Cartagena… un comercio en agonía
Creo que ya va siendo la hora de parar los memes y los chistes que se han creado alrededor del COVID19 y como se suele decir, se están pasando de la raya.
El gremio periodístico a través de sus medios de difusión debe por el momento informar de soluciones a la crisis, del apoyo que se requiere antes de entrar a criticar o prejuzgar a las regiones ante esta hora de necesidades y de hambre que se está afrontando en algunas partes del país.
Es muy diferente preguntar a funcionarios de Cali o de Medellín, sobre soluciones a corto plazo para superar el mal momento, porque son regiones que tienen una economía basada en comercio, fábricas e industrias que de una u otra manera les ayudan a salir adelante. Pero hacer el mismo análisis o plantear interrogantes similares en San Andrés o Cartagena, donde su fuerte es la industria «sin chimeneas» como lo es el turismo, es un despropósito total.
Cartagena, epicentro de una cantidad de eventos nacionales e internacionales, está pasando por una delicada situación derivada del COVID19. Hoteles cerrados, restaurantes cerrados y sin turismo, han hecho de estos dias, un escenario muy triste sin que se vea una solución a corto plazo. Además con comunidades que ya aguantan hambre
A todo esto se suma una notoria falta de apoyo del gobierno central y una carencia de créditos para poder subsistir, mientras la vida vuelve a la normalidad.
FENALCO y organizaciones similares que agrupan a la mayoría de inversionistas del sector, publicó hace pocas horas un documento en el que además del reclamo de falta de solidaridad para con Cartagena hace reparos a la emisión de noticias de la W RADIO, en la que su director Julio Sánchez Cristo, en la emisión del 18 de Junio, sostuvo que el estado de muchas cosas allí se debía «a un chupar ron y a la guachafita» que se formaba.
Dicen los de FENALCO, que “La información es un bien y dentro de un conjunto de valores colectivos, pagamos por obtenerla, solo que, y por antonomasia, aspiramos a que sea objetiva, oportuna e imparcial y que ella nos enseñe todos los aspectos de la realidad o se aproxime a ella de la mejor manera. Su valor de uso está dado en la medida en que sus receptores la transformen en procesos de cambio, capaces de generar mejoras en el bienestar colectivo y siempre preferimos que la publiquen y la difundan, por dura que sea, porque el periodista y los medios que le sirven, son los catalizadores del derecho que nos asiste a recibir esa información y contribuyen con su trabajo a profundizar la democracia, a hacerla tangible lo cual es un enorme beneficio.”
De ahí se desprende mi mensaje para que los colegas antes de críticos nos convirtamos en un medio de apoyo para las regiones, ante el azote que estamos viviendo generado por el COVID19