inauguró al dar vida al «Distrito Turístico y Cultural de Cartagena» y al «Distrito Turístico, Cultural e Histórico de Santa Marta». (Artículo 328). Me cuentan que esa fue una estrategia de la bancada costeña en la constituyente, que tenía por objeto dar un impulso adicional al desarrollo de las grandes ciudades caribeñas. Dicha puerta ha sido aprovechada por los políticos en forma asidua, y los dirigentes de otras ciudades han podido obtener esa supremacía sobre los demás municipios del país. Han buscado un complemento sonoro, rimbombante y polivalente, que mencione algunas características de su entorno municipal, para adicionar la expresión «distrito especial» y han logrado que se les otorgue esa categoría. Por eso hoy tenemos denominaciones tan extravagantes como «Distrito Especial Turístico, Histórico y Cultural de Santa Cruz de Mompox», «Distrito Especial Deportivo, Cultural, Turístico, Empresarial y de Servicios de Santiago de Cali», «Distrito Especial Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico de Buenaventura» o «Distrito Especial Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico de Tumaco». Para la creación de cada uno de ellos se ha requerido una reforma constitucional. Eso, francamente, parece un chiste.  Los dirigentes de una población como Puerto Colombia, que geográficamente deberían ser casi una comuna de Barranquilla, andan detrás de convertirla en «Distrito Especial Turístico Cultural e Histórico de Puerto Colombia». Todavía no he oído que en Manizales estén preparando la documentación para convertirnos en Distrito Especial Universitario, Andino, Cultural, Cafetero, Tanguista, Taurino y Termal, pero me imagino que a alguien se le ocurrirá. ¿Y qué va a pasar cuando todos los municipios de Colombia reciban distinciones parecidas e igualmente complicadas?