18 de agosto de 2022
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Buenas vacunas, respuestas justas

3 de marzo de 2021
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
Por Coronel RA Héctor Álvarez Mendoza
3 de marzo de 2021

En días pasados, fui convocado por el servicio de sanidad de la Policía Nacional al esperado proceso de vacunación contra el Covid19, en cumplimiento del Plan Nacional de Vacunación previsto por el Gobierno Nacional para enfrentar la emergencia planteada por la amenaza de la pandemia. Presuroso acudí a la cita y me encontré ante la estricta aplicación de cuidadosos protocolos de bioseguridad, ejecutados y controlados por un eficiente equipo de orientadores, asistentes y funcionarios que, con delicadeza y exquisita cortesía, facilitaron la ordenada realización del exitoso programa, previsto para la atención de una ansiosa multitud de usuarios de respetable edad y sus acompañantes, entre quienes era fácil adivinar sentimientos de optimismo, incertidumbre y nerviosismo, aunque todos ellos, animados por la esperanza de recibir la acostumbrada atención de sus necesidades de salud y bienestar luego de atenerse disciplinadamente a las estrictas rutinas del proceso.

Después de manifestar por escrito el consentimiento a recibir la vacuna y de cumplir formalidades previas de tipo sanitario y legal, se llegó al momento de la aplicación de la primera de las dos dosis previstas, durante el cual, ante cada paciente, la vacunadora responsable describió, paso a paso, la manipulación individual de cada frasco (vial), el llenado de la jeringa, la punción e inoculación completa del contenido de cada “vial”, descripción simultáneamente coreada y monitorizada por un segundo funcionario, operador del sistema computarizado de control de cada caso. El detallado procedimiento me hizo recordar las estrictas e indispensables tareas de comprobación redundante de instrumentos, cumplidas por pilotos y copilotos de combate y de aerolíneas comerciales, rutinas obligatorias antes del despegue de cada misión militar o vuelo comercial previsto, como medio de garantizar la seguridad de la operación.

Posteriormente, se informó la fecha y hora exacta de la cita para la segunda dosis, y luego de un prudente lapso de reposo y observación, los inoculados fuimos conducidos a un amplio salón ventilado y con el prudente aislamiento social, donde se controlaron los niveles de saturación de oxigeno y presión arterial de cada paciente. Superadas estas rutinas y carnet de vacunación en mano, la sonriente y satisfecha multitud de veteranos policías y sus acompañantes, orgullosos regresamos a casa a seguir con nuestras necesarias precauciones de prevención y autocuidado. La logística indispensable para el manejo de un proceso complicado por las urgencias y angustias propias de semejante crisis, ha sido desarrollada con exitosa fluidez gracias a la diligencia con la cual la Policía Nacional, por conducto de la Dirección de Sanidad, hoy bajo el mando del General Manuel Antonio Vásquez Prada, ha cumplido con sobrada competencia con la ejecución del  difícil y ambicioso programa. Sincero agradecimiento y felicitaciones por un trabajo bien hecho por un eficiente equipo de asesoría administrativa y asistencia médico científica, personal de enfermería, auxiliares y toda la organización el servicio de una excelente gestión directiva. Qué orgullosos nos sentimos de ser policías. Especialmente, policías vacunados. ¡Buena esa, apreciado General Manuel Antonio Vásquez Prada..!

Y ahora un tema menos amable e infortunadamente tan recurrente, tal el caso de los lamentables resultados de los desmanes de la reciente protesta vandálica, que en esta oportunidad, dejó entre otras víctimas visibles, al joven Gareth Steven Sella, afectado en uno de sus ojos, como consecuencia del impacto de alguno de los proyectiles que suelen volar de ida y vuelta en estos acontecimientos, trátese de elementos no letales utilizados por la fuerza pública para defenderse de ladrillazos, pedradas, papas bomba y botellas de gasolina con mechas encendidas que se lanzan contra los policías destinados al control de tales manifestaciones, que también han dejado policías afectados con quemaduras, fracturas y otras lesiones de considerable gravedad, mientras, exponiendo su propia integridad física, cumplen con sus obligaciones profesionales de proteger la vida, honra y bienes de sus conciudadanos. Lamentable el caso de Gareth Steven Sella, el impetuoso joven quien a raíz de los disturbios de septiembre del año anterior había reclamado a la propia alcaldesa por su defensa a la actuación policial, con un trino en el que expuso su personal concepción sobre el derecho a la protesta ciudadana, con expresiones de este calibre: “Tenemos derecho de quemarlo todo y romperlo todo, si se nos da la gana..!   Situación similar a la de aquella recordada dama que, orgullosa y como si se tratara de una hazaña digna de aplaudir, mostró por las redes sociales el video en el que aparece destrozando a martillazos los mecanismos de recaudo de Transmilenio. Si quienes, en ejercicio del derecho a la  protesta exceden los límites de la razón y el buen juicio y encima esperan que se les reconozca el derecho a quemar y romper todo sin riesgo de sufrir consecuencias, estamos apreciando el equilibrio de la ley y la justicia en forma torpe y alrevesada.

En cuestión de visiones sobre tales hechos, nadie, en su sano juicio, celebra las lesiones del joven Sella ni comparte su particular punto de vista sobre los alcances del derecho a la protesta. No obstante, consideramos que hay palabras tan incendiarias como cualquier coctel Molotov. Un titular de la versión digital de El Tiempo del 1 de marzo atribuye a la alcaldesa Claudia López la frase: “El ESMAD no tiene autorización para quitarle ojos a nuestros jóvenes”. La respetable, aunque apresurada manifestación de la señora alcaldesa, señalando “de una”, sin tapujos ni pruebas a la Policía como presunta responsable de las lesiones del manifestante, fueron respondidas por el General Oscar Gómez Heredia, Comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, quien defendió el esforzado trabajo de sus subalternos, en beneficio de la paz y la convivencia de los bogotanos y reclamó con vehemencia trato justo y objetivo para con la labor del policía, habitual “trompo de poner” en tales casos, manifestación subrayada con el respaldo del mismo Director General de la Policía Nacional.

¡También, muy buena esa, General Oscar Gómez Heredia y requetebuena, General Jorge Luis Vargas Valencia, Director General de la Policía Nacional..!